22.5.12

Tú ya no existes.



Y al final me iré
de tantas formas diferentes
no sé si sabes qué se siente.

Y al final me iré,
de una vez o tantas veces
al menos dime que me entiendes.

Y me quedaré, pues jamás me iré del todo, ves?



[...]

Alejandro Sanz - Seremos libres.




Tantas veces la misma historia. Las mismas marcas que te obligan a pedir perdón. Eres frágil, eres de piedra. De una piedra que se consume bajo la lluvia, una piedra que golpea fuertemente y se lastima. 


Otra noche más que te envuelves en ti misma y ruegas porque tus recuerdos no te traicionen. Yo ya sé dónde estamos, ya sé en qué parte tengo que sujetar tus brazos para que no te hagas más daño. 

Ya no quieres hacerte daño, lo sé. Ya no quieres hacer daño y parece como si no pudieras evitarlo. Como si andaras a tientas por caminos regados de espejos rotos, los mismos que antes reflejaban tu carita redonda y rosada. 

Sigo sin poder irme, mi viaje está siempre incompleto porque pasa que siempre tengo que volver por ti. Tengo que recoger mis pasos y encontrarte en pedacitos entre ellos. Y enjuagarte lentamente, quitarte la sangre de las rodillas y llevarte a casa.

A tomar el té sobre la cama en la que antes amanecías abrazada a mí.



14.5.12

El sol hacía un contraste perfecto sobre su piel de leche. 
Entre sus brazos no habían horas, ni días. 
No había oscuridad ni pena.


Las noches en su cuerpo no acababan nunca, la vida daba vueltas como en un espiral y todo retorno era posible si estaba de su mano. Cada tarde nos encontrábamos en el mismo lugar, nos dábamos un beso pálido y disimulado y caminábamos hasta mi casa. Cada visita venía precedida por el ritual de esconder todas las huellas de visitas pasadas. 

Teléfonos apagados, ventanas cerradas, almas abiertas y labios encendidos. 

Un país se construye en esta cama. Su cuerpo emana un maravilloso olor, un veneno perfumado que encanta y debilita. Y sus manos despiertan hasta el último de mis sentidos. Mi piel se enreda en sus dedos, mágicamente me inunda y me levanta. 

Y cuando todo acaba, otra vez el tedio que sucumbe únicamente ante el recuerdo. 

Pero acaba muchas veces y se va, y pasan años hasta volverlo a ver.

Y duele tanto vivir de recuerdos.

3.5.12

Toma mis manos, las pone entre las suyas, las besa, las observa, escribe sobre ellas. Se pasea intransigente por mis recuerdos. Mezcla ayer con hoy, hoy con mañana y un viernes cualquiera con uno imborrable.


No quiero escribir sobre ti, no quiero pensar en ti. 

No tengo miedo de andar por todos lados, de marcar tus paredes, de sellar las mías con frases que todos saben que te involucran. 

Tengo miedo de escribir sobre ti, de pensar en ti.

Y sin embargo quiero seguir dando vueltas hasta que mi corazón amenace con detenerse. 

Quiero seguir frente a tu sombra al lado de la mía, seguir haciendo dibujos de estos días que guardo en una cajita en forma de corazón para verlos cuando tenga que irme y todo esté bien.


26.4.12

Y no me encuentro

Te cansas de buscar el origen del problema, culpas a todos los que estén cerca y más aún a quienes están lejos. Realmente has creído ese cuento de que no te lo mereces? Eme querida, tus cartas no llegan a ningún lugar y te desgastas tanto escribiendo que me lastimas. Nadie te escucha, deja de gritar. 

24.4.12

Para nadie,


Sin querer, Eme había dejado que sus labios corran por un camino que reconocía pero que se había negado a andar. Escuchaba música fuerte y dejaba que sus impulsos pasen sobre ella como caballos furiosos.

Alguien hizo la misma broma que tú le hiciste años atrás y no te recordó. Se siente bien, ¿no? ¿Estás feliz ahora? 

Al día siguiente, con las manos amarradas se tumbó sobre las piedras calientes e intentaba pensar en algo más, algo que no sea ese aroma frutado, que no sea la noche, que no sea el ruido o el movimiento. Era imposible, graciosamente imposible.

Días después volvió a casa, tomó una ducha fría y puso el antiguo disco que le regalaste. Recordó la broma, recordó tu reacción, las comparó divertida, eligió a la ganadora y se sentó a contarme esto.

Una Eme, dos.

28.3.12

Otra vez esa costumbre tuya de incendiar los cuadros bellos, de desordenar las flores y de golpearte contra las paredes. Otra vez, Eme, esa costumbre de desahuciar al reloj y olvidarte de tu vida en madrugadas.

Eso a lo que llamas fiebre de amor, son los efectos felices de una droga que no es pasajera ni dañina, como estás acostumbrada; por el contrario, es diferente a todas las cosas que has pasado antes.

Créeme, no es necesario un antídoto, no tienes que buscar un remedio para esto a lo que llamas un mal, no lo es, no es una enfermedad, no estás padeciendo, estás viviendo y no sabes aún cómo hacerlo, pero poco a poco lo entenderás. No lo hagas, no busques el antídoto.

Y menos aún si el antídoto es el veneno de antes.

24.2.12

Los tiempos han cambiado -dijo apagando fuertemente su cigarrillo contra el suelo. 

Volteó el rostro directo hacia mí y con lágrimas en los ojos me miró de arriba a abajo, como quien trata de reconocer un lugar, como quien inspecciona un terreno árido. Pude sentir sus ojos punzantes sobre mi cuerpo, pude sentir la calidez de sus lágrimas y el temblor en sus mejillas. Sentí su respiración agitada a pesar de la distancia, sentí la vibración de su voz entrecortada. 

Yo era un elemento y él era el poseedor. Era arcilla y por alguna razón que no entendía, él estaba moldeándome con el simple hecho de mirarme fijamente. 

Durante los poquísimos minutos que duró, todos mis sentidos se apagaron. Él había entrado en mi casa y había puesto una bandera con su nombre, yo era todo lo que él hacía, decía, sentía y hasta pensaba. 


Antes de ese día, yo era un nudo recio y vigoroso al que él se aferraba para no caer al abismo, en adelante, el nudo estridente había pasado a ser jirones de tela que necesitaban, que rogaban porque sus manos se mantengan juntas y así, mantenerme íntegra.

Sin embargo nada fue suficiente y él soltó sus manos, el nudo se desmadejó hasta quedar en una hilacha vergonzosa y miserable. Se marchó dejándome como última ofrenda el recuerdo de sus ojos claros y redondos aguados hasta el tope, dejando la colilla de cigarro con el sabor de sus labios en el borde y esa terrible sensación de que pude haberlo evitado.

10.2.12

Te lo dije, Eme. Te dije explícitamente que el tercer cajón de la cómoda antigua que heredamos de aquella anciana estaba prohibido para ti. Te pedí que si algún día te vencía la curiosidad -o la necesidad- y abrías ese cajón, obviaras ese paquete de cartas amarillentas; y que si la casualidad o la mala suerte te llevaban a encontrarte cara a cara con las letras azules despintadas y enredadas, contenidas en ellas, no te quiebres en pedacitos inapreciables.

¿Qué hago ahora? Me toca buscarte en los lugares más oscuros de la noche, me toca recordarte sutilmente que él no está más y que no hay fuerza humana que lo haga volver. 

Vuelve a guardar esas cartas, Eme. Escóndelas hasta que necesites otra vez saber que lo que viviste fue real, que existieron los dos. 

Prepárate un café, enciende un cigarrillo y siéntate en el sofá de siempre a escribir sobre su recuerdo.

25.1.12

Estoy encerrada en un montón de recuerdos de tus abrazos. Hoy, como siempre, tienes la razón. El clima me está rompiendo la cabeza, me hace llorar. La casa es inmensa y el eco de mis pasos cansados resuena en ritmos descontrolados. Duele.

Todo duele.

Quiero que sea el tiempo de volver y encontrarte como siempre, en el mismo lugar en el que te vi por última vez. Quiero que sea momento de cambiar, cerrar los ojos y no esperar imposibles.


Todo duele.

15.1.12

Es una madrugada de jueves. Es el dos mil siete y estoy cansada, no duermo desde hace más de dos meses, ni con pastillas, ni con infusiones relajantes, ni con inciensos de la india, ni con nada. Algo me falta y está lejos y es lo único que necesito.

Mi habitación es un inmenso cenicero, hay colillas regadas por cada esquina, colillas colgadas en las ventanas, cayendo de la tina, bailando entre la ropa y enredadas en mi cabello.

