26.5.17

RSVP

Esta no es una carta de suicidio. A lo mucho es un pedido desesperado de ayuda. Las cosas aquí de pronto se oscurecen y en lugar de huir, corremos hacia el huracán. Hacemos lo posible para meter la mano a la boca del león, tenemos los dedos mojados en el tomacorrientes y le abrimos la puerta de la casa a un desconocido armado cada vez que vuelve.

Alejandro, ¿qué hicimos de nosotros?. Tú solías decir que a nosotros "nos hicieron así". "Los golpes de la vida", decías, "somos producto de la maldad del mundo". Pues yo no lo soy más, Alejandro. Este último año sí lo cumplí y en estas últimas semanas mi corazón ha corrido a dos vidas por hora. Mis manos tiemblan, se me cuela el frío en la piel y no quiero hacer nada más que escapar pero no sé de qué.

Dicen que se necesitan 21 días para adoptar un hábito, hasta ahora siempre me interrumpo antes de la fecha. La última vez no aguanté ni 24 horas y ahora tengo las manos más frías y el corazón parece un caballo desbocado. 

Se sienten pasos en la habitación, repito una canción a todo volumen para no escuchar el ruido de su efecto en mi cabeza. Antes los colores se veían hermosos, ahora todo es blurry y se suma una voz que dice te lo dije repetidamente hasta que me sangra la nariz.

Si pudiera retroceder el tiempo y no dudar, lo haría, no dudaría. 

Siento miedo de mí. Lloro amargamente y arrastro mis uñas por mi rostro y por mis piernas, maldigo mi vida revolviéndome en una esquina de la cama y luego me levanto, cambio de música, bailo ante el espejo aflorando al máximo mi sexualidad y me olvido por poco rato. Las manos me queman, tengo las uñas pintadas de rojo y siento que por eso queman más. Ya no tengo frío. Hasta que volteo la mirada y entonces todo empieza de nuevo.

No quiero morir, Ale. No quiero. Pero esta vida ¿así? ¿a ti te parece justo? Los católicos dicen que dios le pone en los hombros el peso que sus hijos pueden cargar, no más, no menos. ¿Qué demonio me maneja? ¿Quién está en mi cabeza haciéndome esto?

Quiero dejarlo.

Tengo miedo de decir "esta es la última vez" y que lo sea, no quiero decirlo, quiero que la última vez sea en pasado y no en futuro, ayúdame.

No estoy segura en ningún lugar y por eso te escribo a ti. Necesito que vuelvas a casa y me cuides, que me cortes las manos si es necesario. Todos los demás quieren hacerme daño y todos quieren ser él, excepto él. 


Esta no es una carta de suicidio, pero lo será si no vienes. Vuelve a casa, Alejando, sálvame.


24.5.17

Cuanto más me sujetas más miedo tengo de caer

Veronika camina en puntillas de pies desde la cama hacia la mesa de noche en donde hace pocas horas dejó su teléfono y una taza de manzanilla a medio tomar. Un mensaje de texto de hace dos minutos le pregunta "¿Con qué nuevo pensamiento has amanecido el día de hoy?".

El hombre en la cama se destapa dándose la vuelta y mostrando la espalda, tiene la cabeza sobre la almohada y la almohada sobre su brazo derecho. La pierna de ese lado tensada sosteniendo el peso del cuerpo, el otro brazo cuelga de la cama y la pierna izquierda recogida hacia su pecho.

Ella lo mira, lo analiza, lo sobre analiza, necesita entender el ritmo de su respiración, sus dientes apretados, el movimiento circular de sus ojos, necesita adivinar qué está soñando. Saca de su bolso tirado al filo de la cama un cuaderno y un lapicero y escribe cada palabra que viene a su mente mientras lo mira. Ve su frente amplia y escribe montañas, la oreja visible, roja por el calor que hay en la habitación y escribe sunset, la punta redonda de su nariz le recuerda a un poema de Giovanna Pollarolo, sonríe y escribe vidrieras.

El hombre en la cama no se mueve. Veronika hace un esfuerzo por dibujarlo aprovechando su quietud pero sus manos no le hacen ningún mérito al acompañante y prefiere tomarle una foto con su teléfono. Necesita registarlo todo. Hunde su nariz en la camisa colgada en la silla que está a su lado deseando poder conservar ese olor a sudor, marihuana, Marlboro azul y perfume 1955. Anota "1955" en su cuaderno.

El teléfono vibra anunciando un nuevo mensaje: "¿Hoy tampoco me vas a responder?". Piensa en lo absurdo de la pregunta: "Si respondo sí o no, habré respondido. Si no respondo, también".

Camina fuera de la habitación, es una casa grande en el centro de Lima. Hasta el quinto piso se empiezan a escuchar las voces de los cambistas que habitan las veredas rojas de la zona. Son las siete de la mañana y el emisor de los mensajes podría pasar por esa vereda en la que pisos hacia arriba Veronika fuma ansiosa en la ventana.

La nostalgia despierta y el hombre en la cama aún no. Desde hace algunas noches duermen juntos, se conocieron hace trece días y él la invitó a quedarse, le dio una copia de la llave y ella la aceptó advirtiendo sus ausencias. Las noches que pasan juntos,él hace la cena, ven vídeos de música, se cuentan historias de la infancia y hacen el amor hasta la madrugada. 

Veronika fuma sentada al borde de la ventana, la ansiedad le recorre el cuerpo, sabe que puede caer. Está al borde, siente frío, tiembla y la ceniza se hace parte del clima bipolar de Lima en mayo. Una voz en su interior le grita que salte, cae la primera lágrima de la mañana. Si salta es muy probable que no muera aunque podría quedar malherida. Una lágrima más seguida por una sonrisa que se le dibuja al pensar en lo absurdo de saltar solo cinco pisos. Sin embargo, también piensa en el emisor de los mensajes y en las crueles analogías que la vida le pone por delante.

Se escucha la voz del hombre en la cama, adormecido, estirando su cuerpo mientras la llama por su nombre y la saca del estruendo en su cerebro que le exige que se entregue, que salte esos cinco pisos, que responda los mensajes y se deje caer.

Lentamente Veronika suelta su cigarrillo y vuelve a la cama en puntillas de pies. 


