18.11.17

0.2

No me excita lo prohibido, o debo decir que no me excita más que cualquier otra cosa. Él, sin embargo, parece que necesitara romper algunas reglas para sentirse dentro de mi mundo. No intento protegerlo porque a decir verdad, poco me importa si algo le afecta y además porque es un precio razonable que pagar por la estremecedora sensación de necesidad que me prodiga.

Pongo una pastilla en la punta de mi lengua y dejo que me bese. Hay algo más allá de la cálida humedad de sus labios gruesos, de sus manos enormes enredando mi ropa como mi piel. En pocos segundos su humanidad se desborda sobre mí, exhala un suspiro largo y se reincorpora. Sus ojos encapotados y rojizos le suman unos años de más pero me agrada, en lo que va de la noche nuevos poros se han abierto sobre su barba antes perfectamente definida y le estampa una dejadez a la que me empiezo a acostumbrar. Balbucea dos palabras sujetándome el rostro y rodándome en la cama debajo de él, me vuelve a besar para luego tenderse dormido sobre mi pecho, como un manto. 


Me pregunto si vale la pena estar aquí, evito a toda costa recordarte pero hay algo de ti en él y quizás descubrir qué sea es lo único que ahora me interesa. He hecho cosas peores por llamar tu atención y en todas he fallado, es como si te hubiese tragado la tierra, como si fueses producto de mi imaginación, como si no quisieras verme o no existieras.

Estiro mi cuerpo con cuidado y tomo un par de fotos de su torso desnudo, de su rostro desencajado sobre mi pecho, nada de esto ha sido lo que esperaba pero al menos está aquí y cuando despierte yo no estaré y necesitaré pruebas que me ayuden luego a no dudar de mi sanidad mental. Cuando llegue a casa miraré las fotos, recordaré su olor, sus músculos fuertes, el color de su piel en contraste con la mía, el sonido incómodo de su voz y seguramente recordaré que tu voz era como una melodía marina, como la brisa que jugaba con mi pelo de adolescente, como arena cayendo por mi piel al sol. Todas las metáforas náuticas escritas en una nota encerrada en una botellita que encuentro al borde de mis pies mojados. Todo eso que eres tú y que trato con furia de restregar de mi memoria pero no se va. 

Evito llamarlo por su nombre así que sin aviso intento deshacerme de su peso empujándolo al otro lado de la cama, despierta y luce perdido, confuso, me mira a los ojos y no espero que me recuerde pero lo hace. 

-Qué bueno que no te fuiste- dice acercándose a mi boca y antes de darme un beso me pide que me quede un poco más, entonces entiendo qué es lo que me recuerda a ti en él. Lo miro, hago un gesto de desinterés, se levanta de la cama y me levanta entre sus brazos y parezco tan pequeña que me río sin cuidado. 
-Quédate- repite. -Por favor- insiste.


Una baraja de posibilidades se abre como alertándome de los escenarios más terribles de quedarme otra noche con él. 
Entonces, me vuelvo a meter a la cama y le sonrío. Las malas costumbres no mueren fácilmente.


12.11.17

0.1

Conservo distancia. Tengo la mirada fija en un solo objetivo y me rodean las más brutales energías, lo sé, lo sientes. Sé que lo sientes, a metros de distancia con mis ojos puestos en tu cuerpo como un rocío que cae y cae y forma hoyuelos de agua, lagunas, mares que atrevesaremos en cuanto rebalse un último paso.
Aún no es tiempo, suena una copa contra otra copa. 
Cuando distraigo mi mirada de tu cuerpo siento un color amarillo invadiendo mi garganta, queriendo salir y gritar que me dejen en paz, sin embargo sonrío un poco, porque avanzo hacia ti sin moverme y tú avanzas hacia mí sin moverte. 

Te rodean tres amigos, hacen bromas que no entiendo, echo humo como un tren repleto de adictos. Pequeños grupos formados al rededor de la sala hablan a los gritos sobre música que algunos bailan pegando los cuerpos, contorneándose lentamente. Otros sacan fotos, ríen, una pareja discute al fondo de la barra, las personas sentadas en el mueble frente a mí susurran sobre mis costumbres, cuentan cosas que suponen y las aumentan, te señalan y eres parte de su conversación, hacen evidente el malestar que les genera que llame tu atención, que preguntes por mí, que te acerques detrás de la mampara a centímetros de mi boca. 

A pesar de estar preparada para el acontecimiento, mi cuerpo recibe este contacto como un choque interplanetario entre mi deseo y mi objetivo. Se siente sobre mi ropa, se siente en mi respiración, en mi saliva en todo mi cuerpo que entrega señales de necesidad. Hablamos un idioma que no tiene traducción solo urgencia, ansias de ser, de existir. 

Me acerco sin vergüenza a tu cuerpo, memorizo el tono de tu piel, la forma de tu barba, la exacta distancia de altura entre nuestras bocas, la armoniosa combinación entre tu perfume y tu transpiración. Me acerco más, hundo mi nariz en el cuello de tu camisa mientras exagero una carcajada que más parece una esfera de fuego. Me quema el cuerpo, cada partícula de mi hipersensible cuerpo.

Pasas tus dedos por mis brazos redibujando mis tatuajes solo para tocarme sin levantar sospechas, siento su aspereza y los imagino dentro de mi boca, exhalo, mi piel se eriza, ¿qué diría Braille de mí? 

Estoy perdida, dentro de esta sala hay un silencio absoluto creado por el ruido de mi corazón que late en todo mi cuerpo, palpita, se agranda, se moja. Eres el único testigo y estás a punto de darte por vencido, todas nuestras líneas magnéticas están tiradas en el piso entre nudos. Quiero que me toques más, lames tus labios, exhalo. 

Todos los demás están ardiendo al rededor nuestro pero para nosotros son solo el impedimento para arrancarnos la ropa. Dices algo y sonrío poniendo mi cabeza en tu pecho, entonces despiertas, pones tus manos en mi cuerpo, y me pegas a ti, son dos segundos entre la vida y la muerte, siento el aire caliente entrar por mis fosas nasales, voy a gritar, te aparto con una mano, camino hacia el final de la sala mientras siento tu mirada fija en el movimiento de mi cuerpo sin saber si seguirme o seguir mirándome, pero tomas la decisión correcta.



27.10.17

Abstinencia

Un sonido agudísimo llega desde la sala a golpearme el tímpano como un directo de izquierda. Quisiera describir el color de ese sonido y la forma en la que aparece, se difumina, se transforma pero  nada de lo que he visto hasta ahora se le parece, algunos colores no tienen nombre en esta dimensión.

Un leve temblor en mis dedos me impide escribir con rapidez, la ansiedad desempolva viejas dudas y en mi cabeza se libra la batalla de la temporada: No recaer. 


Duermo solo para soñar contigo y me molesta despertar cuando no pasa, a pesar de eso, la barrera que he colocado entre nosotros, prevalece. Al principio costó una vida entera. Tuve que limpiar la sangre que me caía por la nariz con llanto y besos de otras bocas. Organicé huracanes en mi sistema con el único objetivo de borrarte de el. Conté nuestros secretos y usé nuestros códigos con cualquiera que aceptara llevarme a casa. Uno de esos días después del esfuerzo, con la fragilidad del vuelo de una mariposa, dejé de pensar en ti.

Podía caminar sin buscarte en cada lugar, sin que me aparezca tu nombre en pistas y paredes y sin sentir tu olor irritándome las membranas más sensibles de la necesidad.  Pero, y sin poder explicar cómo, uno de esos días volví a pensar en ti.

Necesito un poco, solo un poco. 
Necesito un poco más, nada más.


Camino sin rumbo para evitar que mis pensamientos me controlen, cuento el ritmo de mis pasos para que no suene tu voz en las esquinas. Quiero correr a buscarte, en cambio vuelvo a casa y me encierro a saturarme de litros de café, cigarrillos y montones de caramelitos de naranja. Distraigo mi necesidad de ti con paliativos que aun cuando nunca logren saciarme, me mantienen viva.

Cada día es un logro, tengo los hombros llenos de galones de resistencia, de haberte sobrevivido y sobre todo de haberme abstenido y aunque aún no he recaído, necesito recaer. 


Ven.




17.10.17

Octubre

Doce menos quince de la noche del día en que te diste cuenta que otra vez no lo habías recordado. Antes, estos momentos eran pequeñas derrotas que te arrastraban a la realidad de saberte hundida en su cuerpo salado y húmedo. Hoy son hitos demarcatorios entre dos países que ya no existen. 

Quizás haya cumplido cuarenta y dos o cuarenta y cinco años, quizás haya dejado de fumar o cambiado el vicio de sus horribles cigarrillos Winston rojos por un vaporizador que guarda en el bolsillo derecho de su sacón y que hace perfecta rima con el color del borde de sus lentes oscuros. Quizás aún tenga esa barba que cubría la cicatriz de su mejilla y casi nada de pelo en la cabeza. 

Es caprichoso sentir que los recuerdos amontonados hacen malabares para ser mencionados pero la claridad no los alcanza. Nuevos recuerdos se amontonan sobre ellos y saltan más alto, hacen ruido de circo y sueltan flechas llenas de sabor a besos que tampoco están. 

Entonces te das cuenta que el olvido es el reemplazo de recuerdos por otros nuevos y temerosa de eso, te sientas a escribir una carta que deberá ser entregada apenas acabe octubre, cuando sepas con certeza que tendrás otros recuerdos que te hagan olvidarlo a  él también.

En la carta hablas de la forma de sus manos y de esa sensación amaderada de su piel, del olor que era un sello de su sexo y de la forma de su miembro. Dibujas con adjetivos su ansiedad por sentirte, repites en forma de canción cada frase que te dijo y la cantas mientras aguantas las ganas de llorar. 

Le hablas de las ganas que tienes de verlo, de sentir su respiración caliente en tus labios, de cómo ha ocupado los recuerdos de quien parecía ser inmortal, inolvidable, sangre en tus brazos. De cuánto quieres que vuelva, que venga, que te diga que no hay nadie más que tú, que salden su deuda nocturna y que al amanecer te diga que tu sonrisa es la más hermosa que ha visto. 