El teléfono está al lado de mi cama, al lado de mi cama hay también un vaso con agua, encendedor y cigarrillos, un cuaderno y un lapicero. Paso la mayor parte del tiempo rodando con amigos imaginarios en la red, realmente quisiera dormir, mi visión es borrosa y mi estómago hace sonidos desgarradores, me duele la espalda y me tiemblan las manos.

Es jueves, he pasado toda la madrugada sentada en la cama mirando la pared, de afuera se escucha el ruido de dos gatos callejeros, se escucha su danza sexual, mortal. Quiero estar lejos, en un lugar cálido, quiero que sea de noche, taparme hasta la cabeza y dormir.
En un par de horas tengo que salir de la cama y meterme a la ducha, inyectarme en el cuerpo más cafeína de la que pueda soportar y llegar a la oficina a sonreír durante once horas seguidas.

Y ahí también voy a pensar en ti.

Y voy a ver tus fotos y voy a correr al baño a encerrarme y llorar y retocarme el maquillaje y volver a salir. Para volver a llegar por la noche a la casa llena de cigarrillos colgando, llena de tu ropa que no tiene ya casi nada de tu aroma, llena de mis ganas de dormir, dormir contigo, dormir a tu lado.




28.12.11

No esperaba nada, realmente nada que no puedas entregar. Ni más, ni menos; nada que no esté a tu alcance, nada que no me pertenezca.

Recuerdos, es todo lo que tengo, lo que me duele en madrugada, me muerde los costados del corazón que grita tu nombre. Quisiera voltear la página como si fuera la almohada que volteo durante mis noches de inconsciencia.

Y no llegas, hice una fiesta en tu honor y eres el único invitado ausente. Mi vida te hace canciones y no quieres venir a escucharlas. Te niegas, me desvelas en tu hastío y me dejas como siempre, esperándote al pie de la cama, en vano.


22.12.11

Conjúgame también

Me gustan las palabras
me gusta llenarme las manos
llenarme la boca
atragantarme de palabras 
llenarme el corazón
vomitar.



No recuerdo tus manos. Me asusto, tiemblo, cierro fuertemente los ojos tratando de trasladarme a un pasado lejano en el que tenías tus manos en mi vientre y reías. Abro los ojos, recuerdo todo, menos la forma de tus manos.

Estuve una vida entera ahí y no recuerdo tus manos, no recuerdo cómo llegar a casa. Será porque perdí mis memorias más preciadas, será porque nunca existió tal casa, será porque cambiaste el camino para que no pueda llegar nunca más.

Te he visto en pesadillas, te he visto sobre mí en la cama y he llorado. He pedido cambiar por un minuto mi fantasía por realidad, pero tú no has escuchado y yo no recuerdo tus manos, ni sus líneas, ni su transpiración, ni la forma en la que me sostenían cuando estaba por caer, ni la forma en la que me hundían cuando ya estaba en el fondo.

Seré el humo de mis cigarrillos y llegaré a ti en el aire. Y tendrás que respirarme y recordarme. Y verás tus manos tan lejos de las mías e intentarás volver.

Era mentira eso de que me he ido. No me he ido.

Nunca me he ido

7.12.11

Rema un poco más

Estás tan cansado que no te das cuenta que he venido cargando tu peso desde hace miles de años. Estás cansado, pero puedo seguir andando por ti, si sigues andando conmigo. 

No te olvides, dijimos muchas cosas y seguimos aquí. Yo sé que todo se pone peor con los días, sé que no ofrezco nada y pido demasiado, sé que soy insufrible, pero también sé cómo ocultar las marcas que quedan en mi piel cuando la noche se pone oscura y la calma se esconde de tus manos. 

Creo en ti y por ti camino, porque fuiste tú quien me habló del destino cuando yo ni siquiera tenía ganas de un futuro, fuiste tú quien me cubrió mi tiempo perdido con besos y bondad. Eres tú quien cree en mí a pesar mío.

Dale, rema un poco más, no te hundas. Soy peso muerto. No te hundas.

Toma aire, bocanadas de aire que haré especialmente para ti, rema un poco y llega más lejos.

Yo te espero siempre.

21.11.11

azul

"-Y ahora, ¿izquierda o derecha?
-Derecha!
-¡Esa no es la derecha!
-...Entonces al otro lado"


Tú reías tan sincero e inmenso y yo estaba desesperada por continuar, porque sigas paseándote feroz por mis latidos y por mis piernas.

Esa noche pudo haber durado dos mil horas y yo pude haber permanecido despierta, contemplando las formas imaginarias e infinitas que hacía el humo que exhalabas. Pude haber permanecido de pie escuchándote contarme historias que me repetiría a mí misma para sellarlas en mi memoria. Pude haberte mirado toda la noche pedirme, con esa inacabable insolencia, que no borre tu aroma de mi piel.

Me pude haber quedado perdida entre tus dientes mientras me mordías plácido e indomesticable. Animal mío. Cruel, maligno, dichoso. Bienaventurado, mío.

Esa noche duró tanto que hasta ahora la recuerdo y me golpeo contra las paredes. Y me imagino enredada en tus humos, ensalivada entre tus dientes y arcilla en tus manos. Doblégame otra vez. 

Dime, ordéname, pídeme.

Otra vez.

En una noche que dure, un poco menos, y en la que disfrutemos un poco más.

16.11.11

Incompletos

Ya sabíamos hacia dónde íbamos. Todo el mundo lo sabía. Todos nos miraban en silencio y veían que estábamos derrochando nuestros pasos. Estábamos caminando en vano y todos lo sabían.

Estabas tú, enmelado hasta las manos de mi veneno. Estaba yo, mirándote venir a mi centro, tan dispuesto a morir en mi regazo. Y todos los demás nos miraban.

Y cuando empezaste a caminar en contra, a recoger todos los besos que a voluntad colgaste en mi deseo, entonces cerré los ojos. Podía escuchar cómo te alejabas, pero no quería ver que los demás seguían mirando cómo rompías con tu desidia lo que tanto esfuerzo pusiste en construir.

No puedo negarlo, algunas noches me deshago en los recuerdos marcados en las paredes, me golpeo hasta caer y hacerme barro, polvo del pasado mezclado con lágrimas.

No estoy dispuesta a llegar hacia ti, no así. No voy a caer, barro entre tus dedos, para que tengas la facilidad de amoldarme otra vez a tu antojo. No más.

20.10.11

Te has acostumbrado mal a encerrarte entre los dientes de lobos que no te llegan ni a los talones. Estás acostumbrada, muy mal acostumbrada a pedir más de quien no te da nada. 

Te gusta revolverte en cenizas que se lleva el viento, y luego lloras por perder lo que sabías que no era tuyo. Tu cabeza te juega mal y tú crees que juegas con el resto.

¿Hasta cuando tendré que estar yo buscándote en las flores muertas? ¿Cuándo te darás cuenta que las galletas a veces dicen la verdad y la fortuna la tienes encerrada en las líneas de tu mano?

No existe tal verdad, lo sé y lo sabes. No existe el recuerdo de nada de lo que hayas podido encontrar. 


Deja que tu cuerpo baile, has tu propia música y baila.

13.10.11

Para cuando no cumplas años I

Podrás decir de mí lo que quieras, pero no me arrepiento de nada. Soy yo la que está aquí, otra vez, mil veces más, parada ante la nada que dejas. Soy yo la que cada vez que no encuentra nada, se pone a dibujar sonrisas basadas en aquellas cosas que ahora niegas y que nos abrazaron mientras éramos felices.

Anda, di lo que quieras, lo primero que se te ocurra. Dilo mientras me cierras la puerta de tu corazón, tan fuerte que rompes todos mis sentidos. Nada cambiará el hecho de que soy yo lo más colorido de tu casa, el plato favorito de tu mesa y el sonido más dulce de tu vida; nada lo cambiará, ni siquiera la cantidad de veces que lo maldices.

Di algo, lo que sea. Di que no me quieres, di que me quieres lejos; sólo dime que me quieres y probablemente en ese momento mi cuerpo se aleje un poco, lo suficiente como para que sientas necesidad y me busques y me abraces y te des cuenta a fuerza de que todo lo que digo existe. Y tú y yo, existimos y estamos aquí, desbordados por la necesidad del otro.


Yo te espero.

5.10.11

Répondez s'il vous plaît

No estamos desesperados. 
No estamos rompiendo las ventanas de la realidad, 
estamos simplemente caminando,
él por mi camino y yo como siempre 
en contra de mí misma. 