2.5.17

Chinito:

Esta mañana he despertado triste, pensativa, con nostalgia de ti. Ni bien he abierto los ojos he visto tu imagen. Pero no eras tú, era un fantasma que he inventado para conversar todas las noches antes de dormir y que tiene tu voz y tu risa, lo más importante de ti. Tu voz es un conjunto de imágenes maravillosas, de colores que inventaron un nuevo color y este dibuja un puente que me lleva a tus ideas. Y tus ideas, dices que no te callas nada, que dices todo lo que piensas pero no lo creo y ahora que estás lejos siento celos de todos los que te escuchan y de todo lo que no dices que no puedo imaginar porque no te puedo ver. Tu risa es otra historia. Interrumpe tus palabras entre tus dientes y escapa como un viento suave y dulce, controlada siempre, siempre unísona, moviendo los hilos de tu barba como la vela de un barco conquistador. Cómo se ponen tus ojitos cuando ríes, chinito. Seguro que allá todas juran morir de amor por ti pero seguro que ninguna te escribe todas las noches una carta o una canción o un verso. Seguro que ninguna se inventó un dios solo para poder rezar por ti y por seguro, mi chinito, nadie te va a besar como yo.
Aquí a veces huele a jazmín, trato de ocupar mi tiempo y hacer cosas productivas y es esa productividad a la que nos obligan la que me hace sentir inservible y miserable. Hace días lloraba en el metro y un muchacho se acercó y me dijo que uno llora para consolarse a sí mismo, que yo no me veía como una mujer a la que le puedan romper el corazón. Ahí no más se bajó y nos quedamos mirando, él en la estación y yo arriba del carro que parecía que se había grabado esas palabras y las repetía estruendoso.
¿Tú qué crees, chinito: hace más frío ahora que en el año pasado? En ese tiempo podíamos acurrucarnos en la cama a enredar nuestras piernas, eso no era frío, ¿no? Era un hada madrina, una celestina que me premiaba contigo por todo el mal que me hicieron antes. Estoy cansada, chinito. Cada vez que pienso en ti pierdo una apuesta conmigo misma. Lo bueno es que tengo una ruma de poemas y en los días en los que todo repite tu nombre, ellos me dejan dormir encima de sus letras para no sentir que ya no tengo nada. 
¿Es más joven? Más bonita no creo y tampoco creo que te pueda querer más pero quién sabe lo que tú quieres. En tu última carta hasta parecía que escuchaba su voz, la escuchaba riéndose contigo de mí. Esa noche reuní todas mis fuerzas y me dispuse a viajar a donde estabas, en el camino me distraje y terminé en una cama tan ajena como acogedora y no creas que te escribo esto para que sientas celos porque sé de sobra que no sientes nada, que eres como una pared, una piedra, un pedazo de madera. Cualquier objeto inanimado siente más que tú, te maldigo y luego lloro. 
¿Qué te da que no te di yo? Te hice pasteles, galletitas, cuidaba que tomes agua y te pongas medias en las noches, te cantaba para que duermas y te despertaba haciéndote el amor, toda mi ropa era nueva para ti y perfumaba mi cabello y mi aliento antes de verte. 
Mira chinito, uno de estos días me voy a olvidar por completo de ti solo que aún no sé cuándo, por ahora escribo con una mano y con la otra sujeto mi corazón tan raro y tan torpe, tan ciego el pobre, tan tuyo.
Le doy besos al viento creyendo que te los va a hacer llegar, creyendo que los vas a sentir, qué gran pérdida de tiempo, ¿no? Esto va a pasar hasta que alguien se cruce entre nosotros y me robe esos besos o hasta que me digas con todas sus letras que deje de hacerlo, lo que pase primero.
Espero que al menos respondas esta carta y mis preguntas. También espero que si aún me quieres no puedas volver a tenerme nunca; porque si no me quieres, no existiré más.


No me pongas tanta sal en las heridas, chinito.

Eme.

27.4.17

Duermo poco para evitarte.

Todos los días a esta misma hora tengo una bandada de palomas en la cabeza que en cada aleteo me dicen que ya no estás pensando en mí. 
Que todos los días a esta misma hora en la que yo me atormento con sonidos que salen de un cuarto oscuro dentro de la casa que habito y aún no conozco, tú estás besando a alguien de reemplazo. 

El espejo tiene piedad y se rompe antes de mirarme, casualmente sucede que algo me empuja y caigo de rodillas y sangro poco y me pregunto si aún estoy viva, si aún estoy, si aún. 


He despertado de peores pesadillas pero hay un humo extraño en esta historia que baila y me envuelve y quiero cortar pero es solo humo, quiero arrancarlo de raíz pero es solo humo. 


Hice un barquito con mi receta médica y lo puse en la tina. Lo miro navegar y es sorprendente porque va contra el viento, marea abajo, triángulo de las bermudas. Es solo un barco de papel me digo y recuerdo cuando no te quería y tú me diste una flor de papel y una gran cantidad de madrugadas. Pero tú eres otro, siempre.

Y ahora parece que cumplí un año más, perdí mi cabello, rompí una promesa y dejé que se repita otra vez la misma historia, pero ahora ya no sangro. Entonces te escribo un e-mail que nunca envío y acto seguido, elimino todas mis cuentas agobiada por la cantidad de gente que me busca y no eres tú.  Increíblemente todos me sobran, pero tú no. 


Los minutos en mi ciudad pasan marchando en fila india cantando arengas de guerras perdidas. Al otro lado de mi casa hay una casa y ahí también estoy yo y me alegra saber que tú no estás. Hasta ahí llegan reptando algunos recuerdos heridos, les doy la última unción y los dejo morir. 

Escribo esto. Soy mi casa. Me calmo. Ya no sangro.

La hora pasó, todas las palomas en mi cabeza caen a la tina en forma de agua salada por mis ojos y se calma la marea. Algunas se meten en mi boca y estoy tranquila porque tengo el sabor de algo que no eres tú aunque eso signifique también que tú tienes a alguien que no soy yo.









8.4.17

Cuando estás aquí te veo desde mi ventana - II

Cruzamos mal los dos semáforos de distancia en plena conciencia de nuestro error, riéndonos, casi corriendo. Llegamos al edificio y nos detuvimos en el pasadizo de la escalera a besarnos. Yo contra la pared y él contra mí, mis piernas abiertas se paseaban sobre sus pantalones y lo acercaban más, como si fuera posible. Él buscaba la llave con una mano, con la otra me apretaba el culo. Encontró la llave y me lo susurró entre dientes que me mordían el lóbulo, mientras mis manos despeinaban aún más su pelo ondeado y sentían nacer la transpiración de su espalda.