Le cuentas en la carta que a veces también lo olvidas pero que hasta ahora, siempre regresas al hogar de su recuerdo como el hijo pródigo, derrotada ante una casa vacía de él, de sus deseos, de sus letras y a pesar de eso, te metes a la cama a tocarte diciendo su nombre, aunque él ya no recuerde el tuyo.


RSVP








27.9.17

Heroin chik

Me levanté de la cama al rededor del mediodía, había logrado dormir casi cinco horas seguidas y a pesar de sentir la luz filtrándose por la ventana, cegándome y obligándome a entrecerrar los ojos me sentí aliviada. Cargaba kilos de peso invisible en mis hombros y estaba en pleno descubrimiento de la fórmula secreta para eliminarlos. "Todo está dentro de ti" dice el título de un libro sobre la cabecera de mi cama. Revuelvo otros libros similares con apuntes a mano y crayola de una letra que parece mía. Todo es tan frágil, parece mentira. Toco mi cuerpo y me pregunto si soy real. Salgo al balcón y la luz es mil veces más fuerte, pero su calor es maravilloso, paso los dedos por mi piel y sé que esto no puede ser otra cosa más que la muerte. 
Lo había intentado todo, lo pensaba todo el día pero no recordaba haber llegado tan lejos. Reviso mi teléfono mudo por las últimas horas. Antes de las cinco de la madrugada de este día no dejaba de vibrar, estaba permanentemente activo. Comentarios, menasajes de texto, llamadas perdidas, todo el mundo quiere verme pero nadie me ve. 
Huelo la almohada desesperada. Desperté sola y eso no es posible. Busco debajo de la cama sus zapatos, encuentro un par de alpargatas doradas que podrían ser de cualquier persona, pero no sé de quién son. 
-¿¡Me ves?!- grito desesperada desde mi balcón hacia el edificio del frente. La persona dentro del departamento cierra su ventana. ¿Me ves o no?.
Toco todo lo que puedo, paso mis dedos por la madera, por mi piel, por el borde de mi frente y mi nariz, toco algo frío, algo caliente. Toco mis propias yemas de los dedos. Escribo un mensaje en mi teléfono. ¿Estoy muerta?. Nadie contesta.
¿A dónde se va uno cuando muere?, le pregunto a la imagen de mi abuela en mi mente. Aquí todos dicen que ella debe estar cocinando, riendo, compartiendo con sus otros familiares muertos pero ¿tendría sentido? ¿por qué estás tan bien si estás sin mí? ¿por qué estás tan bien mientras yo sufro?. 
Tranquila. Respira.
Tengo experiencia vistiendo y maquillando muertos, he vestido y maquillado a mis propios muertos y he soñado mil veces conmigo vestida de rojo dentro de un ataúd, como en una película de Hitchcock en la que despierto justo antes de ver mi rostro, excepto el día que no despierto. Pero despierto siempre. 
Toqué sus manos por última vez. Amo la sensación de tocar. Todo vuelve a mi cuerpo cuando recuerdo algo de tu piel. 
Entonces, sé que ayer pensé lo mismo y que el día anterior, también y así cada pocas horas. "Solo tú puedes salvarte" dice la portada de otro libro tirado entre los sillones en los que me dejo caer como una hoja, siento mi cuerpo crujir, siento cada átomo, cada molécula, tengo recuerdos del día en el que nací, solo con rozar las yemas de mis dedos siento la barrera placentaria, mi cordón umbilical. Me pregunto si pasará como en las películas. Ese flashback de los mejores momentos de tu vida fragmentados en milésimas de segundo pasando ante tu mirada resignada. 
-Lo peor que podría pasar es que no aparezcas en ningún flashback ajeno, ¿no crees? - le pregunto al reflejo y me avergüenzo segundos después. 
Siento mi cuerpo derretirse como una muñeca de plástico en un horno, no hay dolor, solo siento que me escapo de mí, me desmaterializo, palpito en el piso en forma de masa como pequeños espasmos.

"¿Alguna vez te reíste tanto que te dolió la panza? Trata de no olvidar con quién estabas." Escribo en un papel sobre la mesa con manos cansadas y vuelvo a la cama. 






14.9.17

No te vayas si no lo logras

Estás sentado frente a mí tocando el piano que hasta antes que llegues era solo un adorno en mi sala. Pienso sin orden, un montón de palabras corren en estampida por mi mente pero ninguna sale de mi boca, ninguna es tan hermosa como mi nombre en tu voz. Siento sin orden, amo lo que no conozco y no sé cómo se formó tanta paz en mi rebaño. Todas las ovejas duermen, los lobos no acechan, al contrario, nos cuidan y el pasto es de un color tan hermoso que seguro no tiene nombre aún.

Me muevo sin orden, olvido el ritmo, olvido el tiempo, avanzo todo lo que puedo hasta que no pueda más, allegro, allegrisimo, tengo miedo de no alcanzar, de no tener más espacio para ti en mi cuerpo. Te beso sin orden, de abajo a arriba, por delante, con los ojos, con las manos, te beso y me olvido del día y de la hora. Como cuando estamos enredados en la cama debajo de las sábanas hablando de nosotros, reímos fuerte y nos alumbramos con linternas, contamos historias, volvemos a ser niños y desvelarnos es nuestra travesura favorita. Tu risa suena más fuerte ahora pero tus ojos siempre serán los mismos.

Canto para ti, dolcissimo, furioso, dolente, doloroso, entonces me repites que el amor no tiene que doler, que el amor cura, que el amor ordena todo y te creo pero mi desorden es muy grande, sacudo la cabeza para asegurarme de no decirlo en voz alta, sonrío y sé que tu amor ordenará todo. Solo te pido que no te vayas si no lo logras.

9.9.17

¿Cómo así, mi chinito? ¿Se va sin despedirse?

Chinito:

Otra vez he soñado contigo, pero esta vez ha sido diferente, ha estado todo más gris, todo más frío. Yo pasaba por tu lado viéndote y haciendo como que no te veía y le escupía al piso un conjuro gitano para no tener que verte nunca más. Tú me miraste hasta antes de eso y sonreías con la cara de tonto que pones cuando no entiendes nada.

Le escribí a Alonso antes que a ti, le conté del sueño y le dije que no recordaba cómo era mi vida antes que tú llegaras. El pobre conoce más que nadie mis arrebatos pero hasta para él es confuso que un minuto parezca que no puedo vivir sin ti y al otro me ponga a quemar nuestras fotos riéndome de lo ilusos que fuimos. Digo "fuimos" porque aunque ahora tú quieras creer que aquí no pasó nada, alguna vez lo dudaste. Por más que aquí no pase nada, sé que lo sabes, sé que alguna vez lo dudaste. Intenta negarlo si quieres, no tiene sentido ahora que ambos sabemos que no vas a volver.

¿Pero, cómo así, mi chinito? ¿Cómo se va uno por completo? No pienso pedirte que vuelvas aunque la abstinencia me haya golpeado hasta sangrar. No vuelvas, porque ahora que te fuiste no dejaste ningún espacio vacío, nada me angustia de tu ausencia y si volvieras se sentiría como seguir masticando un chicle que no tiene sabor y que luego nada más te va a dejar la panza doliendo. Yo creía que al igual que con los otros, nos íbamos a sentar un día a tomar un café y de vez en cuando nos dejaríamos llevar por el deseo en alguna calle desolada pero tú no eres igual a los otros porque tú no entiendes nada y solo pones esa cara de tonto y te ríes nervioso y puedes ver lo que quieres ver en cualquier lugar. 
El ojo humano puede distinguir casi un millón de colores, el universo es más grande y también la imaginación, pero tú nunca pudiste distinguirme a mí entre tus ganas y tus necesidades, yo tenía un color cualquiera y no lo soporto. No puedo aceptarlo. 

Entonces, ¿cómo hace uno para un día estar y al otro no? 

Cuando leas esto, seguro vas a poner esa cara de tonto que no entiende nada y te vas a preguntar si es lo que crees. Seguramente no. Pero si quisieras, podría.


Pd: Yo no odio a nadie.


Eme.

3.9.17

18

Tu piel me recuerda sabores de antiguos deseos, de frases inconclusas interrumpidas por otra boca con la misma ansiedad que la mía. Voy de arriba a abajo con mi lengua, con las yemas de mis dedos, con mi propia piel, como si pudiera impregnarme de ti. (Eso quiero).

Cuando duermes juego con tus manos, invento palabras en sus líneas y en todos los futuros escribo mi nombre, golpeo mi cigarro y el humo mezclado con tu olor es mi nuevo aroma favorito, repaso cada una de tus facciones para luego llenar montones de hojas de mis cuadernos con dibujos de tu cara bonita, de tu carita de niño malo y triste. 

Intento descubrir cómo funciona el corazón cada vez que te veo sentado a contra luz con tu cabello largo como una cortina que se engancha detrás de tus orejas pequeñitas. De pronto volteas a mirarme, me encuentro descubierta, sin máscaras, sin corazas, desnuda desde adentro hacia afuera y todas mis teorías se caen haciendo un enorme ruido que me asusta, se me nota y me sonríes. Tus ojos se hacen chiquitos y tus dientes brillan entre los pelos de tu barba, sonríes y en algún idioma significa que me entiendes, que ves mi miedo y no te asusta, entonces sonrío también.


Dibujas flores con lapicero morado sobre mi piel que se borran como fotos antiguas y se mezclan con los morados de las marcas de tus besos. A veces el silencio, a veces los gemidos, a veces las palabras que por primera vez tienen sentido, te miro y logro entender otros dolores, los míos dejan de doler, no existen.

Nos contamos historias de vidas pasadas en el colchón en el suelo mirando el techo con la iluminación amarilla del farol de la calle mientras trenzas mi cabello corto que no sé por qué te gusta tanto. No puedo creer lo que está pasando.



Escribo lo que puedo y lo que no puedo, lo vivo. 