Sin embargo octubre llega con todas esas noches lentas en las que nadie me hace el amor y se va, o con esos días en los que haré el amor con alguien y luego me iré, o simplemente alguno se irá dejándome en una cama fría, felizmente vacía a la mitad. 

Octubre también es tu nombre retumbando dolorosamente en mi pecho, palpitándome alterado en cada suspiro al viento y acompanándome como el humo de mis cigarrillos.

Tú eres ciento veinte días de octubre, eres novecientas horas en cada noche, eres cien golpes en el recuerdo. 

Si alguien te deja la cama vacia a la mitad, lo único que pediré será que en el lugar en el que estuvo ese cuerpo, esté ahora la libertad de estirarte hasta reventar, de reírte de ti y de tus ímpetus cansados, de mirar hacia a fuera por la ventana y llevarte las cenizas de cigarro hacia donde quieras.

Toda la noche viene a ser la misma noche, la última en la que estuviste aquí. La última en la que fuimos uno en la cama que ahora me queda vacía a la mitad, fría.

Mi cama es tuya, mis colillas apagadas furiosamente contra las baldosas de la casa, mi casa es tuya y todo lo que habita en ella, también.

La mitad vacía, es tuya y el frío de la almohada abandonada espera atento para marcharse cuando des el paso hacia ella.



Y cuando vuelvas, el infierno seguirá siendo nuestro lugar favorito.

26.9.11

No te robes mis palabras

De pronto tus conversaciones son las mías. Me sonríes con mis gestos y tus manos se mueven siguiendo el ritmo de mis manos. Y yo caigo, caigo porque estás convenciéndome de muchas cosas; de que puedes ser, de que quieres ser, de que eres.

Tú no eres tú, eres una parte de mí que he dejado caer en tu tierra y ha germinado, ha florecido y ahora derrama un perfume hipnotizador. No eres sólo tú, eres gran parte de lo que yo quiero que seas. Y me gusta.

Me hablas usando mis palabras, preguntas mis dudas y respondes mis certezas. No soy yo, sin embargo tampoco eres tú, es la misma historia de muchas otras veces, con algún elemento agregado que me seduce cuando intento caer en la realidad y me regresa a tu sitio, al mismo sitio en el que te dejo ser, te dejo poner tu cuerpo sobre el mío, te dejo creer que tú eres tú y no parte de mí.

Y cuando estoy sumamente dentro, siento como logras ahogarme, como logras poner tus manos en mi cuello y presionas firmemente sin compasión. Cuando estoy en ti, siento como toda mi fantasía se transforma en tuya, siento como eres capaz de quitarme el aire y moverme a la desesperación.

Superficie. Salvavidas. Carne de prueba. 

Lágrimas encapsuladas en palabras que ni yo sé de dónde salen, pero están aquí, frente a mí que las espero siempre y frente a ti que no entiendes nada.

Vuelo. Caída libre. Fantasma que regresa.

Tiempo perdido y recuperado, fuego abierto, cuerpos rodando sobre la placenterísima cama de la imaginación.

Allá vamos, mil quinientas veces más.


20.9.11

Una grieta en la represa

Admitir el miedo es abrir una grieta en la represa. Tolerar el dolor es abrir una grieta en la represa. El miedo es líquido, el dolor es líquido. La más mínima grieta en la represa puede significar la inmediata destrucción de lo que nos rodee.

Tu amor es agua, tus deseos son agua; y estás desesperadamente golpeando las paredes de mi represa, martillando sus costados como si quisieras desbordarte en mi vida, como si no vieras la alarma inminente en la inundación. 

Soy agua, soy peligro. Una grieta en mi represa significará que te ahogaré a pesar de tus esfuerzos por mantenerte respirándome.

Y sabiéndolo, sigues arañándome la espalda.

6.9.11


Finalmente, el momento llegó. Todo lo que había escuchado, todo lo que había visto, todo lo que me habían contado se estaba haciendo realidad en mi carne, en mi llanto.

Me repetí a mi misma que eso no estaba pasando, que iba a abrir los ojos. Por favor ¡que alguien me despierte!

No fue una pesadilla, no estaba dormida.

La realidad de la vida tal como la aprendí en la escuela, estaba parada frente a mí y me golpeaba y yo, tenía que agachar la cabeza. Tenía que admitir que me había ganado.

Naces, creces, te reproduces y mueres. Y en el medio, todo lo que pasa te hará daño hasta el momento en el que puedas aceptar que no hay forma de cambiarlo.

Me decían: “no seas egoísta, ya está en un mejor lugar” y algo me dice que sí, si ya no está en este mundo, sin duda está en un lugar mejor, pero no puedo evitar ser egoísta, no puedo evitar llorar y pensar que nunca más le besaré la frente, que nunca más la voy a ver sonreír.

Mi cómplice eterna, mi compañera y mi guía, no puedo evitar pensar que no te di ni la mitad de lo que tú me diste. Me duele, me lastima y me desespera porque no puedo retroceder el tiempo y darte un poco más.

Todo lo que duele está en mi cuerpo, adentro y afuera. Todo lo que se recuerda es un golpe que me deja en el suelo cubierta en sangre y esta vez tú no me puedes curar.

Me sostiene la idea de que te fuiste tranquila, que te tomé la mano y aún en tu agonía tuviste fuerza para bromear y hacerme reír, como para que me quede con ese recuerdo, como para que mi alma no se parta en cien pedazos y deje caer mi cuerpo en un abismo.



Cuando alguien se va
El que se queda
Sufre más.

8.8.11

Después de prometerme a mí misma y a mí misma traicionarme,
 me encuentro aquí, lejos, escribiendo desde el dolor del pasado.
 Hoy  no quiero volver. No quiero más que vuelvas.


Agotada. Agotada al punto que no puedo esperar más. Al punto que dejo que las cosas caminen por el techo, el mismo que tocaba antes con los dedos llenos de felicidad. Y tú, de lejos, le sonríes de frente a mis ganas absurdas de esconderme detrás de las lágrimas que irracionales, nacen y mueren en mis ojos.

Pero ya no eres el mismo y no lo sabes, sin embargo, yo que te observo desde siempre, desde el primer enero, me doy cuenta que ya no te encuentro y otra vez cae el puente, caen las lágrimas.

He llegado a presentir que tu naturaleza es esquivarme, es morir del lado de la nada, de un amor que no es amor sino nada más sucio que el cuerpo. He notado en tus letras, esas que nunca enviaste, que ya estás caminando de otra mano y por eso te niegas a volver.

Debo confesar que por momentos he deseado tu muerte. He deseado verte tendido y ensangrentado. Debo confesar que deseaba ser yo la que cure tus heridas con desentonadas lamidas que, por supuesto, no rechazarías.

¿Por qué entonces con tanta furia te deseo muerto, pero en mis brazos? ¿Por qué busco inconsciente a través de tus latidos el ritmo disonante que me libere de ti?

La triste respuesta llega en la desidia del viento. Peor que la negativa, la incertidumbre de no poder decir "debo seguir" o "debo seguir más fuerte"

Porque te encontré en una piedra y te hice anidar en mi pecho, sabiendo o sin saber que las piedras no sobreviven a la distancia. Y me doy cuenta tarde; la distancia corta el viento que debía traer tu aroma, el viento que debía devolverme tus labios.

Por favor, apresúrate a perderte, que las ganas en mí siguen intactas e incendiarias y tú tocas todas las puertas menos la mía, la mía que es la única que permanece abierta, que tiene flores niñas colgadas, que tiene jazmines para que te diviertas en su  olor. La que tiene señas para guiarte hacia su centro.

Maldita la voz que te detiene, esa voz que nace dentro de ti, yo lo veo porque a mis ojos nada se llega a ocultar, tú y sólo tú eres el dueño de la arena que se enreda en tus pies y te impide seguir andando.

Yo y sólo yo, la única que cree en estos cuentos.

21.7.11

Revlov

Otra vez está saliendo el sol en Lima; en pleno invierno. Hace media hora estábamos a casi 16º y ahora, si vieras el sol que entra por mi ventana y que me da directamente en los ojos y que además hace que me ponga cada vez más chinita para poder ver la pantalla... no dirías nada, no te sorprenderías, seguirías tu camino, probablemente ni siquiera sientas calor.

¿Te acuerdas de esa tarde en el parque, en la que después de un sol hermoso e inmenso empezó una lluvia que nos arruinó los planes y los zapatos? Esa tarde dijiste que el clima de Lima era el clima de mi corazón. Cambiante, desequilibrado.

Sé que sabes de qué hablas y sabes de qué hablo. Lo sabes todo y sé que tomas ventaja de eso.