Subimos las escaleras como pudimos, no vive solo pero la casa estaba casi vacía, se sentó en un sillón alargado tapado con un cobertor verde agua en la mitad de la sala frente a una ventana que da a la cocina de otro departamento, ninguna de las ventanas estaban cerradas y sentí que eso lo excitaba aún más. Me quité la ropa y me senté sobre él mirándolo de frente, me puso las manos en las nalgas y mientras me movía lo sentía endurecer cada vez más. 

La única prenda que me quedaba puesta estaba tan mojada que me hacía lucir aún más desnuda. Vamos a mi cuarto, dijo. Se puso de pie, cogió con una mano la laptop y los cigarrillos y con la otra tomó mi mano y caminó delante mío por el pasadizo de la sala hacia el cuarto mientras que en mi cabeza habían cesado todas las guerras y solo escuchaba su voz y un sonido similar al de los caracoles que juntaba de niña y me pegaba al oído para escuchar el mar. 

Nuestra torpeza inicial fue sinónimo de nuestra necesidad de estar uno en el otro, y sentir esa desesperación en su cuerpo me excitaba casi tanto como sentir su sexo duro y caliente paseando por mis muslos, me hacía pedirle que lo meta, me hacía pedirle que lo haga más fuerte. Siempre más. 

La misma electricidad de un roce de manos pero en distinta intensidad. Su cuerpo sabía qué hacer con el mío y mi cuerpo sabía qué hacer con el suyo. Mi boca, mi pecho, mi ombligo, mi trasero, toda yo era desde ahí parte de él, éramos un solo sabor, piel contra piel sobre una cama que rechinaba, mis jadeos de placer se hacían cada vez más altos y él tiraba la cabeza hacia atrás cada vez que acababa, como dejándose ir para volver a empezar. 

Quizás logramos dormir una hora antes que la alarma termine con la fantasía y nos devuelva a la realidad. Yo desperté antes, tomé agua, me rocié su colonia exageradamente, encendí un cigarrillo y busqué entre sus cajones algo con lo que pueda quedarme como un recuerdo que no me haga lucir cleptómana. Me puse su sweater azul y me tomé una foto, abrí un libro y le tomé una foto a un poema sobre dos aves, tomé fotos de las fotos de su novia (o de una mujer a la que él abrazaba) en unos colgadores en la pared con forma de discos antiguos, le tomé una foto a él y seguía dormido. 

Parecía un muerto con los ojos cerrados. No tenía ninguna gracia, no tenía ritmo musical en su respiración, sus párpados estaban quietos, inanimados totalmente, conservaba la misma posición en la que nos adormecimos, no habló dormido, pero despertó diciendo mi nombre. 

Nunca le dije mi nombre.

La alarma estaba configurada para sonar cada cinco minutos durante veinte seguidos, nos reímos de eso mientras nos besamos, ninguno habló del pasado o preguntó por el significado de nuestras notorias cicatrices. Cuando la alarma se detuvo me levanté de la cama y me vestí mirando desde la ventana hacia el parque de los columpios y sabiendo que él me miraba confundido y concentrado a la vez. 

¿Te puedo acompañar? - preguntó con voz baja. Le dije que no. "¿Vas a volver?" dijo poniéndose de pie. Dije que sí y salí de la casa.






Cuando estás aquí te veo desde mi ventana - I


Nos habíamos encontrado dos veces antes en la misma tienda comprando cigarrillos. En esa tienda nunca tienen la marca que yo fumo, entonces solo recurro a ella cuando la urgencia es demasiada y cuando eso pasa no me detengo a pensar en cómo luzco antes de bajar los tres pisos desde mi departamento y caminar seis cuadras hacia la tienda.

Nunca pensé que me miraría. No es algo sobre lo que suela dudar; quiero decir, sé que llamo la atención pero no pensé que se fijaría en mí de esa forma, posiblemente porque yo misma me sentía tan invisible que creía que lo era para todos los demás. 

Salí de la tienda y me senté en la vereda, no tenía encendedor pero no podía volver a entrar porque él seguía ahí, tampoco podía irme caminando seis cuadras sin fumar, así que decidí esperar. 
Pasó por delante mío mirándome fijamente y yo con los ojos semi cerrados lo miré de arriba a abajo esperando que entienda que el mensaje era un no te acerques, soy explosiva en estos momentos.
No lo entendió. Se sentó a mi lado y me ofreció el encendedor, no pude evitar reírme recordando que fue exactamente así como nos conocimos, él me miró sorprendido por mi cambio de ánimo y preguntó si me podía acompañar. 

Sé quién es, sé dónde vive, conozco superficialmente su rutina siendo que vivimos cerca. No es la primera vez que hago esto con un completo extraño y para ser sincera, lo último que me preocupaba era el potencial daño al que me estaba exponiendo.

Fumamos sin hablar por largo rato. Durante algunos minutos olvidé por completo que él estaba ahí, que estábamos en una vereda desolada de un barrio clase media baja en la capital y que en algún momento tendría que volver a casa y reincorporarme a la vida real.

"Nunca duermes, ¿no?" Dijo, intentando romper el hielo. Le respondí con voz entrecortada que si era por mí se podía ir. Una parte de mí esperaba que se fuera, otra estaba conforme con su compañía, necesitaba estar fuera del departamento y el sonido de los carros me ayudaba a no pensar. 

Se levantó y estiró una mano hacia mí. "Vamos al parque" dijo. Sin mirarlo puse el cigarrillo en mis labios y con ambas manos me agarré de la suya y me levanté hacia él. 

Estamos hechos de reacciones a estímulos, como esa sensación extraña en la lengua cuando te imaginas el sabor de algo con muchas ganas o cuando sabes que algo puede ir totalmente mal, como una corazonada. O lo que pasa cuando tocas a alguien y puedes sentir tu piel erizándose y tu temperatura subiendo y bajando en cuestión de instantes. Seguramente tratas de disimular, bajas la mirada o sonríes torpemente, yo no intenté nada de eso, mis pezones se notaban fuerte sobre el polo celeste con estampado de La vida moderna de Rocko, su mano se tensó en un extraño movimiento que parecía necesario para imponer distancia y logré soltarme para hacer el ademán de sacudirme el pantalón y pitar el cigarrillo. 

Caminamos pateando algunas hojas en la vereda, durante dos cigarrillos que duraron las tres cuadras hacia el parque tuve la certeza de que la vida nos viene en círculos, en acciones que se repiten cada cierto ciclo de tiempo y que "esto ya lo viví" es lo más real y lo más absurdo posible porque cada minuto de esta vida somos seres distintos.