22.8.17

Boom


Estoy aquí para cumplir todos tus deseos. Lo que sea que hayas imaginado de mí, aún cuando no se acerque a lo que soy. Yo ya no soy si no es para ti, si no estoy en ti, si no es por ti. Quiero ser migajas de pan en tu suelo, tu canción favorita, el color de tus ojos, quiero ser de ti, úsame.

No volveré a pedirte que te vayas a menos que tú quieras y si quieres que te busque, iré detrás de ti. Me vestiré de sol en tu invierno y seré viento fresco en tu regazo en las noches de angustia. Morderé tus labios mientras te alimentas de mi carne, bailaré en tus pestañas y seré tu escudo.

Haré canciones con tu nombre, poemas en tu espalda, dibujos con mi lengua en tu cuerpo, cocinaré para ti, dejaré de comer o comeré más, lo que pidas en voz alta, a los gritos o entre dientes, entre tus dientes.

Multiorgasmos, multiversos en mi cama, en el suelo, en la calle, en mi boca. Eclipses, sombras chinescas, efectos secundarios, quiero ser todas tus desviaciones, quiero que tú mandes, por favor.

Me meteré en sus sueños, te despertaré de las pesadillas, cada noche inventaré un cuento distinto, me pondré otro nombre y tendré un nuevo tic, un nuevo TOC, un poco de crack, un ying y un yang, enloquecerás y cuidaré tu llanto. Oh, si existe un dios es su deber salvarme, si existe un dios y no me salva pelearé contra él. 

Sangre en la nariz, soy de ti. Oh, si existe un dios debes quererme al acabar de leer esto o no habrá nada que te salve.

3.7.17

Wish list

Quiero que me hables de la irremediable necesidad del ser humano de destruirse y destruir su entorno, todo lo que lo rodea. Que me cuentes grandes fracasos históricos mientras haces cafune en mi cabello corto. Quiero que me muerdas la piel, que dejes la marca de tus dientes grandes y blancos y digas que tengo sabor a frutas. Quiero que me digas al oído "así se le hace el amor a una reina" después de dejar mi cuerpo temblando por tanto placer. Quiero leer tu mano derecha y fingir celos de tu suerte. Quiero cantarte una canción triste y que juguemos a cambiarle la letra. Quiero que salgamos en madrugada a dispararle a las palomas desprevenidas y cuando hayan caído muertas, tomarles fotografías sin ningún tipo de culpa o pena. Quiero dividir pastillas para dormir entre los dos y que recitemos cadáveres exquisitos al filo de la cama. Quiero escucharte cantar con tu guitarra y envidiarte y no decírtelo para que no te sientas superior. Quiero llorar entre tus brazos, que me digas cobarde y sentirme cobarde para no soltarte más.

Quiero que vuelvas, que conviertas las distancias que nos separan en nuestras pieles friccionándose apuradas y necesitadas. 


Quiero que vuelvas siempre.

26.6.17

Microdosis

Sonríe mirándolo mientras el olor de sus pestañas chamuscadas con el fuego del encendedor verde inunda por dos segundos la mínima distancia entre su cuerpo y el de él. No entiende la música pero le parece que todo está a menos dos revoluciones por segundo, el ritmo con el que él abre y cierra los ojos hace en su cabeza una canción distinta cada vez y no sabe cómo expresar su felicidad. Despide una sonora carcajada mientras tira la cabeza hacia atrás y se retuerce el dedo índice de la mano izquierda contra las pestañas del mismo lado chamuscadas segundos (¿minutos?, ¿horas?) atrás.

Él tiene el peso de su cuerpo sobre el codo derecho y las piernas enrolladas hacia atrás, usa pijamas recortados que encontró en el ropero de Eme y un sombrero que imita la cabeza de un león, inventa rimas sobre una canción de Chance the rapper y pela ordenadamente un ejército de mandarinas sobre una tabla de madera.

Es el quinto día de invierno en Lima sin embargo el sol se ocultó al pasar las 18 horas. La noche anterior rentaron un telescopio que no les dejó observar lo que buscaban pero los mantuvo despiertos hasta el amanecer. Sacaron seis fotos con una polaroid que él había conseguido días antes en un remate y las colgaron en los cables para tomarles fotos con la cámara digital de Eme. 

-Va a llegar un día en el que te vas a ir- dice Eme poniéndose bruscamente sentada de espaldas a él y sujetando su cabeza con ambas manos. 

Él se acercó paseando dos dedos por la espalda de Eme y exhalando el humo de su cigarrillo le dijo: Si dejas de pensar en eso, dejo que tú te vayas primero.




15.6.17

Tú no. Tú, sí.

1. Elige una canción y repítela sin parar:
La ultima canción que escucharon después de hacer el amor, la primera canción que vino a tu mente cuando la viste por primera vez, una que te recuerde tu desdicha con acordes menores, tan tristes y sin sentido como tú. Repítela. Repítela por días. Escucha cada palabra, una por una y repítela junto a su nombre.

2. Relee sus conversaciones:
Relee sus cartas, dibujos, correos electrónicos, mensajes de texto, relee todo. Busca en cada palabra un enigma e intenta descifrarlo. Qué dijo antes de esa palabra, cuántas veces en todo su historial encuentras esa palabra. Repítela. Hasta que pierda sentido, hasta que fonéticamente haya ganado otro significado. Busca otra. Memoriza todos sus mensajes. ¿A qué olía ese día? ¿qué ropa tenía puesta? ¿estaba triste? ¿de qué color era el cielo? ¿cuántos pasos diste antes de besarla? todos los detalles deben estar ordenados minuciosamente, todos los factores cuentan.

3. Inteligencia artificial:
Si seguiste bien el paso 2, este será sencillo. Elige un extracto de alguna conversación que hayas memorizado, continúa con un tema nuevo e imagina todo lo que ella diría, cómo lo diría, cuántas veces diría sus acostumbradas muletillas, cuántas veces se tocaría el cabello, cuántas veces se perdería en medio de las palabras esperando que tú continúes. Su voz enérgica, su voz somnolienta, su voz antes del orgasmo y su voz después. Su risa. Toma un café y habla con ella en tu imaginación. Mira una película y responde las preguntas que seguramente te haría si estuviera ahí.

4. Todas son ella:
Nunca debes no pensarla. Su nombre se repetirá en cada sonido. En cada pantalla de televisión, en cada libro, en cada página de internet. Cada persona que se cruce en tu camino será ella, vivirás sobresaltado, ansioso, en constante expectativa de verla aún en los lugares más inauditos, conociéndola como la conoces. Sentirás su olor, esperarás intencionalmente a media cuadra de su oficina a las seis de la tarde uno de tus días libres para intentar que te vea y te reconozca y no pasará. Volverás rendido, la verás  en todo el camino,  intentarás coquetearle a alguien en el metro, le dirías el apodo secreto que solo los dos saben y cuando nadie te responda, te darás cuenta que solo lo estabas imaginando, y estará bien, recuerda el paso 3. 

5. Actualización de datos:
Debes saber siempre dónde está. De cualquier forma llegarás a ella. Fingirás desinterés cuando los amigos la mencionen pero preguntarás disimulando todo lo que puedan decir. Durante el día, revisarás su conexión a internet y pensarás qué estará haciendo, pensarás en cada detalle, en cada posibilidad. Por momentos tu cabeza estará a punto de explotar, te sangrará la nariz y llorando sobre tus rodillas desearás morir. Te reincorporarás, sentirás que no es nada, que nunca fue nada y que ella está mejor así, sin ti. Encontrarás a alguien que ponga su atención en ti, no será ella pero al menos será alguien. No te besará como ella, no te hará el amor como ella, pero estará ahí para ti. No tiene sus hombros, no tiene su sonrisa, no se excita tanto. No es ella, pero está contigo. 

6. From bad to worse:
Lograrás dormir un par de horas por las noches, será menos común imaginarla, habrás dejado de creer que probablemente fue todo un hechizo y que cada mosca que encontrabas en tu casa era una señal de brujería, sentirás que el nudo de tu espalda te permite caminar con normalidad, cambiarás tu look y comprarás un nuevo reloj y un día que no pienses en ella, que el mundo gire con normalidad y que estés aprendiendo una nueva canción mientras ves la hora de tu nuevo reloj, ella aparecerá. Y todo volverá a empezar.



8.6.17

Sopla que me quemo

Antes de hoy te escribí montones de cartas a mano. Les puse tu nombre grande, casi rompiendo el papel de tan fuerte que lo escribí y les prendí fuego. Me quemé las yemas de los dedos pulgar y medio de la mano derecha. Me cegué por largos minutos por mirar el fuego tan cerca y durante horas cada vez que cerraba los ojos, veía tu nombre escrito en letra blanca rodeado de miles de puntitos plateados.

Me senté en una esquina del cuarto a llorar abrazada a mis rodillas. Toqué mi pelo y lloré estridentemente asustando a los vecinos que se acercaron a tocar la puerta. Hablé por el interlocutor y le dije al guardia del edificio que estaba bien, que disculparan el ruido, que no llamaran a los bomberos, que no recibiría visitas y que por favor nadie tocara mi puerta.

Me tumbé en el piso mirando el techo con tu nombre apareciendo como flash de discoteca en cada pestañeo. Estoy acostumbrándome a verte en todos lados. Tu nombre se volvió el más común del mundo y lo único que quiero es no pensar en ti. Sentí el frío del suelo en mi espalda, puse mis yemas quemadas contra las losetas heladas, sentí dolor y las presioné más. Prendí un cigarrillo y lo apagué furiosamente contra mi antebrazo. 

Tú volviste, tú volviste.

Una vez me quedé dormida con un cigarrillo en la mano sentada contra mi ventana. No había dormido por más de diez días y el sueño llegó sin esperarlo, cuando desperté, la cortina se había prendido fuego, el cigarrillo se había consumido con ella y yo seguía pensando en él. Ahora él eres tú y esa cortina es lo que me queda de vida.

Pasé los dedos por la bola de agua en mi antebrazo, resultado de la quemadura del cigarro y la rompí, jalé la piel, sangré, pensé en ti. Cerré los ojos, vi tu nombre, abrí los ojos, vi tu nombre. 