Te estoy enviando esta carta con un poquito del perfume que tanto te gusta y que sé que por más que lo percibas en cualquier mujer, te recordará únicamente a mí.

Envíame algo desde donde estás. Me bastaría con un poco de nubes o con una gota de agua de mar. Si quieres, yo misma iré hasta la playa más cercana, meteré los deditos al agua y recogeré mi encomienda. Algo, lo que sea que te sobre en este momento.

¿Recuerdas cuando me llevaste a ver el mar casi a las cuatro de la mañana y yo estaba además de congelada, petrificada de miedo por imaginarme lo que podría encontrar? Luego de eso, me llevaste cargada hacia la orilla para que no se arruinen los tacones de mis zapatos e hiciste figuras con la arena. Yo me reía de cada cosa que hacías, hasta que no pude ocultarlo más y rompí en llanto. Rompí en la misma lluvia de esa tarde en el parque. Y corrí hacia algún lugar lejos de ti y arruiné mis zapatos. 

No he ido a ver el mar desde hace mucho tiempo. Siento miedo aún, siento ganas, porque mi nueva vida llena de sonrisas y besos bajo las sábanas me provoca todo. Pero el miedo, el miedo y la debilidad son fuertes, también.

¿Recuerdas esa mañana soleada en la que caminamos tomando fotos a personas desconocidas? Esa misma mañana descubrí lo hermoso que se ve tu perfil contra el sol. Esa mañana, me acerqué a pedirle a mi amor platónico que pose para mí y me dijo que no. Le tomé la foto, igual y él salía con medio brazo sobre el rostro. 

Luego vino la lluvia ¿recuerdas? y nunca revelamos esas fotos.

Hace mucho calor y estoy confundida. Sigue siendo el mismo clima en mi corazón, a pesar de todo, tengo miedo.

6.7.11

Susurraba mentiras cerca a mis labios

La perfección estaba en ese lugar. Su cuarto, ordenado obsesivamente, era el punto de encuentro de dos amantes desesperados. Fuera de esas cuatro paredes, sus risas eran compartidas con personas cercanas a las que les mentían en la cara, negando hasta con los gestos el real lazo entre ellos.

Todo era perfecto. El color de las paredes, la forma de la cama, las cortinas que había colocado porque a su novia le molestaba el sol por las mañanas, el olor de su almohada, la alfombra suave. Hicieron el amor en cada rincón. Él mantenía el orden aún cuando ella era un huracán desesperado por reconocerlo todo. A medida que iba abriendo cajones, revolviendo cada uno hasta quedar satisfecha con la historia de cada elemento; él iba poniendo todo en orden, iba guardando sus historias a donde pertenecían, regresándolas a su hábitat natural.

Conocían sus secretos más profundos, se reían por horas de las cosas que contaban. Él le doblaba la edad, pero tenía una belleza y una frescura suficiente para que nadie lo creyera. 

Magdalena había sido siempre un desorden completo y eran opuestos sólo en eso. Por lo demás, compartían hasta las perversiones y quizás esa fue la razón de la abrupta separación.

Ella lo supo desde antes de que él se aleje. Él se fue sin decir una palabra, pero Magdalena podía reconocer la despedida en cada movimiento. Esa noche él fue suave, como nunca antes, le acarició varias veces el cabello despeinado y le mordió ligeramente el cuerpo. Le pidió que lo abrace después del acto y se quedaron así, fumando un cigarrillo tras otro, por casi dos horas. Esa fue la primera vez que él no guardó la almohada que no le pertenecía.

Y fue la última vez que se vieron.


30.6.11

Resulta, entonces, que mi reflejo luce tan cansado como mi corazón en pedacitos. 
Hemos perdido buenos días 
sólo por el placer de quedarnos colgados de las dudas.


Pero yo te mentiré. Te miraré fijo y te diré que no te necesito. Respiraré profundo y sentiré cómo se quiebra otra parte de mi cuerpo, otra parte que se quedará en la necesidad de tus besos; otra parte que te ha extrañado tantas vidas y que ahora, así como mis manos, se reseca y sangra.

Te diré "yo ya no te necesito" y ese será mi último movimiento.

Después de tomar un café, vamos a compartir las cosas que nos pasaron en la semana, caminaremos hacia mi casa que antes de todo esto era nuestra casa y te daré las gracias por todo. Te daré un beso en la mejilla y un abrazo sincero a medias y terminaré nuestra noche prometiendo seguir en contacto.

Me daré la vuelta conteniendo las lágrimas y los besos, llegaré hasta adentro rogando porque mi actuación haya sido convincente y esperaré esa llamada que traiga tu voz desde el otro lado, diciéndome que te has enamorado otra vez de mí.

15.6.11

14-09-2009

Una vez te pregunté si realmente te importaba. Te expliqué también el por qué de mi pregunta; te dije que no entendía cómo podías decir que me querías si no sabías nada de mí.

Tú dijiste: "sé sólo lo que tú me dices, pero nunca dices las cosas completas"

Y es cierto, siempre te he ocultado cosas, nos mantuve en una especie de burbuja, en una estúpida ventana que separaba nuestra vida de la vida real... según yo. Muy mal pensado, para variar.

Entonces ahora no quiero contarte todo porque, tampoco sé si te interesa. No quiero darte razones para que me creas, para que me escuches o mucho menos, para que te enamores de mí. Sólo quiero que seas compasivo, que me respondas al menos, que no permitas que ande a tientas.

Sólo pido una reacción que me haga sentir que no lo hice todo mal, una sencilla respuesta tuya que me diga que me entiendes, o que no, pero que me diga algo.

No quiero encerrarte en mi cama, no quiero amarrarme a tus cabellos, no quiero perderme en tus brazos. O quizás quiero, pero aún así, no lo haré porque, he entendido que ese no es mi lugar.

Pero si yo -que veía tan difícil dar la vuelta-  he logrado salir y no sólo eso, sino que también he logrado seguir andando ¿por qué tú, tan libre, tan grande, no me dices simplemente algo? Lo que sea...

Y si no me quisieras más, créeme, me gustaría saberlo. Me gustaría que me digas "no" fuerte, rotundo. Un no tan grande que me permita aferrarme a sus dos piernas y escaparme en ellas para olvidarme de ti.

Mientras no lo escuche, supondré que hay algo dentro de ti que me pertenece, sólo quiero que me ayudes a saber qué es, que compartas lo que es mío.

Y yo, humilde sólo contigo, lo multiplicaría si me lo pides.

9.6.11

Pensar en ti

Ir contando las sonrisas que el recuerdo dibuja en mi rostro. Sentir mis manos frías y seguir sonriendo. Imaginar tus manos sobre las mías y seguir sintiendo frío.

Perderme en el tiempo, derramar espacio vacío y eliminar las distancias. Treparme de tu pecho, fingir que no existo más.

No existo más si no es contigo.

Me hundo en el borde de tus dedos. Me escapo de la vida real y me cuelgo de tus latidos, los adopto como míos. Los cuido mientras duermes.

Me amarro a ellos.

Los cuido. Te cuido a ti. Mientras tú duermes. Mientras imagino que sueñas conmigo.


Please keep me in mind ♪

31.5.11

Me gusta hablar contigo. Me gusta saber de ti, aprender de lo que sea que digas, aún cuando muchas veces yo lo haya sabido antes; me gusta empezar a aprender después de ti. 
Me gusta recordar, siempre fue una de mis actividades favoritas. Ahora ya sé qué recordar, sé cuándo, cómo y dónde. Quizás aún no lo sabes, yo sé demasiadas cosas.

Esa noche estaba temblando de miedo, de pena, de frío. De ese frío que deja una ausencia, esa ausencia que no sabes manejar pero que yo creí que había aprendido a controlar.

Pero, en serio, me gusta mucho hablar contigo y creer por un minuto que sé lo que piensas y articular palabras rebuscadas y pensar dos segundos antes de soltar lo primero que se me ocurra, para que quizás, cuando acabe de hablar, tú me digas "está muy bien" y me hagas sentir aprobada y good enough.

Y cuando empieces a prepararte para decirme adiós, empieza a faltarme el aire y recuerdo todo lo que no te dije y quisiera pararme frente a ti y sentir esa misma sensación de minutos atrás y escucharte decirme que "está muy bien" y ver cómo me miras. Y pestañeo y despierto y todo se ha acabado. Estás con un pie en el abismo y lo primero que se me ocurre es lo que se escapa de mi boca, sin segundos previos para analizar. Seguramente es algo que no debí decir, pero te intriga y ya estás otra vez enredado.