Despertamos en su cama a las cuatro de la mañana. Tiene una alarma horrible que se repite cada cinco minutos hasta las cuatro y veinte así la apague. 

No hay ningún misterio en cómo pasaron las cosas. La caminata fue tensa y nuestros cuerpos eran torpes por el sueño y la presión, nos rozamos accidentalmente las manos y parecía que se encendían luces, sentía miedo pero necesitaba sentir algo, la elección no fue difícil. Nos sentamos en los columpios y aproveché la luz del parque para ver su rostro en un par de contrastes que me distrajeron de cualquier otro recuerdo. 

Apoyamos nuestras cabezas en las cadenas frías del columpio y un mechón de su pelo se movía con el viento y el humo de su cigarro y parecía una canción conocida, otra vez, siento un dejavu, pero necesito sentir algo, ya sabes.

Le pedí que me cuente algo. Dijo: cuando estás aquí te veo desde mi ventana. -No me gustan los romances -respondí cortante. 
"Te veo desde mi ventana y me imagino pasando mi lengua por cada uno de tus tatuajes" dijo poniéndose de pie frente a mí. 

Vamos a tu casa, dije yo.







4.4.17

OG Trip

No soy bonita pero no necesito serlo. Tampoco soy modesta, no soy bonita en el sentido convencional, más que belleza física tengo un animal salvaje y un culo de reina. Mi mejor amiga dice que en persona siempre se me ve mejor porque encanto. Yo pienso que avasallo, pero como ella misma dice "el fuego no sabe cómo ser de otra manera".

Eme nació 32 minutos antes que yo, desde ese momento se empezaron a marcar nuestras diferencias. Aunque somos gemelas idénticas, no nos vemos parecidas. Eme tiene una nostalgia extraña que la hace parecer siempre pálida y siempre necesitada de algo que ni ella sabe qué es. Le tiene pánico a la gente pero a pesar de eso, siempre ríe más que yo. 

Nunca nos enamoramos de la misma persona. Eme siempre está enamorada de alguien que se va y yo siempre estoy escapando de todos los que se enamoran de mí. Sin embargo el mejor momento de nuestras vidas lo vivimos los tres juntos la primavera del 2008. 

Todas las historias aunque sean de ficción tienen un porcentaje de realidad, alguien lo vivió, alguien lo sintió, en algún lugar del mundo, alguien. Nuestra historia tiene tres versiones, no porque sea falsa, sino porque cada uno la recuerda tal como la vivió.

Alonso nos amó a las dos desde primera vez que nos vio. Nuestros bisabuelos fueron amigos de la infancia y todos crecimos como una sola familia, con la muerte de ellos nos fuimos desligando hasta extinguir totalmente las relaciones. 

Eme siempre parecía necesitar algo y Alonso siempre parecía estar dispuesto a contentarla. Alejandro, nuestro hermano mayor los dibujaba a diario y yo tenía tantos celos de no aparecer nunca en sus cuadros ni en sus juegos que una tarde le prendí fuego al archivo completo de Alejandro. Él supo por qué lo hice, es hasta ahora la única persona que puede leerme, dice que soy su némesis, que leer mi mente es su peor castigo, parece que estoy más unida a él que a Eme. 

La primavera del 2008 después de la muerte del abuelo de Alonso nos mudamos los tres a un departamento en el tercer piso de la urbanización Neptuno en Surco que el abuelo le había heredado. Éramos jóvenes y estábamos desesperados por encontrar algo sobre lo que podamos escribir nuestra gran obra, cada uno por su lado, pero nos inspirábamos en nuestras propias noches de alcohol y autodestrucción. 

Cruzábamos los semáforos en rojo, bebíamos botellas enteras de ron diariamente, no dormíamos ni una hora entre los tres, coleccionábamos colillas de marlboro rojo y jugábamos a enamorarnos de todos, incluso de nosotros mismos.

Era un juego terriblemente peligroso, a veces nos cruzábamos en los pasadizos del departamento con personas que la semana anterior durmieron con otro de nosotros. Nos contábamos con lujo de detalles todo el acto buscando la ira en nuestros ojos, sin más que ese morbo, relatábamos cada característica, cada sabor, nos reíamos repitiendo las frases que les decíamos en el momento del clímax. 

Yo narraba cómo les hacía rogarme que los deje terminar en mí, Alonso anotaba mis gestos de desprecio mientras los calificaba de débiles, se detenía con mis conversaciones telefónicas para escuchar con sus propios oídos todas las excusas y ruegos que me hacían. Yo siempre sabía qué decir pero durante las noches que pasábamos solos, Alonso nos sugería frases y acciones que resultaban siempre en el éxito total de su plan. 

Eme contaba que le dibujaban palabras en la espalda con saliva y cenizas, que le leían poemas de Pizarnik y lloraban abrazados a su espalda mirando el amanecer. A ella le dolía más, pocos meses antes de esto tuvimos que sacarla de su antiguo departamento en el que se había destrozado las uñas arrancando los tapices de las paredes para sacar el perfume del hombre al que ella se sentía pertenencer. Muchas noches en las que Eme no resistía la cantidad extravagante de tramadoles que tomábamos mezcladas con ron, se le escuchaba llorar por él, rogarle en un idioma extraño que no la deje. Nadie lo conocía, pero Eme estaba hasta el cuello de él, o más arriba

Alonso creó dos monstruos, había logrado cierta popularidad en su blog escribiendo sobre nosotras y subiendo nuestras fotos semi desnudas, hartas de ron y cocaína, Eme aparecía con los brazos cortados en un par de fotos con las que finalmente después de algunas advertencias, le dieron de baja al blog. 

Papá recibió las fotos, probablemente de parte de algún amante despechado de Eme, la encontraron una tarde en un parque de San Miguel después de buscarla dos días seguidos, tenía los dedos amarillos de tanto fumar y ramitas en el pelo por haber pasado ambas noches en un jardín. La internaron pesando casi cuarenta kilos y Alonso viajó sin dar aviso y sin despedirse. 

Todos los recuerdos de lo vivido aparecen a veces en formas de nuevos cuerpos y repito las frases que Alonso me enseñó, algunas veces juego a ser Eme y extraño que un habitante desconocido escriba con las yemas de sus dedos en mi espalda y cuando eso pasa, me desconozco tanto que tengo miedo. 

El teléfono suena, es Alejandro.