Por mis venas corre gasolina, me quema el cuerpo, mi cabeza está en llamas, mi corazón arde, por favor, por favor, deja de incendiarme. ¿Por qué no te es suficiente el calor de mi piel?






1.6.17

01 de junio.

¿Cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Me traicionó, me negó, transformé su agua en vino y le escupió encima, me entregó al enemigo por unas cuantas monedas, latigó mi espalda, clavó un puñal en mi costado, pateó a mi madre y me enterró viva. A los tres días volvió y renegó por encontrarme casi muerta. ¿Setenta veces siete? 

Una vez besó desde afuera una ventana mientras me miraba y yo a metros de distancia sentí el calor de sus labios, corrí a buscarlo y ya no estaba pero había dejado su nombre en el pasamanos, grabado con la misma navaja con la que me acorraló exigiendo mi silencio, ahí también lo perdoné. 

Puse la otra mejilla por cocaína y compañía, resucité a su hermano muerto lamiendo sus heridas, multipliqué sus panes y se los di en las mañanas de resaca untados de necesidad y de pena. 

El apóstol más rebelde del rebaño tiene un nuevo sol sobre su espalda y sigue bello, le siguen lloviendo pétalos de flores de mujeres que creen que sus facciones dibujadas son sinónimo de bondad, que sus manos suaves no podrían nunca ahorcar, casi matar. Ingenuas todas y yo la peor de todas


26.5.17

RSVP

Esta no es una carta de suicidio. A lo mucho es un pedido desesperado de ayuda. Las cosas aquí de pronto se oscurecen y en lugar de huir, corremos hacia el huracán. Hacemos lo posible para meter la mano a la boca del león, tenemos los dedos mojados en el tomacorrientes y le abrimos la puerta de la casa a un desconocido armado cada vez que vuelve.

Alejandro, ¿qué hicimos de nosotros?. Tú solías decir que a nosotros "nos hicieron así". "Los golpes de la vida", decías, "somos producto de la maldad del mundo". Pues yo no lo soy más, Alejandro. Este último año sí lo cumplí y en estas últimas semanas mi corazón ha corrido a dos vidas por hora. Mis manos tiemblan, se me cuela el frío en la piel y no quiero hacer nada más que escapar pero no sé de qué.

Dicen que se necesitan 21 días para adoptar un hábito, hasta ahora siempre me interrumpo antes de la fecha. La última vez no aguanté ni 24 horas y ahora tengo las manos más frías y el corazón parece un caballo desbocado. 

Se sienten pasos en la habitación, repito una canción a todo volumen para no escuchar el ruido de su efecto en mi cabeza. Antes los colores se veían hermosos, ahora todo es blurry y se suma una voz que dice te lo dije repetidamente hasta que me sangra la nariz.

Si pudiera retroceder el tiempo y no dudar, lo haría, no dudaría. 

Siento miedo de mí. Lloro amargamente y arrastro mis uñas por mi rostro y por mis piernas, maldigo mi vida revolviéndome en una esquina de la cama y luego me levanto, cambio de música, bailo ante el espejo aflorando al máximo mi sexualidad y me olvido por poco rato. Las manos me queman, tengo las uñas pintadas de rojo y siento que por eso queman más. Ya no tengo frío. Hasta que volteo la mirada y entonces todo empieza de nuevo.

No quiero morir, Ale. No quiero. Pero esta vida ¿así? ¿a ti te parece justo? Los católicos dicen que dios le pone en los hombros el peso que sus hijos pueden cargar, no más, no menos. ¿Qué demonio me maneja? ¿Quién está en mi cabeza haciéndome esto?

Quiero dejarlo.

Tengo miedo de decir "esta es la última vez" y que lo sea, no quiero decirlo, quiero que la última vez sea en pasado y no en futuro, ayúdame.

No estoy segura en ningún lugar y por eso te escribo a ti. Necesito que vuelvas a casa y me cuides, que me cortes las manos si es necesario. Todos los demás quieren hacerme daño y todos quieren ser él, excepto él. 


Esta no es una carta de suicidio, pero lo será si no vienes. Vuelve a casa, Alejando, sálvame.


24.5.17

Cuanto más me sujetas más miedo tengo de caer

Veronika camina en puntillas de pies desde la cama hacia la mesa de noche en donde hace pocas horas dejó su teléfono y una taza de manzanilla a medio tomar. Un mensaje de texto de hace dos minutos le pregunta "¿Con qué nuevo pensamiento has amanecido el día de hoy?".

El hombre en la cama se destapa dándose la vuelta y mostrando la espalda, tiene la cabeza sobre la almohada y la almohada sobre su brazo derecho. La pierna de ese lado tensada sosteniendo el peso del cuerpo, el otro brazo cuelga de la cama y la pierna izquierda recogida hacia su pecho.

Ella lo mira, lo analiza, lo sobre analiza, necesita entender el ritmo de su respiración, sus dientes apretados, el movimiento circular de sus ojos, necesita adivinar qué está soñando. Saca de su bolso tirado al filo de la cama un cuaderno y un lapicero y escribe cada palabra que viene a su mente mientras lo mira. Ve su frente amplia y escribe montañas, la oreja visible, roja por el calor que hay en la habitación y escribe sunset, la punta redonda de su nariz le recuerda a un poema de Giovanna Pollarolo, sonríe y escribe vidrieras.

El hombre en la cama no se mueve. Veronika hace un esfuerzo por dibujarlo aprovechando su quietud pero sus manos no le hacen ningún mérito al acompañante y prefiere tomarle una foto con su teléfono. Necesita registarlo todo. Hunde su nariz en la camisa colgada en la silla que está a su lado deseando poder conservar ese olor a sudor, marihuana, Marlboro azul y perfume 1955. Anota "1955" en su cuaderno.

El teléfono vibra anunciando un nuevo mensaje: "¿Hoy tampoco me vas a responder?". Piensa en lo absurdo de la pregunta: "Si respondo sí o no, habré respondido. Si no respondo, también".

Camina fuera de la habitación, es una casa grande en el centro de Lima. Hasta el quinto piso se empiezan a escuchar las voces de los cambistas que habitan las veredas rojas de la zona. Son las siete de la mañana y el emisor de los mensajes podría pasar por esa vereda en la que pisos hacia arriba Veronika fuma ansiosa en la ventana.

La nostalgia despierta y el hombre en la cama aún no. Desde hace algunas noches duermen juntos, se conocieron hace trece días y él la invitó a quedarse, le dio una copia de la llave y ella la aceptó advirtiendo sus ausencias. Las noches que pasan juntos,él hace la cena, ven vídeos de música, se cuentan historias de la infancia y hacen el amor hasta la madrugada. 

Veronika fuma sentada al borde de la ventana, la ansiedad le recorre el cuerpo, sabe que puede caer. Está al borde, siente frío, tiembla y la ceniza se hace parte del clima bipolar de Lima en mayo. Una voz en su interior le grita que salte, cae la primera lágrima de la mañana. Si salta es muy probable que no muera aunque podría quedar malherida. Una lágrima más seguida por una sonrisa que se le dibuja al pensar en lo absurdo de saltar solo cinco pisos. Sin embargo, también piensa en el emisor de los mensajes y en las crueles analogías que la vida le pone por delante.

Se escucha la voz del hombre en la cama, adormecido, estirando su cuerpo mientras la llama por su nombre y la saca del estruendo en su cerebro que le exige que se entregue, que salte esos cinco pisos, que responda los mensajes y se deje caer.

Lentamente Veronika suelta su cigarrillo y vuelve a la cama en puntillas de pies. 


2.5.17

Chinito:

Esta mañana he despertado triste, pensativa, con nostalgia de ti. Ni bien he abierto los ojos he visto tu imagen. Pero no eras tú, era un fantasma que he inventado para conversar todas las noches antes de dormir y que tiene tu voz y tu risa, lo más importante de ti. Tu voz es un conjunto de imágenes maravillosas, de colores que inventaron un nuevo color y este dibuja un puente que me lleva a tus ideas. Y tus ideas, dices que no te callas nada, que dices todo lo que piensas pero no lo creo y ahora que estás lejos siento celos de todos los que te escuchan y de todo lo que no dices que no puedo imaginar porque no te puedo ver. Tu risa es otra historia. Interrumpe tus palabras entre tus dientes y escapa como un viento suave y dulce, controlada siempre, siempre unísona, moviendo los hilos de tu barba como la vela de un barco conquistador. Cómo se ponen tus ojitos cuando ríes, chinito. Seguro que allá todas juran morir de amor por ti pero seguro que ninguna te escribe todas las noches una carta o una canción o un verso. Seguro que ninguna se inventó un dios solo para poder rezar por ti y por seguro, mi chinito, nadie te va a besar como yo.
Aquí a veces huele a jazmín, trato de ocupar mi tiempo y hacer cosas productivas y es esa productividad a la que nos obligan la que me hace sentir inservible y miserable. Hace días lloraba en el metro y un muchacho se acercó y me dijo que uno llora para consolarse a sí mismo, que yo no me veía como una mujer a la que le puedan romper el corazón. Ahí no más se bajó y nos quedamos mirando, él en la estación y yo arriba del carro que parecía que se había grabado esas palabras y las repetía estruendoso.
¿Tú qué crees, chinito: hace más frío ahora que en el año pasado? En ese tiempo podíamos acurrucarnos en la cama a enredar nuestras piernas, eso no era frío, ¿no? Era un hada madrina, una celestina que me premiaba contigo por todo el mal que me hicieron antes. Estoy cansada, chinito. Cada vez que pienso en ti pierdo una apuesta conmigo misma. Lo bueno es que tengo una ruma de poemas y en los días en los que todo repite tu nombre, ellos me dejan dormir encima de sus letras para no sentir que ya no tengo nada. 
¿Es más joven? Más bonita no creo y tampoco creo que te pueda querer más pero quién sabe lo que tú quieres. En tu última carta hasta parecía que escuchaba su voz, la escuchaba riéndose contigo de mí. Esa noche reuní todas mis fuerzas y me dispuse a viajar a donde estabas, en el camino me distraje y terminé en una cama tan ajena como acogedora y no creas que te escribo esto para que sientas celos porque sé de sobra que no sientes nada, que eres como una pared, una piedra, un pedazo de madera. Cualquier objeto inanimado siente más que tú, te maldigo y luego lloro. 
¿Qué te da que no te di yo? Te hice pasteles, galletitas, cuidaba que tomes agua y te pongas medias en las noches, te cantaba para que duermas y te despertaba haciéndote el amor, toda mi ropa era nueva para ti y perfumaba mi cabello y mi aliento antes de verte. 
Mira chinito, uno de estos días me voy a olvidar por completo de ti solo que aún no sé cuándo, por ahora escribo con una mano y con la otra sujeto mi corazón tan raro y tan torpe, tan ciego el pobre, tan tuyo.
Le doy besos al viento creyendo que te los va a hacer llegar, creyendo que los vas a sentir, qué gran pérdida de tiempo, ¿no? Esto va a pasar hasta que alguien se cruce entre nosotros y me robe esos besos o hasta que me digas con todas sus letras que deje de hacerlo, lo que pase primero.
Espero que al menos respondas esta carta y mis preguntas. También espero que si aún me quieres no puedas volver a tenerme nunca; porque si no me quieres, no existiré más.