Es que, realmente, me encanta hablar contigo y escucharte reír y que digas algo que logre ponerme nerviosa y me haga reír y me tape el rostro con la mano (porque aún no me gusta mi risa) así no me estés mirando. Y responderte con astucia para que te sientas bien y me digas "está muy bien" 

Y cuando al fin te vayas, tener algo nuevo para recordar, ponerme nerviosa, reír, taparme el rostro.


Tratando de evitar sentir el vacío de todo lo que no dije, de todo lo que no vi, de todo lo que no escuché.

16.5.11

Yo, realmente, no sé. ¿Recuerdas cuando eras chica y comprabas montones de muñequitas recortables y "sin querer" las recortabas más de la cuenta? A veces hasta parecían deformes, les quitabas mucho del borde de las caderas y aún mucho más de la cintura, les rebajabas tanto los pechos que muchas veces tenías que pintarlas por encima. Nunca entendí esa fascinación enfermiza. ¿Recuerdas cuando te regalaron unas muñecas Barbie y les hacías tú misma ropa que luzca más grande, como "para que ellas luzcan más delgadas" según decías? O cuando te regalaron esa muñequita embarazada a la que se le quitaba la barriga y tenía un bebé adentro, pero le quedaba un agujero ¿Recuerdas que nunca volviste a ponerle la barriguita y le ponías los vestidos más ajustados, así se podía ver el agujero en su estómago? Yo, realmente, no sé.

¿Recuerdas cuando te enamoraste de él? Cuando decidiste dejarlo todo porque nada era suficiente, porque todo estaba lejos de él. Cuando empezaste a verte a ti misma con ese odio desgarrador con el que veías todo lo que te rodeaba. Eso fue poco antes de que él te diga que no. Fue de las poquísimas veces en tu vida en las que arriesgaste todo lo que tenías y perdiste. Y cualquiera podría decir que aquí me equivoco, pero yo te conozco mejor que nadie. Todos los riesgos que tomas, no son por ni para ti, si la gente dice que no tienes miedo, pues entonces no hablan de ti, si ellos te ven rodeada de infierno, no saben que no eres tú, sino ese personaje que te dedicaste a construir porque no podías más contigo misma. 

Y yo, realmente, ya no sé. ¿Recuerdas también cuando las lágrimas eran la única forma de que consigas el sueño por las noches? Cuando tus ganas de morir fueron tan grandes que se convirtieron en la misión de tu vida. Cuando ya no había más espacio porque habías permitido que él y su ausencia lo ocupen por completo.

Y luego te tuve que recoger, limpiar los pedacitos de papel ensangrentado de la piel y curarte las cicatrices para que nadie se diera cuenta de que te olvidaste de que tú no eras una de esas muñequitas recortables, que tu piel no se podía simplemente dibujar de nuevo, que las marcas quedan y el dolor en cada una de ellas. 

Y, si me lo preguntas, yo, realmente no sé nada de nada.

4.5.11

Sus dedos empezaron a recorrer mi espalda de arriba a abajo, los detuvo en el medio y me susurró al oído lo mucho que le gustaba ese lugar, cuanto disfrutaba hundir sus dedos en mi espalda y seguir el camino marcado por mis huesos. Inmediatamente después, me besó.

Era fácil perderse en el aliento dulce de sus labios, el vino se había quedado entre sus comisuras y yo estaba nadando en el mar de mi deseo. 

Mi necesidad siempre estaba reflejada en su nombre, cada paso era en falso cuando era hacia él, estaba perdida y no había salida más allá de su cuerpo. Mi felicidad era estar perdida en él. 

Disfrutábamos cada segundo, uno junto al otro, explosiones constantes, armonías repitentes y ensordecedoras, gritos de placer y las marcas de mis uñas en su espalda.



No me pregunten si que quiero volver, porque hasta el día de hoy no sé si he logrado escapar. 





27.4.11

"Arrojabas las piedras contra mi cuerpo
y yo me mantuve en mi sitio
feroz (...)"
Rosella di Paolo - Piedras



Me arrojabas piedras, me molías el alma, me estrujabas y yo seguía ahí. Seguía porque estaba convencida de que todo lo que había leído era verdad y toda la verdad venía de tus ojos marrones.

Debí tomar mis cuatro cosas e irme. Tinta lila, cuaderno gastado, violín y mis mentiras e irme a casa. A cualquier lugar que lejos de ti, se convierta en mi casa.

Pero eran tus piedras, era sólo mi cuerpo. Y yo prefería sentir el dolor que no sentir nada, prefería que me duelas en todo el cuerpo a escuchar los pasos vacíos de mi corazón. 

No debí, sinceramente, no debí. Me arrepiento, me muerdo las manos insomnes, me arranco los cabellos en fuego por la culpa, me lamento, pero es tarde. Pudiste arrojarme abismos, selvas oscuras, barcos en llamas, pero sólo tenías piedras, y sirvieron de tanto, me dejaste policontusa del amor, llena de hematomas en el alma y la dignidad... olvidada entre tus mares.

Una piedra lleva tus huellas digitales, y yo me quedé con el sello de tu daño en las entrañas. Me guardé sigilosa tus  movimientos y las voces que inventabas, memoricé tus sonidos y tus caricias para olvidarme de ti, me voy marcada, tu huella digital está en mi mente para no dejarte regresar.

Te olvido porque nada de lo tuyo era amor y hacia allá me voy. Llevo tu recuerdo porque no llegaré con las manos vacías a la casa del amor, la esperanza la recuperé y la puse en el lugar del odio, lo que eres no volverá a dolerme, lo que me queda, es sólo para saber que fui más que tus piedras.

Hay gozo en la casa del amor, así cuentan, y música.

18.4.11

- "Tengo miedo de que pronto nadie se acuerde de mí, de pasar desapercibido, de ser sólo una moda."

No me lo dijo mirándome a los ojos, pero al ver sus lágrimas, supe que era miedo real, palpable. Quise estar cerca para abrazarlo, pero yo también tenía miedo. Contrario a él, yo tenía miedo de que se haga permanente, tenía miedo de no poder dejar de pensarlo.

Días antes había expuesto dulce y salvajemente su necesidad de pasearse por mi cuerpo. Yo había accedido sólo por el color que tomaban sus labios cuando él les pasaba la lengua por encima. Estaba condenada a desearlo después de ver el espectáculo de sus manos despeinándose al hablar de todo lo que me haría.

Sin embargo, su miedo se justificaba con el paso de los días. Su pena era perfectamente entendible cuando mirabas su reflejo en el espejo. 

Cuando más cerca estuvimos fue cuando más rápido desapareció. Lo vi antes enredándose en otros cuerpos y le sonreí. Y después de eso, no lo vi nunca más.

De vez en cuando lo recuerdo y otra vez sonrío. Hay a quienes el veneno no les hace efecto, están embebidos de su propia necesidad, son el antídoto.

5.4.11

Ese gran día, fue el inicio de un clásico final. Un final anunciado con bombos, platillos y fuegos artificiales. Que no te hayas dado cuenta, no era cuestión mía. Yo había tomado una decisión y el universo entero había formado parte de ella. No eras tan inocente... Tendrías que haber sabido.

Cuando todos te dijeron lo que te dijeron, cuando susurraron a mis espaldas y frente a ti, cuando te prohibieron, te exigieron, te suplicaron. Te dieron todas las pruebas y tú las despreciaste porque preferiste confiar. Y no en mí, sino en tu ceguera, en eso que quisiste llamar amor.

Debiste haberlos escuchado, haberte mirado en el espejo y  haber sentido lástima por esas bolsas debajo de tus ojos, por tu piel cada vez más cuarteada, por tus labios secos de tanto esperar un beso recíproco. Lo siento, no era que no sienta, era que tú siempre sentiste demasiado.

Ese gran día, fue el principio de la catástrofe. "Que pase lo que tenga que pasar", dijiste. Y así pasó.

No sólo derrumbé entero tu hermoso castillo de naipes, sino que bailé sobre tus deseos, pisoteé tu angustia y me revolqué con todos tus delirios. Así como te hice mía, así también te destruí.

Me diste las llaves de tu casa, y no conforme con entrar y desbaratar todo a mi paso, reventé las lunas, vomité en tu almohada y te dejé un beso en el espejo con la esperanza de que al mirarte mañana por la mañana, sepas qué es lo que no debes volver a hacer.

23.3.11

Ramita

Que fuiste un cielo lila en agosto 
hace ya tantos años 
y era de noche. 



Y nos gustaba pasear contándonos historias que nos hacían llorar y no lográbamos disimular y estaba bien, porque así entendíamos que esas eran las historias que no se tenían que volver a repetir.