30.3.17

Renaming soundtracks

Es una ciudad desconocida, esta, sin ti. Llueve a diario y hasta ahora ningún cielo es rojo, las canciones suenan todas tan diferentes y a veces extraño ir en ese bus azul que antes odiaba tratando de sacarme con perfume la marca de tus besos en el cuello. A esta misma hora del día de hoy hace un año estaba corriendo hacia esa avenida, jurándome que no te iba a volver a ver y encendiendo un cigarro de marihuana después de subirle el volumen a una canción que te canté mientras dormías.

En los espejos retrovisores se lee el mensaje "Los objetos en el reflejo están más cerca de lo que parecen". Vengo reflejando los últimos brotes de tus recuerdos durante las mañanas, los despertares solitarios son los momentos favoritos, o las tardes en el balcón, o los insomnios de dudas. 

Me pierdo a veces y durante largo rato, pienso que lo sabrás, que vendrás a buscarme siguiendo las migajas de piel que dejé debajo de los árboles. Y te espero, hasta que recuerdo que tu jaula es impenetrable.
Las migajas se las doy de comer al resto de habitantes, mientras más comen, más quieren comer. Piel, pelo, saliva, uñas, sangre y todo lo que tocaste, me lo arranco y se los tiro mirándolos jadeantes y desesperados. 

Cuando él se fue, esta ni siquiera era una ciudad. Caminé durante años pensando que veía su auto azul en cada calle, sus lentes de sol en cualquier bar a media noche o sus horribles botas mostaza caminando hacia mí. Levanté edificios, cerré avenidas, renombré parques y puse su foto en todas las fronteras para evitar que ingrese al territorio. 

La ciudad se me hace desconocida y extraño tanto los cielos rojos, pero yo construí esta ciudad, puedo destrozarla cuando se me dé la gana.





22.3.17

Temporada de feria de juegos mecánicos.

Le nacieron una serie de reacciones físicas al sencillo hecho de recordarlo. Algunas veces el cuerpo va más rápido que la mente y eso lo sabemos ambos. 
Eme escribía de noche y lloraba de día, acogía en su casa a forasteros que, aunque divididos en mil pedazos que siempre resultaban más que los de él, no eran él. A todos los llamaba por el mismo nombre y cuando se marchaban mirando hacia atrás para decir adiós con la mano, les cerraba estruendosamente la ventana, como para asegurarse que no queden brechas para ideas equivocadas.

A pesar de sus constantes crisis y cambios de ánimo, Eme se las arregló perfectamente para nunca estar sola. Odiaba la sensación del frío colándose por su espalda a las cuatro de la mañana cuando al fin las pastillas empezaban a hacer su trabajo. 

Les advertía sobre sus pesadillas y pedía que le cuenten cuentos con las luces apagadas. Algunas noches fue feliz, lo olvidó por completo durante varias horas seguidas y nunca jamás mencionó su nombre ante ninguno de ellos. 

Esa noche, sin embargo, no pudo evitar encontrarlo en todas las calles, las pistas tenían sus huellas digitales y las paredes estaban pintadas con su olor. Su voz se escuchaba en todas las alarmas de los autos diciendo que un día solo era un día si podía besarla. Entonces Eme golpeó uno de los parabrisas con ambas manos solo para darse cuenta que otra vez estaba soñando.

Despertó exaltada, no recordaba cuántas horas había dormido o cuándo fue la última vez que vio a otro ser humano, Se arrastró entre las sábanas regadas en el suelo y alcanzó como pudo su teléfono lleno de notificaciones, llamadas perdidas y mensajes de texto incomprensibles. Ninguno era de él pero eso no la sorprendía y como siempre, necesitaba algo que la despabile por completo de ese constante limbo. 


Buscó en el registro de números bloqueados el asignado como "NO" y marcó una llamada. 


Del otro lado se escuchó "tardaste mucho" con voz entrecortada. Eme sonrió y sintió el vértigo que tanto extrañaba. Otra vez la feria de juegos mecánicos, otra vez a la parte más alta del rollercoaster desde donde todo lo demás se ve tan pequeño y pasa tan rápido que solo existen los que se atreven a subir, los que pueden verla sentados a su lado.




9.3.17

How to disappear completely

¿Recuerdas la tarde que te sentaste a mi lado y encendiste mi cigarrillo mientras confesabas que me habías estado observando todo el tiempo desde la banca del frente? En esa época no le tenía miedo a las palomas y me sentaba con mi pelo largo y súper enredado a escribir en el patio de la iglesia porque extrañamente era un lugar que me daba paz.

Esa tarde dejé el teléfono en la mesa de la sala y sabía que lo estaba dejando pero fingí que debía llegar a algún lugar y decidí que lo estaba olvidando de casualidad, fake it until you make it. 
Todo ese día no le contesté y me llenó el  buzón de voz de mensajes. 
Toda la tarde tú y yo hicimos el amor mientras el teléfono vibraba dentro un cajón, Por la madrugada fumamos marihuana, leímos poemas de Pizarnik y nos escribimos en la espalda nuestros nombres con ceniza y saliva, dime que lo recuerdas.

Di que recuerdas que al día siguiente el teléfono dejó de vibrar y esta vez no fui yo la que se dio cuenta y que permaneció apagado hasta el día en que te fuiste y me dijiste que tenga sexo todo el año pero que haga el amor solo en verano y te reíste enseñando los dos dientes de adelante y achinando los ojos del color más hermoso del mundo.

Un par de días después, cuando pude asimilar tu ausencia, recargué la batería del teléfono y lo encendí para escuchar los mensajes en la contestadora. Todo lo que él me decía, que días antes me hubiese convertido en la mujer más feliz del mundo sonaba como una navaja en mis tímpanos, porque no eras tú y porque había esperado tanto tiempo para que él note mi ausencia que cuando lo hizo, ya no me importaba porque realmente me había ido. 

Necesito que me digas que recuerdas esto, que estuviste conmigo, que escribiste en mi espalda y que durante cada día de verano que hicimos el amor no había ningún rincón vacío que él puediese llenar. Necesito que me digas que soy una sobreviviente y que esto no es nada comparado a aquellos tiempos, que ya soy una mujer y que nadie puede romperme, necesito que me digas que esto no está pasando de nuevo, que no estoy aquí, esto no está pasando.