No me pongas tanta sal en las heridas, chinito.

Eme.

27.4.17

Duermo poco para evitarte.

Todos los días a esta misma hora tengo una bandada de palomas en la cabeza que en cada aleteo me dicen que ya no estás pensando en mí. 
Que todos los días a esta misma hora en la que yo me atormento con sonidos que salen de un cuarto oscuro dentro de la casa que habito y aún no conozco, tú estás besando a alguien de reemplazo. 

El espejo tiene piedad y se rompe antes de mirarme, casualmente sucede que algo me empuja y caigo de rodillas y sangro poco y me pregunto si aún estoy viva, si aún estoy, si aún. 


He despertado de peores pesadillas pero hay un humo extraño en esta historia que baila y me envuelve y quiero cortar pero es solo humo, quiero arrancarlo de raíz pero es solo humo. 


Hice un barquito con mi receta médica y lo puse en la tina. Lo miro navegar y es sorprendente porque va contra el viento, marea abajo, triángulo de las bermudas. Es solo un barco de papel me digo y recuerdo cuando no te quería y tú me diste una flor de papel y una gran cantidad de madrugadas. Pero tú eres otro, siempre.

Y ahora parece que cumplí un año más, perdí mi cabello, rompí una promesa y dejé que se repita otra vez la misma historia, pero ahora ya no sangro. Entonces te escribo un e-mail que nunca envío y acto seguido, elimino todas mis cuentas agobiada por la cantidad de gente que me busca y no eres tú.  Increíblemente todos me sobran, pero tú no. 


Los minutos en mi ciudad pasan marchando en fila india cantando arengas de guerras perdidas. Al otro lado de mi casa hay una casa y ahí también estoy yo y me alegra saber que tú no estás. Hasta ahí llegan reptando algunos recuerdos heridos, les doy la última unción y los dejo morir. 

Escribo esto. Soy mi casa. Me calmo. Ya no sangro.

La hora pasó, todas las palomas en mi cabeza caen a la tina en forma de agua salada por mis ojos y se calma la marea. Algunas se meten en mi boca y estoy tranquila porque tengo el sabor de algo que no eres tú aunque eso signifique también que tú tienes a alguien que no soy yo.









8.4.17

Cuando estás aquí te veo desde mi ventana - II

Cruzamos mal los dos semáforos de distancia en plena conciencia de nuestro error, riéndonos, casi corriendo. Llegamos al edificio y nos detuvimos en el pasadizo de la escalera a besarnos. Yo contra la pared y él contra mí, mis piernas abiertas se paseaban sobre sus pantalones y lo acercaban más, como si fuera posible. Él buscaba la llave con una mano, con la otra me apretaba el culo. Encontró la llave y me lo susurró entre dientes que me mordían el lóbulo, mientras mis manos despeinaban aún más su pelo ondeado y sentían nacer la transpiración de su espalda.

Subimos las escaleras como pudimos, no vive solo pero la casa estaba casi vacía, se sentó en un sillón alargado tapado con un cobertor verde agua en la mitad de la sala frente a una ventana que da a la cocina de otro departamento, ninguna de las ventanas estaban cerradas y sentí que eso lo excitaba aún más. Me quité la ropa y me senté sobre él mirándolo de frente, me puso las manos en las nalgas y mientras me movía lo sentía endurecer cada vez más. 

La única prenda que me quedaba puesta estaba tan mojada que me hacía lucir aún más desnuda. Vamos a mi cuarto, dijo. Se puso de pie, cogió con una mano la laptop y los cigarrillos y con la otra tomó mi mano y caminó delante mío por el pasadizo de la sala hacia el cuarto mientras que en mi cabeza habían cesado todas las guerras y solo escuchaba su voz y un sonido similar al de los caracoles que juntaba de niña y me pegaba al oído para escuchar el mar. 

Nuestra torpeza inicial fue sinónimo de nuestra necesidad de estar uno en el otro, y sentir esa desesperación en su cuerpo me excitaba casi tanto como sentir su sexo duro y caliente paseando por mis muslos, me hacía pedirle que lo meta, me hacía pedirle que lo haga más fuerte. Siempre más. 

La misma electricidad de un roce de manos pero en distinta intensidad. Su cuerpo sabía qué hacer con el mío y mi cuerpo sabía qué hacer con el suyo. Mi boca, mi pecho, mi ombligo, mi trasero, toda yo era desde ahí parte de él, éramos un solo sabor, piel contra piel sobre una cama que rechinaba, mis jadeos de placer se hacían cada vez más altos y él tiraba la cabeza hacia atrás cada vez que acababa, como dejándose ir para volver a empezar. 

Quizás logramos dormir una hora antes que la alarma termine con la fantasía y nos devuelva a la realidad. Yo desperté antes, tomé agua, me rocié su colonia exageradamente, encendí un cigarrillo y busqué entre sus cajones algo con lo que pueda quedarme como un recuerdo que no me haga lucir cleptómana. Me puse su sweater azul y me tomé una foto, abrí un libro y le tomé una foto a un poema sobre dos aves, tomé fotos de las fotos de su novia (o de una mujer a la que él abrazaba) en unos colgadores en la pared con forma de discos antiguos, le tomé una foto a él y seguía dormido. 

Parecía un muerto con los ojos cerrados. No tenía ninguna gracia, no tenía ritmo musical en su respiración, sus párpados estaban quietos, inanimados totalmente, conservaba la misma posición en la que nos adormecimos, no habló dormido, pero despertó diciendo mi nombre. 

Nunca le dije mi nombre.

La alarma estaba configurada para sonar cada cinco minutos durante veinte seguidos, nos reímos de eso mientras nos besamos, ninguno habló del pasado o preguntó por el significado de nuestras notorias cicatrices. Cuando la alarma se detuvo me levanté de la cama y me vestí mirando desde la ventana hacia el parque de los columpios y sabiendo que él me miraba confundido y concentrado a la vez. 

¿Te puedo acompañar? - preguntó con voz baja. Le dije que no. "¿Vas a volver?" dijo poniéndose de pie. Dije que sí y salí de la casa.






Cuando estás aquí te veo desde mi ventana - I


Nos habíamos encontrado dos veces antes en la misma tienda comprando cigarrillos. En esa tienda nunca tienen la marca que yo fumo, entonces solo recurro a ella cuando la urgencia es demasiada y cuando eso pasa no me detengo a pensar en cómo luzco antes de bajar los tres pisos desde mi departamento y caminar seis cuadras hacia la tienda.

Nunca pensé que me miraría. No es algo sobre lo que suela dudar; quiero decir, sé que llamo la atención pero no pensé que se fijaría en mí de esa forma, posiblemente porque yo misma me sentía tan invisible que creía que lo era para todos los demás. 

Salí de la tienda y me senté en la vereda, no tenía encendedor pero no podía volver a entrar porque él seguía ahí, tampoco podía irme caminando seis cuadras sin fumar, así que decidí esperar. 
Pasó por delante mío mirándome fijamente y yo con los ojos semi cerrados lo miré de arriba a abajo esperando que entienda que el mensaje era un no te acerques, soy explosiva en estos momentos.
No lo entendió. Se sentó a mi lado y me ofreció el encendedor, no pude evitar reírme recordando que fue exactamente así como nos conocimos, él me miró sorprendido por mi cambio de ánimo y preguntó si me podía acompañar. 

Sé quién es, sé dónde vive, conozco superficialmente su rutina siendo que vivimos cerca. No es la primera vez que hago esto con un completo extraño y para ser sincera, lo último que me preocupaba era el potencial daño al que me estaba exponiendo.

Fumamos sin hablar por largo rato. Durante algunos minutos olvidé por completo que él estaba ahí, que estábamos en una vereda desolada de un barrio clase media baja en la capital y que en algún momento tendría que volver a casa y reincorporarme a la vida real.

"Nunca duermes, ¿no?" Dijo, intentando romper el hielo. Le respondí con voz entrecortada que si era por mí se podía ir. Una parte de mí esperaba que se fuera, otra estaba conforme con su compañía, necesitaba estar fuera del departamento y el sonido de los carros me ayudaba a no pensar. 

Se levantó y estiró una mano hacia mí. "Vamos al parque" dijo. Sin mirarlo puse el cigarrillo en mis labios y con ambas manos me agarré de la suya y me levanté hacia él. 

Estamos hechos de reacciones a estímulos, como esa sensación extraña en la lengua cuando te imaginas el sabor de algo con muchas ganas o cuando sabes que algo puede ir totalmente mal, como una corazonada. O lo que pasa cuando tocas a alguien y puedes sentir tu piel erizándose y tu temperatura subiendo y bajando en cuestión de instantes. Seguramente tratas de disimular, bajas la mirada o sonríes torpemente, yo no intenté nada de eso, mis pezones se notaban fuerte sobre el polo celeste con estampado de La vida moderna de Rocko, su mano se tensó en un extraño movimiento que parecía necesario para imponer distancia y logré soltarme para hacer el ademán de sacudirme el pantalón y pitar el cigarrillo. 