Me tomabas entre tus manos enormes y me hacías líquido, llanto de ángeles, lluvia de otoño. Me hacías una lágrima, pero de felicidad, de esas que caen aún ahora en las noches en las que me haces reír tanto y no dejas de mirarme a los ojos y me dices algún piropo, uno de verdad. Así como ahora mismo, una de las lágrimas que ahora están quitándome todo el maquillaje que me tapa las marcas del insomnio entre tus brazos.

Yo tengo tantas cosas por las que maldecir, renegar y romper vasos de cristal contra las paredes. A mí que me han golpeado, me han lastimado y me han vencido, que me han pasado esas desgracias que sólo tú y nadie más que tú sabes. A mí, sinceramente, no me importa nada cuando estoy de tu mano. 

Soy poderosa y soy un niño chiquito con un globo enorme lleno de helio que casi lo eleva, soy superior y soy un perrito que menea la cola desesperado al ver a su amo. De tu mano, yo no tengo ninguna marca. Soy pura, limpia, nueva. Soy la versión de mí que más me gusta.

Me pierdo en tus líneas interminables, en el delicadísimo transpirar de sus grietas, me ahogo. Feliz.

Así quiero estar. Perdida en el sonido de tu voz, suave cuando me cantas una canción cuando no puedo dormir, fuerte cuando quieres romper las murallas de la depresión o de la incertidumbre o del egoísmo o del dolor. Adormecida en tu pecho, rítmico y cálido cuando me tocas la cabeza hacia él con fuerza, infinito cuando tienes que encerrar el dolor, hermoso cuando se llena de ese amor que conozco bien. En tus manos de músico, en tus suaves y hermosas manos que arreglan todo lo que tocan; desde instrumentos  hasta almas deshechas. Tus manos que no sólo construyen casas, sino también paraísos y castillos donde me haces creer que yo soy la princesa de tu cuento.

Y a veces, sólo a veces, no puedo dormir por miedo a que tú despiertes. 

10.3.11

"¿De verdad me quieres?" preguntó Eme
"Más que a mí mismo" respondió él.


Eme despertó sobresaltada, otra vez había soñado con él. Había pasado demasiado tiempo y el sueño la preocupaba, no sólo porque la llevaba a recorrer caminos que ella misma se había prohibido, sino y más que nada, porque se daba cuenta de lo borrosos que se habían vuelto los pasos andados. 

¿Qué hay para hacer en madrugada? 

Era de las pocas noches en las que Eme había conciliado el sueño y la mala suerte lo había traído a él de regreso, enmarañado en piezas faltantes del rompecabezas de lo que alguna vez fue su vida ideal.

 Puso los ojos en el último cajón del armario que había envejecido durante la época en la que se le ocurrió envejecer todos los enseres de la casa. Eme es así. Se le mete una idea en la cabeza y no puede detenerse hasta haberla concretado.  Y cuando falla, ¡ah! pobre Eme, cuando falla. Su mundo se vuelve gris y toda la euforia que mantuvo mientras tuvo el propósito se vuelve en su contra en forma de odio. 

Se levantó de la cama de un golpe hacia el cajón, lo abrió y desesperada empezó a rebuscar en sus antiguos cuadernos, en los diarios que conserva solamente para mantener el registro. La mitad anterior la quemó en un fallido intento de entregarle su vida a la muerte. Cuando despertó del trance, se encontró con que no recordaba nada con claridad y al buscar soporte en sus cuadernos, cayó en cuentas de que ya no estaban más. Había asesinado a sus recuerdos. Nada le dolió más y desde ese momento decidió guardar los que nazcan, para siempre.

En cada hoja que miraba había un universo de códigos, frases encerradas en comillas, citas textuales, números, horas, fechas. Vida. Habían diferentes vidas. La habían habitado tantas personas, que todos esos recuerdos se habían transformado en seres vivientes, en compañeros del insomnio, fumadores cruzados de piernas esperando la hora del café. 

Se arrepintió de todo lo que había hecho y antes de que las lágrimas ocupen el espacio vacío de esa habitación, se puso maquillaje y salió. 

"La calle es el mejor lugar para esconderse" Repetía entre dientes su frase favorita de una de las últimas cartas que él le recibió. La calle es el mejor lugar para esconderse y ahí estaba ella, en madrugada Limeña, protegida por las paredes pintadas y el asfalto lleno de cicatrices, resguardada, a salvo. Alicia en el país de las maravillas. 


Todo es tan fácil de conseguir en Lima. 

4.3.11

And now I know that love is dead
you came to bury me


La cama se hace inmensa cuando te recuerdo. Cuando el susurro de tu voz  se asoma bordeando mi cuello. Se hace inmensa la casa y me pierdo. Te busco, trato de buscarme, estoy perdida en algún lugar que antes conocía. La calle es inmensa y las esquinas están marcadas con tu nombre. Igual que mi piel. 

Te extraño y todo es inmenso cuando te asomas. Y me pierdo. Y no eres tú, sino esa idea que me pediste que  conserve de ti. 

No la dejo ir, pero todo es tan inmenso cuando te recuerdo que no soporto, me estoy ahogando en esta inmensidad y nadie me escucha.

Vuelve.

1.2.11

El calor ha llegado a la ciudad. Las ganas de esconderme debajo de la cama se quiebran al darme cuenta que más que un refugio, sería una condena. Por las noches, un poco de lluvia me acompaña. Tú sabes, esa lluviecita casi inexistente, muy Limeña y encima, en verano. 

Escribir ya no es una necesidad y quizás eso me duele más que cualquier golpe. Mis manos aprendieron a callarse. 

Siento que todo mi cuerpo ha aprendido a callar. Las explosiones internas son cada vez más escasas, cada vez menos urgentes. Ya no siento ahogo de letras, ya no siento desesperación por las palabras. Ya nada grita en mí.

Hasta me avergüenza escribirte, sabiendo que no estoy diciendo lo primero que se me ocurre, sino, muy por el contrario, estoy tratando de escoger entre todas las palabras que tengo en la cabeza y darles un orden lógico y armónico. Aún así estoy fallando.

Las ausencias se marcan en diferentes caminos, las que ya no se deben curar, las que no se pueden y las que no se quieren.

Estoy aprendiendo a cubrirme los brazos, pero no puedo evitar sentir que eso me deja el resto del cuerpo inmóvil.

¿Qué dirías si estuvieras aquí?




16.12.10

Son graciosos los círculos de la vida. ¿Usualmente la gente termina odiando en lo que se convierte cuando crece? Tú sabes quién soy y no quieres venir a decirme lo que necesito. Sólo sé que mis penas me han superado y no encuentro principio ni fin a nada. 
Es como si, cada vez que las cosas encuentran su rumbo, alguien se da cuenta y me envía un tornado para despistarlo todo. ¿Entiendes?

Las cosas están bien. Sin embargo todo está podrido. Se me acaba el tiempo, Alonso. Se acaba y no hice nada, nunca hice nada. He perdido los mejores años de mi vida en quejarme, he gastado fuerzas en sobreponerme a las heridas que yo misma me hice y he derrochado oportunidades sólo porque el miedo puede más que mis ganas. 

No gano nada diciéndote esto y aún así lo hago. Y lo haré hasta el día en que me pidas que deje de hacerlo (por favor, no me lo pidas nunca)

Tu abrazo en este momento es el único rincón en el que me puedo refugiar y dada la distancia, tu abrazo no son sino mis propios brazos bañados en el perfume que dejaste en mi tocador. 

¿Recuerdas esas noches? No paso un sólo día sin recordar tu sonrisa, sin recordarte, perfecto placebo para el dolor de mi alma. Siendo que aún no encuentro la razón al dolor, tu sonrisa era la paz que inexplicablemente me curaba. Y ahora no la puedo ver, estoy ciega del alma y sorda de todos los demás sentidos. La distancia es un cuchillo que circunda incesante, como maquinado por un armatoste del demonio. Se me ha clavado en lo más profundo de mi profunda pena. Y sangro.

Lo mismo es la soledad. No sé mantener a nadie a mi lado (o es acaso que esas cosas ya no existen en estos tiempos) la gente me da la espalda y yo sonrío altiva, porque corro el riesgo de largarme a llorar, de dejarme caer destrozada. He optado por reírme de todo, como siempre, mi sentido del humor está intacto. Negro y doliente, ingenuo, ácido, simple, infantil. Linda mezcla. No soporto crecer y no soporto que nada de lo mío crezca. Así, entonces, mi humor sigue siendo el que conociste.