17.2.17

L'esprit de l'escalier

Hacia la mano derecha me encuentro tirada en el suelo caliente. Un par de botellas, muchas colillas y papeles de armar cigarrillos encima de la mesa. Todo parece la misma escena que vivo de manera repetida desde hace algunos meses. No siento mi cuerpo y a pesar de eso puedo sentir el más intenso dolor de cabeza y un calor sofocante, respiro aire caliente mezclado con humo, con olor a cuerpos de hombre que reconozco con esfuerzo. 

Tengo algo que decirme pero no sé cómo llegar a mí. Sé que he vivido esto antes, tengo que hablarme de ti, tengo que alertarme sobre ti pero una parte, la parte de mí que aún se encuentra en el piso, se resiste a despertar.

Científicamente los dejavus son solo trabajos de reconocimiento incompletos del cerebro, es una falla técnica que genera ansiedad y duda, casi como el amor o como la necesidad. Mi teoría es que vivimos muchas vidas paralelas y se cruzan por milésimas de segundo. Entonces no me cuesta entender por qué un clavo saca otro clavo y luego el segundo reemplaza otra vez al primero. En resumen, el clavo de reemplazo se reemplazará con el original, dejavu, esto ya nos pasó. Tiempo antes volviste y te recibí con flores y hoy otra vez estás volviendo, significa que te fuiste. 

Durante los últimos dos meses no probé de tus drogas y a diferencia de la vida dos años atrás, no tuve ni un segundo de abstinencia, pero como la carrera de postas para ver quién regresa más veces no se detiene, empezaron a volver los demás.

Para matar el tiempo me adueñé de un perro callejero que al inicio se meaba al verme y al final me mordió la cara y me dejó dos ojos clavados por casi cuatro horas. En este momento no tengo noción del tiempo pero ya sabes lo que dicen, muerto el perro... 

Entonces me ataca una tos ahogada tirada en el piso y parada frente a mí siento salir sangre tibia de mi fosa izquierda hacia mi labio, no debo olvidar por qué estoy aquí, tengo algo que decirme y posiblemente sea lo mismo que cuando volviste y ya no sabía cómo recibirte o cuando él me dijo que lo mejor sería no volver a vernos y yo me miraba al espejo forzándome a llorar aunque no podía parar de reír y con cada lágrima, la risa se hacía más fuerte, como el círculo vicioso de la esquizofrenia. O del amor, o la necesidad.


24.1.17

Las estaciones duran menos en mi ciudad. Me demoro un poco mirando por la ventana a alguien caminando lejos de esta casa, su cabello se enredaba entre mis dedos hace menos de dos horas y ahora cada paso se va marcando en la vereda ayudado por la lluvia que obliga a que se tape la cabeza con ambas manos y rítmicamente voltee a mirarme. En lugar de responderle con una sonrisa, he cerrado la cortina y seguramente él se ha ido más confundido de lo que llegó. 
Pienso en ti, nada de lo tuyo me permite abandonarte. Repito obsesivamente las frases que me decías y que memoricé para que nunca, bajo ninguna circunstancia, alguien pueda decirme que lo nuestro no existió.
Nadie más ocupará tu espacio, ninguna voz sonará más fuerte que tu voz y ninguna piel tendrá el sabor del deseo en los poros, pero por las noches la soledad desespera.


Al entrar al bar no me sorprende que todos tengan tu rostro, tu olor, la marca de tus lentes, la pisada de tus zapatos, la forma de tus pulgares. Diez copas después todos somos un solo equipo, nadie me conoce pero no lo necesito. Le grito a alguien cosas que no entiende, lloro encerrada en un baño porque todos en este sucio lugar quieren algo de mí y tristemente, ninguno eres tú. Pero, por las noches la soledad desespera.


Y en las mañanas el corazón me duele más que la cabeza y también da igual porque hace mucho que no confío en ninguno de los dos.




16.1.17

Desde que te fuiste adopté la costumbre de buscar y releer mis libros favoritos de antes que tú llegues, lo mismo con los aromas, los lugares y las canciones. Trato de pensar en él y me enredo en frases que él decía y que aparecen graciosamente para retomar su lugar y desterrar a las tuyas. Toqué algunas de las canciones que él me dedicaba como disculpas por haberse acostado con otras mujeres y mientras me decía que la peor infidelidad era dedicarle a dos personas la misma canción. Y yo le creía. Tenía todas las canciones en orden, por estados de ánimo, si me las dedicó con una frase caliente y susurrada o capaz como un shock energético. Yo tenía una para cada momento que él me inventaba y tratando de inventar nuevos igloos donde puedan mis demonios tomar una siesta, empecé a crear nuevos recuerdos con tus canciones, con las canciones con las que haríamos el amor, las de necesidad de la piel, las de desesperación y siempre aclarando innecesariamente que no era nada romántico y todo estaba bien porque nunca creí, skinny love, que esto iba a arrastrarnos tanto. 
Suspendí la lista de reproducción del 2016, me privo como una desintoxicación de la memoria de las canciones que bailamos, pegados o desde lejos o a través de la foto de tu mano sujetando un vaso de whisky minutos después de la media noche de tu cumpleaños. 
No eres tú, son todos los recuerdos que debo eliminar, bloquear y reemplazar y esta abstinencia insana del sentimiento de consideración de tu parte que me rompe los tímpanos.

Otras canciones van a sonar, tu memoria no existe pero la mía la necesito intacta hasta sanar.



5.1.17



No creo en cábalas ni en fechas establecidas con un gran significado emocional pero con altos fines consumistas. Mi madre solía decir que me iría tal como a Santo Tomas, no creo en los santos así que no me he esforzado aún en entender su profecía.

Mis amigos cercanos están emocionados por mi cumpleaños, me indigna que no entiendan la nula felicidad que me embarga en las fechas cercanas a ese día. Gran día para olvidarme, además, porque nadie quiere celebrar un cumpleaños el primero de enero y por si no se entendió claro, tampoco celebro el año nuevo. No se me da felicitar a la gente en un día especial, no creo en eso.

Años antes, no hubiera aceptado por ninguna razón la invitación de un total desconocido -como si fuera una cita a ciegas, no para celebrar tu cumpleaños ni el año nuevo, te lo juro- dijo y le creí.

A las doce de la noche del último día del 2016 que no podía importarme más o menos que cualquier otro día, recibí un beso tímido e infantil con sabor a fresas y espumante barato en el techo de un edificio de 6 pisos con vista a la calle 28 de Julio casi sin autos pasando entre los fuegos artificiales.