Caminamos pateando algunas hojas en la vereda, durante dos cigarrillos que duraron las tres cuadras hacia el parque tuve la certeza de que la vida nos viene en círculos, en acciones que se repiten cada cierto ciclo de tiempo y que "esto ya lo viví" es lo más real y lo más absurdo posible porque cada minuto de esta vida somos seres distintos.

Despertamos en su cama a las cuatro de la mañana. Tiene una alarma horrible que se repite cada cinco minutos hasta las cuatro y veinte así la apague. 

No hay ningún misterio en cómo pasaron las cosas. La caminata fue tensa y nuestros cuerpos eran torpes por el sueño y la presión, nos rozamos accidentalmente las manos y parecía que se encendían luces, sentía miedo pero necesitaba sentir algo, la elección no fue difícil. Nos sentamos en los columpios y aproveché la luz del parque para ver su rostro en un par de contrastes que me distrajeron de cualquier otro recuerdo. 

Apoyamos nuestras cabezas en las cadenas frías del columpio y un mechón de su pelo se movía con el viento y el humo de su cigarro y parecía una canción conocida, otra vez, siento un dejavu, pero necesito sentir algo, ya sabes.

Le pedí que me cuente algo. Dijo: cuando estás aquí te veo desde mi ventana. -No me gustan los romances -respondí cortante. 
"Te veo desde mi ventana y me imagino pasando mi lengua por cada uno de tus tatuajes" dijo poniéndose de pie frente a mí. 

Vamos a tu casa, dije yo.







4.4.17

OG Trip

No soy bonita pero no necesito serlo. Tampoco soy modesta, no soy bonita en el sentido convencional, más que belleza física tengo un animal salvaje y un culo de reina. Mi mejor amiga dice que en persona siempre se me ve mejor porque encanto. Yo pienso que avasallo, pero como ella misma dice "el fuego no sabe cómo ser de otra manera".

Eme nació 32 minutos antes que yo, desde ese momento se empezaron a marcar nuestras diferencias. Aunque somos gemelas idénticas, no nos vemos parecidas. Eme tiene una nostalgia extraña que la hace parecer siempre pálida y siempre necesitada de algo que ni ella sabe qué es. Le tiene pánico a la gente pero a pesar de eso, siempre ríe más que yo. 

Nunca nos enamoramos de la misma persona. Eme siempre está enamorada de alguien que se va y yo siempre estoy escapando de todos los que se enamoran de mí. Sin embargo el mejor momento de nuestras vidas lo vivimos los tres juntos la primavera del 2008. 

Todas las historias aunque sean de ficción tienen un porcentaje de realidad, alguien lo vivió, alguien lo sintió, en algún lugar del mundo, alguien. Nuestra historia tiene tres versiones, no porque sea falsa, sino porque cada uno la recuerda tal como la vivió.

Alonso nos amó a las dos desde primera vez que nos vio. Nuestros bisabuelos fueron amigos de la infancia y todos crecimos como una sola familia, con la muerte de ellos nos fuimos desligando hasta extinguir totalmente las relaciones. 

Eme siempre parecía necesitar algo y Alonso siempre parecía estar dispuesto a contentarla. Alejandro, nuestro hermano mayor los dibujaba a diario y yo tenía tantos celos de no aparecer nunca en sus cuadros ni en sus juegos que una tarde le prendí fuego al archivo completo de Alejandro. Él supo por qué lo hice, es hasta ahora la única persona que puede leerme, dice que soy su némesis, que leer mi mente es su peor castigo, parece que estoy más unida a él que a Eme. 

La primavera del 2008 después de la muerte del abuelo de Alonso nos mudamos los tres a un departamento en el tercer piso de la urbanización Neptuno en Surco que el abuelo le había heredado. Éramos jóvenes y estábamos desesperados por encontrar algo sobre lo que podamos escribir nuestra gran obra, cada uno por su lado, pero nos inspirábamos en nuestras propias noches de alcohol y autodestrucción. 

Cruzábamos los semáforos en rojo, bebíamos botellas enteras de ron diariamente, no dormíamos ni una hora entre los tres, coleccionábamos colillas de marlboro rojo y jugábamos a enamorarnos de todos, incluso de nosotros mismos.

Era un juego terriblemente peligroso, a veces nos cruzábamos en los pasadizos del departamento con personas que la semana anterior durmieron con otro de nosotros. Nos contábamos con lujo de detalles todo el acto buscando la ira en nuestros ojos, sin más que ese morbo, relatábamos cada característica, cada sabor, nos reíamos repitiendo las frases que les decíamos en el momento del clímax. 

Yo narraba cómo les hacía rogarme que los deje terminar en mí, Alonso anotaba mis gestos de desprecio mientras los calificaba de débiles, se detenía con mis conversaciones telefónicas para escuchar con sus propios oídos todas las excusas y ruegos que me hacían. Yo siempre sabía qué decir pero durante las noches que pasábamos solos, Alonso nos sugería frases y acciones que resultaban siempre en el éxito total de su plan. 

Eme contaba que le dibujaban palabras en la espalda con saliva y cenizas, que le leían poemas de Pizarnik y lloraban abrazados a su espalda mirando el amanecer. A ella le dolía más, pocos meses antes de esto tuvimos que sacarla de su antiguo departamento en el que se había destrozado las uñas arrancando los tapices de las paredes para sacar el perfume del hombre al que ella se sentía pertenencer. Muchas noches en las que Eme no resistía la cantidad extravagante de tramadoles que tomábamos mezcladas con ron, se le escuchaba llorar por él, rogarle en un idioma extraño que no la deje. Nadie lo conocía, pero Eme estaba hasta el cuello de él, o más arriba

Alonso creó dos monstruos, había logrado cierta popularidad en su blog escribiendo sobre nosotras y subiendo nuestras fotos semi desnudas, hartas de ron y cocaína, Eme aparecía con los brazos cortados en un par de fotos con las que finalmente después de algunas advertencias, le dieron de baja al blog. 

Papá recibió las fotos, probablemente de parte de algún amante despechado de Eme, la encontraron una tarde en un parque de San Miguel después de buscarla dos días seguidos, tenía los dedos amarillos de tanto fumar y ramitas en el pelo por haber pasado ambas noches en un jardín. La internaron pesando casi cuarenta kilos y Alonso viajó sin dar aviso y sin despedirse. 

Todos los recuerdos de lo vivido aparecen a veces en formas de nuevos cuerpos y repito las frases que Alonso me enseñó, algunas veces juego a ser Eme y extraño que un habitante desconocido escriba con las yemas de sus dedos en mi espalda y cuando eso pasa, me desconozco tanto que tengo miedo. 

El teléfono suena, es Alejandro.







30.3.17

Renaming soundtracks

Es una ciudad desconocida, esta, sin ti. Llueve a diario y hasta ahora ningún cielo es rojo, las canciones suenan todas tan diferentes y a veces extraño ir en ese bus azul que antes odiaba tratando de sacarme con perfume la marca de tus besos en el cuello. A esta misma hora del día de hoy hace un año estaba corriendo hacia esa avenida, jurándome que no te iba a volver a ver y encendiendo un cigarro de marihuana después de subirle el volumen a una canción que te canté mientras dormías.

En los espejos retrovisores se lee el mensaje "Los objetos en el reflejo están más cerca de lo que parecen". Vengo reflejando los últimos brotes de tus recuerdos durante las mañanas, los despertares solitarios son los momentos favoritos, o las tardes en el balcón, o los insomnios de dudas. 

Me pierdo a veces y durante largo rato, pienso que lo sabrás, que vendrás a buscarme siguiendo las migajas de piel que dejé debajo de los árboles. Y te espero, hasta que recuerdo que tu jaula es impenetrable.
Las migajas se las doy de comer al resto de habitantes, mientras más comen, más quieren comer. Piel, pelo, saliva, uñas, sangre y todo lo que tocaste, me lo arranco y se los tiro mirándolos jadeantes y desesperados. 

Cuando él se fue, esta ni siquiera era una ciudad. Caminé durante años pensando que veía su auto azul en cada calle, sus lentes de sol en cualquier bar a media noche o sus horribles botas mostaza caminando hacia mí. Levanté edificios, cerré avenidas, renombré parques y puse su foto en todas las fronteras para evitar que ingrese al territorio. 

La ciudad se me hace desconocida y extraño tanto los cielos rojos, pero yo construí esta ciudad, puedo destrozarla cuando se me dé la gana.





22.3.17

Temporada de feria de juegos mecánicos.

Le nacieron una serie de reacciones físicas al sencillo hecho de recordarlo. Algunas veces el cuerpo va más rápido que la mente y eso lo sabemos ambos. 
Eme escribía de noche y lloraba de día, acogía en su casa a forasteros que, aunque divididos en mil pedazos que siempre resultaban más que los de él, no eran él. A todos los llamaba por el mismo nombre y cuando se marchaban mirando hacia atrás para decir adiós con la mano, les cerraba estruendosamente la ventana, como para asegurarse que no queden brechas para ideas equivocadas.

A pesar de sus constantes crisis y cambios de ánimo, Eme se las arregló perfectamente para nunca estar sola. Odiaba la sensación del frío colándose por su espalda a las cuatro de la mañana cuando al fin las pastillas empezaban a hacer su trabajo. 

Les advertía sobre sus pesadillas y pedía que le cuenten cuentos con las luces apagadas. Algunas noches fue feliz, lo olvidó por completo durante varias horas seguidas y nunca jamás mencionó su nombre ante ninguno de ellos. 

Esa noche, sin embargo, no pudo evitar encontrarlo en todas las calles, las pistas tenían sus huellas digitales y las paredes estaban pintadas con su olor. Su voz se escuchaba en todas las alarmas de los autos diciendo que un día solo era un día si podía besarla. Entonces Eme golpeó uno de los parabrisas con ambas manos solo para darse cuenta que otra vez estaba soñando.