A veces pienso que me auto infrinjo esta soledad y esta distancia; y este dolor y esta rabia. Últimamente siento que las invento para sentirme mejor por el mundo, me estoy auto martirizando para que el mundo lo vea, ¿qué te parece? 

Yo sé que sabes de qué hablo, pero sé también que sabes que esto es real. O quizás, simplemente ya no sé cómo volver.

Nuestra canción favorita ha terminado y nunca fuimos al baile de promoción. Deberíamos agotar nuestra vida antes de que sea demasiado tarde.

Te contemplo desde aquí, a la luz de las velas.

Pd: Judas no regresa a casa hace más de cuatro días, no recuerdo si he llorado también por eso, pero ahora tengo miedo.

6.12.10

Me gusta cuando dices que somos amantes, me recuerdas que lo prohibido nunca deja de gustar. También me recuerdas a alguien y es ahí cuando todo pierde sentido. Porque todo lo que yo aprendí de el, no me servirá contigo. 

Y todo lo que yo quiero es algo que tú nunca podrás dar. 

Sin embargo sigues merodeando las esquinas de la pasión y me encuentras, porque eso soy. Me encuentras, no porque quiera verte, sino porque no puedo no hacerlo. 

Algo nuevo tiene que salir de mí. Una nueva yo, sin sonrisas infantiles ni palabras que en mi voz deban sonar a prohibido; aunque lo prohibido nunca te deje de gustar, cuando caen en tus oídos no es lo mismo. 

Preferiría que sea él quien diga que somos amantes, preferiría poder decirle a él infantilmente las cosas que aprendí, preferiría que dejes de golpear la puerta y yo tenga que ir descalza y desesperada a abrir.

Él no llega y yo no puedo con la soledad.

1.12.10

Las canciones me acaban de cuando en cuando. Me siento al filo de la ventana a mirar el humo de mis propios cigarrillos, a desesperar para obtener una sonrisa de algo que no existe. Me quedan un par de recuerdos pálidos que desgasto sin compasión, mientras, en este borde, nada nuevo parece querer llegar.

Está bien, a estas alturas de la noche, quizás lo que  duela más sea un "hola" que un "adiós" ya me conoces, prefiero guardarme bien el corazón, protegerlo. Late impertinente, igual que antes y si el no ve, yo no veo. Impertinente, entonces, me doy también contra las paredes. Y sangro. Y últimamente prefiero guardarme bien el corazón. ¿Entiendes?

El silencio en las noches da tanta paz como angustia. Son valiosos esos momentos en los que salgo de la angustia y entro en paz. Pero son más los momentos contrarios y a veces, muchas veces, estás tú en esos momentos. En mi pensamiento, porque desde que te niegas a venir, no te veo más que en pensamientos.

Eso también pasa cuando dejo caer el agua sobre mis hombros. Es quizás el momento en el que más te recuerdo. Tus manos eran tan suaves como látigos en fuego. Dolorosa satisfacción. La memoria me juega malas pasadas y si el recuerdo de tus manos en mi cuerpo se llegara a perder en mi cabeza, entonces, sinceramente, yo no tendría nada más que hacer aquí. Volaría quizás más lejos de donde tú estás. Quizás simplemente, dejaría que la vida se me acabe. No lo sé, no quiero pensar. No quiero olvidar.

Paradoja constante.

No puedo más con los recuerdos. Necesito nuevos recuerdos. Necesito que vengas e inventes un nuevo despertar, que me cubras los ojos y me hagas reconocer el aroma de una flor que no conozco. Algo, inventa algo para mí y haz que tu ausencia sea sólo un mal sueño, del que no me quede si quiera un deja vu. Nada. 

Eran graciosas esas tardes en las que simplemente nos mirábamos, nos encontrábamos en cada parte del otro. Yo en tus manos, tú en mi pecho, yo en tu espalda, tú en mis labios. Sólo con mirarnos, reflejábamos el rostro de paz del otro. Tengo una pregunta ¿Sabes cómo se llama eso? 

Se llama magia.

Y yo desde hace mucho tiempo ya no sé hacer ni chispitas. Nada de lo que aprendí de ti, funciona conmigo, ya no más. 

A veces la música acaba conmigo. Y mis esperanzas, lejos de fortalecerse, se debilitan hasta derrumbarme.

26.11.10

Sus círculos me entierran. Deliciosas vueltas que terminan por sacar lo peor de mí. Vómito dominical en los lunes madrugados, perdidos. Todos los días son lunes en esta casa desde que el se apareció.

He intentado reclamarle, sujetándolo por la solapa -devuelve lo que es mío- gritaba, yo, desesperada. Pero sus manos eran fuertes y mi corazón es de papel, terminó por arrugarme entera y dejarme otra vez sola, como al principio.

Mi sueño se escapará esta noche porque el miedo me tiene despierta, las escaleras me sujetaron mientras subía y no caí. Pero, ¿si lo intenta de nuevo?

Tendré que estar alerta, ojos abiertos, manos abiertas, cabellos erizados, piel en carne viva, cuchillo en la mano.

No, no para ti, forastero. Para mí misma y mi estúpida manía de darte la bienvenida.

9.11.10

Well that’s alright because I like the way it hurts

Well that’s alright because I love the way you lie



Viene y se va. Antes besa despacio los bordes de mis labios, salados de tanto llorar, secos de ansias. Se va. Fácilmente podría perseguirlo, seducirlo, invitarlo a mi cama, fácilmente podría hacer una escena y detenerlo, pero me gusta que se vaya, me gusta ir detrás a perseguirlo, sin mucho esfuerzo, me gusta verlo cruzar la puerta, verlo cómo me hace daño.

Me gusta cómo me hace daño.

5.11.10

Garras de tinta, felino audaz. Lazos de humo que unen nuestros pasos, las huellas que dejaste marcadas en el centro de la tierra.

Hermoso minino, tierno y único. La duda se espanta con tus ronroneos, se quiebra el llanto y la prisa pesa. No te pertenece el dolor y aún así lo llevas a cuestas, tierno gatito rubio.

Llévame en el camino de tu corazón hasta tus letras, llévame atada a tus recuerdos.

Gatito siamés.

Siamesa felina.

14.10.10

Él puso sus manos en mi vientre y sonrió mientras yo dejaba que mi imaginación volara, tan alto que dolía. Me abrazó, la plenitud estaba ahí. 
En el mar de sus brazos podía respirar; era agua, magia y aire. Y yo era parte de él.

Traté de ser suave, de conjugar mis risas con las frases que se mordían dentro de mi boca, traté de hacerme pequeña y meterme en su alma; y hacerla mía. 

Guardé cada palabra, cada gesto y todo su aroma en mi piel, los protegí con llaves y guerreros, los cuidé, los atendí. Los puse en un altar y los hice mi diaria medicina. Y enloquecí un poco menos cada vez.

Él puso sus labios en mi pecho y yo temblaba aguantando el llanto, tanto que dolía. Me miró, la gloria estaba ahí.  Inmenso e inacabable, piadoso regando mis desiertos, haciéndome parte de él.

Traté de ser dulce, de alinear mis latidos para que no me delaten, traté de dejarme abandonada entre sus dientes.

Tuve miedo y mi miedo lo hizo huir, mis guerreros se tornaron hirientes contra mi, los altares cayeron por mis ojos y las llaves me rasgaron la piel y la locura encontró su medicina en el olvido.

Él dejó su sello en mi cuerpo y yo me aferro cautelosa al riesgo de dejar que todo pase.






Te regalaría tantas cosas; todas las letras, todas las noches
todo lo que daría por decirte de cerca, al oído
"Feliz día, corazón" y salir corriendo.

11.10.10

Te bañaré de luces de pie a cabeza,
te daré de alfombra el mar.
Callaré las voces en tu cabeza
para que me puedas escuchar.

Cuidar de ti. Mirarte por las noches, mientras duermes, mientras yo peleo con mi insomnio y mi ansiedad, peleo con mi mente, le pido silencio para poder escuchar tu respiración. Me pego la cabeza hacia tu pecho y vibro con tus latidos. Y lloro de amor.

Y tú me enredas de la forma más hermosa. Todo lo que era "jamás" antes de ti, hoy no existe, tú eres el "para siempre" que quiero prometer y cumplir.

Tú eres el calor que me hace sonreír, dulce veneno, eres tú el infierno que necesito. El calor que me hace sonreír. Eres tú la voz delicada de los buenos días, el futuro que andaremos de la mano. Eres tú.

Nada me acaba, nada puede contra mi, porque voy por ti, porque voy contigo, buscándote a ti. Reconóceme, por favor. Y acéptame.

1.10.10

¿Qué se hace con el miedo?