Horas antes, estaba tratando de mantener mi respiración rítmica, haciendo esfuerzos desesperados para no tener que pensar en ti y no conjugar un nuevo año (en el que no me interesa creer) sin tu voz en los rincones. 
Cuando te ibas solo podía entender que ibas a regresar y así lo hacías, pero esta vez era definitivo, no quedaba más agua en nuestra represa y a mí el aire me ahoga si no tiene olor a humo de cigarro y tu perfume o el olor contenido en tu auto después de hacer el amor o el olor de tu cuello en cualquier madrugada en la que me buscabas adolorido. Me ahogaba con tanto aire y sin nada de ti. 
Decidí distraerme respondiendo cortés pero cortante todos los mensajes recibidos en el mes de diciembre y entonces encontré el suyo, tan torpe que me golpeó de frente. Contesté. Contestó.


Es un poco más alto y mucho más delgado que tú, su cabello largo se me enreda con facilidad y nos gusta. Han pasado diez minutos y cada uno tiene una razón que no cuenta para estar tan desesperadamente completos en este momento. Quiero creer que él tiene una razón, no quiero estar en ventaja y eso también es de temer. 

Sus manos son delgadas y bien formadas, hago el comentario de "las manos de pianista" y aunque toca el piano, me contradice y también nos gusta. Empiezo a creer que hay un ciclo repetitivo que me acaba de regresar al inicio y otra vez es tan diferente que quiero ver más.


Su voz  es arrastrada, sus ojos caídos, su olor natural se mezcla con el del humo de marihuana y fuegos artificiales y siento que solo me hace falta gasolina. Sus muñecas sin relojes, si no dan la hora para qué pueden servir; sus dedos sin compromisos y yo entre sus piernas. 


No eras tú pero daba igual, porque él estaba aquí y tú no.







13.12.16

Deshabitados

Estimados pasajeros, sírvanse abrochar sus cinturones, nuestra isla favorita nos está abandonando.




23.11.16

Lo conoces más de lo que te conoces a ti misma, 
por eso siempre sabes qué es lo que hará 
pero nunca sabes cómo vas a reaccionar. 


Han pasado más de dos meses desde que Judas no regresa a casa. A estas alturas no me sorprendería que ya se hayan agotado todas sus vidas y que nunca más aparezca por la ventana de la terraza.

Al inicio llegaba cada par de días, siempre sucio a pesar de tus esfuerzos, siempre lleno de cortes, de sangre pegada, de espinas enredadas en la cola que se encargaba de hacer notar pero con máximo cuidado, como si quisiera evitar que te lastimaras pero sin escatimar en prisas. 

Lo limpiabas, le dabas de comer, leche caliente, una manta, alimento en latas, esponjas de juguete y todos tus poemas. Se dormía en tus piernas como si no existiera ningún otro lugar en el planeta, las horas no se contaban hasta que no se iba. Entonces empezó a irse por más tiempo, ¿recuerdas? Ya no regresaba cada dos días pero siempre regresaba y eso era lo importante. 

Una vez volvió tan lastimado que parecía que se iba a morir en tu vereda. Era madrugada y estabas sola y quisiste cerrarle la puerta en la cara y decirle que no necesitas ser solo su salvavidas, su llamada de emergencia, su ángel de la guarda. Lo odiaste, lo odiaste mucho y lloraste porque no pudiste dejarlo afuera y porque sabías que te ibas a arrepentir.

En tu casa recibiste desde peces hasta aves para no recibirlo a él o para no estar sola mientras no volvía, porque todos tus invitados salían rodando por las ventanas una vez que él regresaba. Pero regresaba, y eso era lo importante, ¿no?

¿Pero por qué es tan importante? ¿Por qué prefieres curarle las heridas que hacérselas tú misma? ¿Por qué estás hablando del gato que no aparece hace meses pero pensando en el hombre por el que juraste no llorar más en cuanto acabe octubre?.

Quiero contar otras cosas, Eme. Los gatos solo tienen siete vidas, pero tú y yo...

1.11.16

Día de brujos.

No había logrado nunca entender lo difícil que era estar en sus zapatos. Ella diariamente me reclamaba por no enrostrarle los errores que anotaba luego en una libreta guardada debajo de su cama.

Sin embargo, cada octubre era un suicidio y yo debía estar ahí, a su lado, para cuidar cuando haya que rearmarla, después de que se haya partido en mil pedazos para contentar extraños, uno para cada uno, dos quizás para uno solo. Nada para mí.

Esa noche caminamos sin hablar. Ambos mirábamos al piso y de rato en rato ella hacía un gesto de negación con la cabeza o encendía un cigarrillo con el que le quedaba del anterior. Yo iba ligeramente detrás pero logré escucharla hablar en voz alta, dijo algo sobre el papel de fumar de cereza pero cuando estaba por responderle cambió el tema, confirmando que no hablaba conmigo. 

Sin saber cómo, llegamos al antiguo edificio de Ricardo Palma, de donde supuse que ya no guardaba ningún recuerdo. Se acercó al interlocutor, presionó varios timbres y le escupió a la puerta de vidrio mientras recitaba un poema que decía algo como "tu nombre no me deja verme...". 

Pedí un taxi, ella pidió música pero se quedó dormida a pocas cuadras. Estoy acostumbrado a cargar su peso muerto de una noche de copas, a recoger su cabello de colores para evitar mancharlo con excesos y a aspirar el humo de su ropa hasta despertar mientras ella llora dormida y dice cosas como mantras entre sueños o pesadillas que nunca me cuenta.


Abrió los ojos al día siguiente después de las dos de la tarde. Me preguntó si había hablado dormida y le dije que no, le mentí. Encendió un cigarrillo y sacó la libreta de debajo de su cama y escribió:

"Apenas acabe octubre, dejaré de llorar por ti".









9.10.16

II

¿Qué va a ser de nosotros cuando no existamos más? Cuando cada uno vaya por su camino y ese camino nunca más se encuentre, al contrario, se bifurque para alejarnos a cada centímetro, como si todas aquellas veces que pensé en ti y apareciste se convirtieran ahora en pendientes que ondulan hacia un vacío que no se quiere llenar.

¿Pensarás en mí? ¿Algo te traerá el sabor de mi piel a la memoria? ¿Harás diariamente el esfuerzo para no asociarme con nada? Y si alguien te habla de mí, ¿preguntarás más o fingirás que no escuchaste? o quizás realmente no me recuerdes, quizás si alguien dice mi nombre pasará de ti como si dijeran madera o ascensor o cualquier palabra que no tenga ningún significado especial. 