Despertó exaltada, no recordaba cuántas horas había dormido o cuándo fue la última vez que vio a otro ser humano, Se arrastró entre las sábanas regadas en el suelo y alcanzó como pudo su teléfono lleno de notificaciones, llamadas perdidas y mensajes de texto incomprensibles. Ninguno era de él pero eso no la sorprendía y como siempre, necesitaba algo que la despabile por completo de ese constante limbo. 


Buscó en el registro de números bloqueados el asignado como "NO" y marcó una llamada. 


Del otro lado se escuchó "tardaste mucho" con voz entrecortada. Eme sonrió y sintió el vértigo que tanto extrañaba. Otra vez la feria de juegos mecánicos, otra vez a la parte más alta del rollercoaster desde donde todo lo demás se ve tan pequeño y pasa tan rápido que solo existen los que se atreven a subir, los que pueden verla sentados a su lado.




9.3.17

How to disappear completely

¿Recuerdas la tarde que te sentaste a mi lado y encendiste mi cigarrillo mientras confesabas que me habías estado observando todo el tiempo desde la banca del frente? En esa época no le tenía miedo a las palomas y me sentaba con mi pelo largo y súper enredado a escribir en el patio de la iglesia porque extrañamente era un lugar que me daba paz.

Esa tarde dejé el teléfono en la mesa de la sala y sabía que lo estaba dejando pero fingí que debía llegar a algún lugar y decidí que lo estaba olvidando de casualidad, fake it until you make it. 
Todo ese día no le contesté y me llenó el  buzón de voz de mensajes. 
Toda la tarde tú y yo hicimos el amor mientras el teléfono vibraba dentro un cajón, Por la madrugada fumamos marihuana, leímos poemas de Pizarnik y nos escribimos en la espalda nuestros nombres con ceniza y saliva, dime que lo recuerdas.

Di que recuerdas que al día siguiente el teléfono dejó de vibrar y esta vez no fui yo la que se dio cuenta y que permaneció apagado hasta el día en que te fuiste y me dijiste que tenga sexo todo el año pero que haga el amor solo en verano y te reíste enseñando los dos dientes de adelante y achinando los ojos del color más hermoso del mundo.

Un par de días después, cuando pude asimilar tu ausencia, recargué la batería del teléfono y lo encendí para escuchar los mensajes en la contestadora. Todo lo que él me decía, que días antes me hubiese convertido en la mujer más feliz del mundo sonaba como una navaja en mis tímpanos, porque no eras tú y porque había esperado tanto tiempo para que él note mi ausencia que cuando lo hizo, ya no me importaba porque realmente me había ido. 

Necesito que me digas que recuerdas esto, que estuviste conmigo, que escribiste en mi espalda y que durante cada día de verano que hicimos el amor no había ningún rincón vacío que él puediese llenar. Necesito que me digas que soy una sobreviviente y que esto no es nada comparado a aquellos tiempos, que ya soy una mujer y que nadie puede romperme, necesito que me digas que esto no está pasando de nuevo, que no estoy aquí, esto no está pasando.





17.2.17

L'esprit de l'escalier

Hacia la mano derecha me encuentro tirada en el suelo caliente. Un par de botellas, muchas colillas y papeles de armar cigarrillos encima de la mesa. Todo parece la misma escena que vivo de manera repetida desde hace algunos meses. No siento mi cuerpo y a pesar de eso puedo sentir el más intenso dolor de cabeza y un calor sofocante, respiro aire caliente mezclado con humo, con olor a cuerpos de hombre que reconozco con esfuerzo. 

Tengo algo que decirme pero no sé cómo llegar a mí. Sé que he vivido esto antes, tengo que hablarme de ti, tengo que alertarme sobre ti pero una parte, la parte de mí que aún se encuentra en el piso, se resiste a despertar.

Científicamente los dejavus son solo trabajos de reconocimiento incompletos del cerebro, es una falla técnica que genera ansiedad y duda, casi como el amor o como la necesidad. Mi teoría es que vivimos muchas vidas paralelas y se cruzan por milésimas de segundo. Entonces no me cuesta entender por qué un clavo saca otro clavo y luego el segundo reemplaza otra vez al primero. En resumen, el clavo de reemplazo se reemplazará con el original, dejavu, esto ya nos pasó. Tiempo antes volviste y te recibí con flores y hoy otra vez estás volviendo, significa que te fuiste. 

Durante los últimos dos meses no probé de tus drogas y a diferencia de la vida dos años atrás, no tuve ni un segundo de abstinencia, pero como la carrera de postas para ver quién regresa más veces no se detiene, empezaron a volver los demás.

Para matar el tiempo me adueñé de un perro callejero que al inicio se meaba al verme y al final me mordió la cara y me dejó dos ojos clavados por casi cuatro horas. En este momento no tengo noción del tiempo pero ya sabes lo que dicen, muerto el perro... 

Entonces me ataca una tos ahogada tirada en el piso y parada frente a mí siento salir sangre tibia de mi fosa izquierda hacia mi labio, no debo olvidar por qué estoy aquí, tengo algo que decirme y posiblemente sea lo mismo que cuando volviste y ya no sabía cómo recibirte o cuando él me dijo que lo mejor sería no volver a vernos y yo me miraba al espejo forzándome a llorar aunque no podía parar de reír y con cada lágrima, la risa se hacía más fuerte, como el círculo vicioso de la esquizofrenia. O del amor, o la necesidad.


24.1.17

Las estaciones duran menos en mi ciudad. Me demoro un poco mirando por la ventana a alguien caminando lejos de esta casa, su cabello se enredaba entre mis dedos hace menos de dos horas y ahora cada paso se va marcando en la vereda ayudado por la lluvia que obliga a que se tape la cabeza con ambas manos y rítmicamente voltee a mirarme. En lugar de responderle con una sonrisa, he cerrado la cortina y seguramente él se ha ido más confundido de lo que llegó. 
Pienso en ti, nada de lo tuyo me permite abandonarte. Repito obsesivamente las frases que me decías y que memoricé para que nunca, bajo ninguna circunstancia, alguien pueda decirme que lo nuestro no existió.
Nadie más ocupará tu espacio, ninguna voz sonará más fuerte que tu voz y ninguna piel tendrá el sabor del deseo en los poros, pero por las noches la soledad desespera.


Al entrar al bar no me sorprende que todos tengan tu rostro, tu olor, la marca de tus lentes, la pisada de tus zapatos, la forma de tus pulgares. Diez copas después todos somos un solo equipo, nadie me conoce pero no lo necesito. Le grito a alguien cosas que no entiende, lloro encerrada en un baño porque todos en este sucio lugar quieren algo de mí y tristemente, ninguno eres tú. Pero, por las noches la soledad desespera.


Y en las mañanas el corazón me duele más que la cabeza y también da igual porque hace mucho que no confío en ninguno de los dos.




16.1.17

Desde que te fuiste adopté la costumbre de buscar y releer mis libros favoritos de antes que tú llegues, lo mismo con los aromas, los lugares y las canciones. Trato de pensar en él y me enredo en frases que él decía y que aparecen graciosamente para retomar su lugar y desterrar a las tuyas. Toqué algunas de las canciones que él me dedicaba como disculpas por haberse acostado con otras mujeres y mientras me decía que la peor infidelidad era dedicarle a dos personas la misma canción. Y yo le creía. Tenía todas las canciones en orden, por estados de ánimo, si me las dedicó con una frase caliente y susurrada o capaz como un shock energético. Yo tenía una para cada momento que él me inventaba y tratando de inventar nuevos igloos donde puedan mis demonios tomar una siesta, empecé a crear nuevos recuerdos con tus canciones, con las canciones con las que haríamos el amor, las de necesidad de la piel, las de desesperación y siempre aclarando innecesariamente que no era nada romántico y todo estaba bien porque nunca creí, skinny love, que esto iba a arrastrarnos tanto. 
Suspendí la lista de reproducción del 2016, me privo como una desintoxicación de la memoria de las canciones que bailamos, pegados o desde lejos o a través de la foto de tu mano sujetando un vaso de whisky minutos después de la media noche de tu cumpleaños. 
No eres tú, son todos los recuerdos que debo eliminar, bloquear y reemplazar y esta abstinencia insana del sentimiento de consideración de tu parte que me rompe los tímpanos.

Otras canciones van a sonar, tu memoria no existe pero la mía la necesito intacta hasta sanar.



5.1.17



No creo en cábalas ni en fechas establecidas con un gran significado emocional pero con altos fines consumistas. Mi madre solía decir que me iría tal como a Santo Tomas, no creo en los santos así que no me he esforzado aún en entender su profecía.

Mis amigos cercanos están emocionados por mi cumpleaños, me indigna que no entiendan la nula felicidad que me embarga en las fechas cercanas a ese día. Gran día para olvidarme, además, porque nadie quiere celebrar un cumpleaños el primero de enero y por si no se entendió claro, tampoco celebro el año nuevo. No se me da felicitar a la gente en un día especial, no creo en eso.

Años antes, no hubiera aceptado por ninguna razón la invitación de un total desconocido -como si fuera una cita a ciegas, no para celebrar tu cumpleaños ni el año nuevo, te lo juro- dijo y le creí.

A las doce de la noche del último día del 2016 que no podía importarme más o menos que cualquier otro día, recibí un beso tímido e infantil con sabor a fresas y espumante barato en el techo de un edificio de 6 pisos con vista a la calle 28 de Julio casi sin autos pasando entre los fuegos artificiales.