Mi delito es la torpeza de ignorar
que hay quien no tiene corazón.


Días de furia. Estamos enredados desde los tobillos hasta el infinito en el limbo que nosotros mismos creamos. Estamos furiosos de miedo y se nos nota desde el otro lado del mundo. Nadie nos juzga sino nosotros mismos. Tú mismo.

Tú creaste este infierno y yo disfrutaba bailando entre tus cuerdas vocales, yo padecía de amor y tú alimentabas con ausencia el miedo desgarrador que tenía de perderte. Y te vas.

Y no sé qué sentir. El miedo me muerde y es todo tu culpa.

Y te desdibujas y yo siento alivio. Y miedo.

Ese miedo que en mi rostro se ve como complacencia, se ve como un nuevo horizonte en las líneas de mi mano. La misma mano que enlazabas con la tuya.

El reloj de arena estalló en mis narices y todo el desorden que dejó no es más que una cama de nubes, quiero dormir aún sabiendo que esta noche tampoco llegarás.

Duele saber que te vas y que mis instintos no me obligan a ir detrás de ti.




27.9.10

A medida que pasa el tiempo, vamos despejando algunas dudas, vamos olvidando algunas actividades que antes nos parecían indispensables, vamos viendo como cambian las cosas o las personas a nuestro al rededor. El tiempo nos ayuda a curar y nos ayuda a olvidar.

Deja entonces, Eme querida, que el tiempo haga lo que tiene que hacer, deja que su labor sea rápida y efectiva. Deja de amarrarte de los cabellos a esos recuerdos que días atrás luchaste por borrar.

El tiempo se hará cargo y verás que es verdad esto de que "el tiempo lo cura todo" verás, si dejas que el tiempo pase y cure. No interfieras más, Eme en cosas que prometiste dejar, libérate, déjalo ir.

El tiempo te cuidará mientras tú duermes y cuando despiertes será un día nuevo. Y no hagas ese gesto pensando que todo lo que dije es un gran cliché, porque si dejas que las cosas pasen, verás que tengo razón.

Si tan solo no tuvieras esa necesidad de autosabotearte. Dame la mano, Eme, cerremos los ojos y que el tiempo se encargue.

Que el tiempo te haga ver que todo pasa.

Todo pasa.

24.9.10

Por esa decencia que me ha abandonado, por las ganas que se han derretido ante el sofá frío, por la inmune esperanza del mañana. Por todas esas pequeñas marcas que la gente no ve, voy a tener que olvidarme de ti.

Los cigarrillos que me quemen los dedos, no serán los mismos, no tendrán el mismo sabor, no será la misma llama la que los encienda, ni el mismo suelo en el que los aplaste. Nada a partir de ahora será lo mismo, nada me hará recordarte.

Las calles por las que rodé de tu mano, las bancas del parque, ni siquiera las mascotas que no me conocerán, nada podrá mencionar tu nombre. Estás prohibido.

Mis piernas, en las que te enredaste muchas noches, los brazos que suavemente te aprisionaban. La cama en la que nunca dejaste que llegue el amanecer, no volverán a ser los mismos. No podrán ser más de ti, de tu recuerdo.

El títere rojo que salta en mi pecho, adentro, tendrá que ser cambiado por algo que no puedas manejar.

Por algo que no tenga memoria de ti, por algo que me deje caminar en paz.

21.9.10

Eme se jactaba de la comodidad de una cama para ella sola y la libertad de meter en ella a quien le plazca. Ante el resto de gente, ella era independiente y decidida. Dejaba una estela de seguridad en sus pasos y daba la impresión de que tenía de certeza lo que le faltaba de sensatez. Sin embargo, el terrible ruido de la casa vacía le impedía dormir. 

El insomnio era para Eme, como su invierno portátil, sola no dormía nunca, en lugar de eso, se pasaba las noches revisando sus propios diarios íntimos, leía cada uno según el ánimo y éste dependía de a quién quería recordar.

- Horas antes, esa misma noche, Eme había sido cortejada por un hombre en un café. No era novedad para ella, si; quizás, no era del todo atractiva, tenía modos que no pasaban desapercibidos. Eme se dejó seducir, o mejor dicho, le dejó creer al hombre que él la estaba seduciendo.

Había pasado casi veinte minutos mirándola desde una mesa cercana. Eme bebía café negro y tenía un cigarrillo en la mano derecha, el celular al lado izquierdo emitía una ligera vibración anunciando una llamada que se repetía y que Eme no quiso contestar. Desde donde estaba, ella correspondía la mirada, pero sus gestos la hacían parecer desinteresada, aunque en realidad, le daba lo mismo. El hombre llamó a la mesera, y ésta se acercó luego hasta donde Eme y le preguntó si le molestaría la compañía.

Eme fijó los ojos en los del hombre que parecía un poco avergonzado. Levantó su taza de café y se acercó sin quitarle la mirada, hasta su mesa.

No sé si sea buena compañía - dijo - y se sentó cruzando las piernas. Él soltó una pequeña carcajada nerviosa y le pidió disculpas por el atrevimiento, Eme pensaba que el atrevimiento había sido de ella, pero sin embargo no dijo nada y le dio un sorbo a la taza de café. Conversaron durante un par de horas, él ahora bebía whisky, ella sólo fumaba mientras escuchaba lo que el hombre decía. Las cosas que él omitió, eran las que ella había notado desde la primera mirada.

Eme se recriminó a ella misma esa fortuna (buena o mala, a juzgar) de encontrar siempre el mismo perfil en los que se le acercaban. Casi siempre accedía y tenía luego que ocultarse hasta casi desaparecer para sacárselos de encima.

La conversación se tornó tediosa y casi monóloga, se sentía perturbada, sentía que ese hombre estaba importunando sus pensamientos. Súbitamente, se levantó de la mesa, le dio un beso húmedo en la mejilla y salió del lugar. Él se quedó atónito e hizo una expresión de desconcierto de la que Eme se reiría más tarde camino a casa.

Mientras avanzaba, pensaba en todas las cosas en las que evitaba pensar durante el día, caminaba fumando un cigarrillo y haciendo cuentas de cuántos iban. No era tan tarde, sin embargo Eme sintió que el frío le atornillaba la cabeza, estaba a pasos de la puerta de entrada pero sentía un nudo extraño en la garganta. Sacó el celular del bolso y empezó a revisar las llamadas que no contestó. Tenía la mirada fija en la pantalla del móvil, y sólo la levantó para colocar la llave en la puerta.


Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que se vieron. Él se acercó imprimiéndole un beso en los labios y ella respondió el gesto mientras le  apretaba por la espalda la camiseta blanca. Respiró en su cuello tratando de guardarse tanto aire como le fuera posible.

- Eme había salido presurosa del café tratando de evitar llevarse a la cama a un hombre que se iría luego a cumplir sus labores en una casa real. Había evitado jugar a la niña - mujer de alguien que ya tenía una vida real, y casi había huido para no tener que caer en ello por evitar la soledad. Pensó que prefería dar vueltas en la cama hasta que el sueño la alcance, pero sus planes cambiaron sorpresivamente, como era todo con él.

Esa noche hicieron el amor en la cama y en el suelo, la madrugada tenía más horas que el día, decía él. Y ella lo miraba complacida de que sea él quien la acompañe esa noche.

Cuando él la acurrucaba entre sus brazos, Eme sintió nostalgia del futuro, sintió miedo de que desaparezca nuevamente y nuevamente, ella no pueda dormir, se quedó despierta entre sus brazos, de cara a la ventana sin cortinas mirando al sol aparecer.

La madrugada tiene más horas que el día, era verdad. Y él debía partir.

14.9.10

Asesino sale a la arena, palmas y rosas, el público se regocija. Suicida danza temeraria, agónica, íntegra aún en su flaqueza, danza esperando que Asesino se acerque a tocar sus bordes, sus nudillos ensangrentados.

El ruido ensordece el poco corazón que esconde Suicida. La piedra en el pecho de Asesino, no late más y tampoco engaña. Se acerca, paso firme, completo dominio de la escena, Asesino se acerca a la pobre víctima que se ha colocado fértil a sus deseos, Suicida se entrega, sus pocas fuerzas las acaba en crear un mundo perfecto para que Asesino la acabe a ella con una estocada.

El público enardece, las lágrimas brotan, la sangre empaña la arena, nacen marcas en la piel. Asesino se pasea, enorme e infinito. Suicida yace otra vez al borde del capote. Yace rodeada de las huellas que quedaron, yace en la arena que alguna vez la vio dueña de todo.

Yace y Asesino se lleva los honores.