Horas antes, estaba tratando de mantener mi respiración rítmica, haciendo esfuerzos desesperados para no tener que pensar en ti y no conjugar un nuevo año (en el que no me interesa creer) sin tu voz en los rincones. 
Cuando te ibas solo podía entender que ibas a regresar y así lo hacías, pero esta vez era definitivo, no quedaba más agua en nuestra represa y a mí el aire me ahoga si no tiene olor a humo de cigarro y tu perfume o el olor contenido en tu auto después de hacer el amor o el olor de tu cuello en cualquier madrugada en la que me buscabas adolorido. Me ahogaba con tanto aire y sin nada de ti. 
Decidí distraerme respondiendo cortés pero cortante todos los mensajes recibidos en el mes de diciembre y entonces encontré el suyo, tan torpe que me golpeó de frente. Contesté. Contestó.


Es un poco más alto y mucho más delgado que tú, su cabello largo se me enreda con facilidad y nos gusta. Han pasado diez minutos y cada uno tiene una razón que no cuenta para estar tan desesperadamente completos en este momento. Quiero creer que él tiene una razón, no quiero estar en ventaja y eso también es de temer. 

Sus manos son delgadas y bien formadas, hago el comentario de "las manos de pianista" y aunque toca el piano, me contradice y también nos gusta. Empiezo a creer que hay un ciclo repetitivo que me acaba de regresar al inicio y otra vez es tan diferente que quiero ver más.


Su voz  es arrastrada, sus ojos caídos, su olor natural se mezcla con el del humo de marihuana y fuegos artificiales y siento que solo me hace falta gasolina. Sus muñecas sin relojes, si no dan la hora para qué pueden servir; sus dedos sin compromisos y yo entre sus piernas. 


No eras tú pero daba igual, porque él estaba aquí y tú no.







13.12.16

Deshabitados

Estimados pasajeros, sírvanse abrochar sus cinturones, nuestra isla favorita nos está abandonando.




23.11.16

Lo conoces más de lo que te conoces a ti misma, 
por eso siempre sabes qué es lo que hará 
pero nunca sabes cómo vas a reaccionar. 


Han pasado más de dos meses desde que Judas no regresa a casa. A estas alturas no me sorprendería que ya se hayan agotado todas sus vidas y que nunca más aparezca por la ventana de la terraza.

Al inicio llegaba cada par de días, siempre sucio a pesar de tus esfuerzos, siempre lleno de cortes, de sangre pegada, de espinas enredadas en la cola que se encargaba de hacer notar pero con máximo cuidado, como si quisiera evitar que te lastimaras pero sin escatimar en prisas. 

Lo limpiabas, le dabas de comer, leche caliente, una manta, alimento en latas, esponjas de juguete y todos tus poemas. Se dormía en tus piernas como si no existiera ningún otro lugar en el planeta, las horas no se contaban hasta que no se iba. Entonces empezó a irse por más tiempo, ¿recuerdas? Ya no regresaba cada dos días pero siempre regresaba y eso era lo importante. 

Una vez volvió tan lastimado que parecía que se iba a morir en tu vereda. Era madrugada y estabas sola y quisiste cerrarle la puerta en la cara y decirle que no necesitas ser solo su salvavidas, su llamada de emergencia, su ángel de la guarda. Lo odiaste, lo odiaste mucho y lloraste porque no pudiste dejarlo afuera y porque sabías que te ibas a arrepentir.

En tu casa recibiste desde peces hasta aves para no recibirlo a él o para no estar sola mientras no volvía, porque todos tus invitados salían rodando por las ventanas una vez que él regresaba. Pero regresaba, y eso era lo importante, ¿no?

¿Pero por qué es tan importante? ¿Por qué prefieres curarle las heridas que hacérselas tú misma? ¿Por qué estás hablando del gato que no aparece hace meses pero pensando en el hombre por el que juraste no llorar más en cuanto acabe octubre?.

Quiero contar otras cosas, Eme. Los gatos solo tienen siete vidas, pero tú y yo...

1.11.16

Día de brujos.

No había logrado nunca entender lo difícil que era estar en sus zapatos. Ella diariamente me reclamaba por no enrostrarle los errores que anotaba luego en una libreta guardada debajo de su cama.

Sin embargo, cada octubre era un suicidio y yo debía estar ahí, a su lado, para cuidar cuando haya que rearmarla, después de que se haya partido en mil pedazos para contentar extraños, uno para cada uno, dos quizás para uno solo. Nada para mí.

Esa noche caminamos sin hablar. Ambos mirábamos al piso y de rato en rato ella hacía un gesto de negación con la cabeza o encendía un cigarrillo con el que le quedaba del anterior. Yo iba ligeramente detrás pero logré escucharla hablar en voz alta, dijo algo sobre el papel de fumar de cereza pero cuando estaba por responderle cambió el tema, confirmando que no hablaba conmigo. 

Sin saber cómo, llegamos al antiguo edificio de Ricardo Palma, de donde supuse que ya no guardaba ningún recuerdo. Se acercó al interlocutor, presionó varios timbres y le escupió a la puerta de vidrio mientras recitaba un poema que decía algo como "tu nombre no me deja verme...". 

Pedí un taxi, ella pidió música pero se quedó dormida a pocas cuadras. Estoy acostumbrado a cargar su peso muerto de una noche de copas, a recoger su cabello de colores para evitar mancharlo con excesos y a aspirar el humo de su ropa hasta despertar mientras ella llora dormida y dice cosas como mantras entre sueños o pesadillas que nunca me cuenta.


Abrió los ojos al día siguiente después de las dos de la tarde. Me preguntó si había hablado dormida y le dije que no, le mentí. Encendió un cigarrillo y sacó la libreta de debajo de su cama y escribió:

"Apenas acabe octubre, dejaré de llorar por ti".









9.10.16

II

¿Qué va a ser de nosotros cuando no existamos más? Cuando cada uno vaya por su camino y ese camino nunca más se encuentre, al contrario, se bifurque para alejarnos a cada centímetro, como si todas aquellas veces que pensé en ti y apareciste se convirtieran ahora en pendientes que ondulan hacia un vacío que no se quiere llenar.

¿Pensarás en mí? ¿Algo te traerá el sabor de mi piel a la memoria? ¿Harás diariamente el esfuerzo para no asociarme con nada? Y si alguien te habla de mí, ¿preguntarás más o fingirás que no escuchaste? o quizás realmente no me recuerdes, quizás si alguien dice mi nombre pasará de ti como si dijeran madera o ascensor o cualquier palabra que no tenga ningún significado especial. 

Yo haré lo mismo. Me reiré si me hablan de ti, levantaré una ceja y ambos hombros y confesaré que no sé nada, que no quiero saber nada. Estaré preparada por si alguien dice tu nombre para que me sepa a madera o a ascensor o a cualquier palabra que no tenga significado especial, no guardaré en mi memoria ningún código secreto, ninguna frase inventada por y para ti, hasta que deje de recordarte y por naturaleza o por sobrevivencia realmente te haya olvidado.

Y ¿qué si ya no existimos? o mejor aún: si nunca existimos. Si todo esto es invención de mi ansiedad por escribir un poco más, poniéndole un rostro a un sentimiento de años pasados, que no eres tú y seguramente tampoco soy yo, la que escribe, la que siente, la que extraña. 

Entonces cualquier día podríamos sentarnos a tomar el té, contarnos tímidamente cosas cotidianas, rozarnos las piernas por debajo de la mesa y creer que nada va a pasar, que puedes invadir mis dibujos, mis poemas y mi casa y salir de ello sin darme la mano, diciendo adiós con frases formales desde lejos, yendo hacia otra casa en la que no te harán dibujos ni poemas ni fingirán que todo estará bien porque sin lugar a dudas, todo lo estará.






21.9.16

Intenté llamarte algunas veces, ya sabes cómo funciona esto de la imaginación. Quisiera estar sentada contigo contándote todo lo que ha pasado aunque de todas maneras no te hubiese gustado. Todo lo que alguna vez dijiste se ha hecho realidad. La soledad me atormentó al punto de quebrar mis ideales y me vestí de un sabor desconocido que hace que todos siempre quieran regresar. Excepto tú.

En todos esos regresos mi vida ha dado impresionantes giros y en muchos de ellos escuché una y otra vez tu voz diciéndome cosas en un idioma que ya no entiendo. He llegado a creer que ya no soy yo y no me aterra pero no puedo dejar de pensar en lo que pensarías tú.

Quiero prepararte el té mientras recoges mis pedazos del suelo e intentas repararme diciéndome todas esas cosas en francés al oído, dibujando sus rostros solo con la idea de las historias que te cuento sobre ellos. Que me digas que mañana alguien soplará las velas de un pastel pensando en mí y que me digas que nadie merece mi dolor más que tú mismo, la única persona en este universo paralelo que jamás, jamás me haría daño y por eso no puedo amarte.

Pero aquí estoy, escribiendo otro falso testimonio que no leerás, contándote en secreto que he cambiado, que soy mejor ahora, y aguantando el llanto porque no me vas a ver. Sentada alejando pequeños demonios en el mismo lugar en el que armabas cigarrillos con papel convencional, nunca de cereza y esperando que se quiebre la noche y algún conjuro me haga reaccionar y salir volando de esta ciudad que nunca tuvo nada para ti. 

Cuando leas esto, que sepas que estoy feliz, estoy feliz y pienso en ti. 



13.9.16

Tenemos que aprender a reconocer cuándo ha sido suficiente. No hablo de señales, o no solo de eso. Hablo del lenguaje universal, de la comunicación de la vida. Las puertas abiertas, los semáforos en verde, las monedas escondidas debajo de las mesas.

Tú estás ahí sin saber en dónde estás, esperando solamente que yo me pierda para poder creer que ahora que no estás solo, no estás perdido. Y estaba tan cansada de andar cargando este equipaje esperando que tires los dados y veas si me buscas o no me buscas. Estaba partida en pedazos que se fueron cayendo en el camino y mientras, descubría que soy un reptil y que mis pedazos perdidos se regeneran con otros nuevos, bellos, libres. Nunca los has tocado y nunca quisiste verlos, sin embargo, sigues esperando que yo me pierda, que te acompañe a ver en dónde estás.

Quizás mañana sea otra historia, serán más de seiscientos veinticuatro horas sin tocarte y podría irme a sentar lejos de esta superación forzada solo porque la disfruto demasiado pero no sé si tanto como a ti.