Yo haré lo mismo. Me reiré si me hablan de ti, levantaré una ceja y ambos hombros y confesaré que no sé nada, que no quiero saber nada. Estaré preparada por si alguien dice tu nombre para que me sepa a madera o a ascensor o a cualquier palabra que no tenga significado especial, no guardaré en mi memoria ningún código secreto, ninguna frase inventada por y para ti, hasta que deje de recordarte y por naturaleza o por sobrevivencia realmente te haya olvidado.

Y ¿qué si ya no existimos? o mejor aún: si nunca existimos. Si todo esto es invención de mi ansiedad por escribir un poco más, poniéndole un rostro a un sentimiento de años pasados, que no eres tú y seguramente tampoco soy yo, la que escribe, la que siente, la que extraña. 

Entonces cualquier día podríamos sentarnos a tomar el té, contarnos tímidamente cosas cotidianas, rozarnos las piernas por debajo de la mesa y creer que nada va a pasar, que puedes invadir mis dibujos, mis poemas y mi casa y salir de ello sin darme la mano, diciendo adiós con frases formales desde lejos, yendo hacia otra casa en la que no te harán dibujos ni poemas ni fingirán que todo estará bien porque sin lugar a dudas, todo lo estará.






21.9.16

Intenté llamarte algunas veces, ya sabes cómo funciona esto de la imaginación. Quisiera estar sentada contigo contándote todo lo que ha pasado aunque de todas maneras no te hubiese gustado. Todo lo que alguna vez dijiste se ha hecho realidad. La soledad me atormentó al punto de quebrar mis ideales y me vestí de un sabor desconocido que hace que todos siempre quieran regresar. Excepto tú.

En todos esos regresos mi vida ha dado impresionantes giros y en muchos de ellos escuché una y otra vez tu voz diciéndome cosas en un idioma que ya no entiendo. He llegado a creer que ya no soy yo y no me aterra pero no puedo dejar de pensar en lo que pensarías tú.

Quiero prepararte el té mientras recoges mis pedazos del suelo e intentas repararme diciéndome todas esas cosas en francés al oído, dibujando sus rostros solo con la idea de las historias que te cuento sobre ellos. Que me digas que mañana alguien soplará las velas de un pastel pensando en mí y que me digas que nadie merece mi dolor más que tú mismo, la única persona en este universo paralelo que jamás, jamás me haría daño y por eso no puedo amarte.

Pero aquí estoy, escribiendo otro falso testimonio que no leerás, contándote en secreto que he cambiado, que soy mejor ahora, y aguantando el llanto porque no me vas a ver. Sentada alejando pequeños demonios en el mismo lugar en el que armabas cigarrillos con papel convencional, nunca de cereza y esperando que se quiebre la noche y algún conjuro me haga reaccionar y salir volando de esta ciudad que nunca tuvo nada para ti. 

Cuando leas esto, que sepas que estoy feliz, estoy feliz y pienso en ti. 



13.9.16

Tenemos que aprender a reconocer cuándo ha sido suficiente. No hablo de señales, o no solo de eso. Hablo del lenguaje universal, de la comunicación de la vida. Las puertas abiertas, los semáforos en verde, las monedas escondidas debajo de las mesas.

Tú estás ahí sin saber en dónde estás, esperando solamente que yo me pierda para poder creer que ahora que no estás solo, no estás perdido. Y estaba tan cansada de andar cargando este equipaje esperando que tires los dados y veas si me buscas o no me buscas. Estaba partida en pedazos que se fueron cayendo en el camino y mientras, descubría que soy un reptil y que mis pedazos perdidos se regeneran con otros nuevos, bellos, libres. Nunca los has tocado y nunca quisiste verlos, sin embargo, sigues esperando que yo me pierda, que te acompañe a ver en dónde estás.

Quizás mañana sea otra historia, serán más de seiscientos veinticuatro horas sin tocarte y podría irme a sentar lejos de esta superación forzada solo porque la disfruto demasiado pero no sé si tanto como a ti. 



29.8.16

Farewell, Mister President

Escribir sobre las paredes no es dejar una huella. Me metí de lleno al negocio fallido desde su incubación de leerle las manos a otros gitanos. Tomé por familiares todas y cada una de las señales sobre él y con cada una fui creando un mar similar al de mis lágrimas, pero otra vez me equivoqué: él no es él, es arena movediza.

Una vez fui a su casa y pinté con tinta invisible en sus paredes que deje ese delirio, que yo quiero lo mismo que él y que quiero que nunca se vaya, pero no sé cuánto tiempo sea nunca. Ya era difícil decirle que no, es más difícil ahora que ni siquiera me toca.

De niña tuve un sueño: Todos los hombres del mundo estaban cada uno dentro de un auto azul, todos querían poner una mano en el timón y la otra entre mis piernas, y todos decían lo mucho que les gustaba verme fumar. Pensé que había despertado y seguí creciendo pero son días difíciles para las personas de este pueblo y algunos hacemos de las fiestas un velorio y llevamos una corona de flores en el corazón, estos pobres tontos, no pasamos por el detector de metales.

Les contaba entonces que creía estar despierta, creí que caminaba y no me hundía, creí que dejaba huellas sobre sus paredes y creí que pronto lo olvidaría. 
El punto a favor es que lo último todavía no pasa, lo que significa que aún puede pasar. Los relojes han vuelto a andar y podemos estar a tiempo.



23.8.16

Enciendo un cigarrillo, el café de la taza a mi mano izquierda se combina perfecto con el humo y con la voz de Christina Rosenvinge que termina de inundar la sala. Pienso en cien cosas para escribir, reviso un par de redes, veo algunas fotografías y pienso en ti. 

Suena La distancia adecuada, borro más de tres veces lo que empiezo a escribir, me pregunto si realmente estoy preparada para esto, si realmente quiero ahora hacer esto. La historia es diferente, yo sé cómo empecé pero no sé cómo es que deba terminar.

Muchas veces me encontré a mí misma enumerando tus defectos para poder convencerme que no está mal que no quiera volver a ti. Ambos sabemos que hay algo que siempre falla en mi plan de huida y que tomas excelentes ventajas sobre eso. Suena Tu boca, y me sorprendo de extrañarla realmente. El nudo de mi garganta necesita tus líquidos vitales.

Suena Nadie como tú y en la primera exhalación derramo dos mares de lágrimas que me empañan la vista. Pienso que es la canción perfecta para haberla cantado en agosto del 2015 pero no recuerdo bien qué nos pasaba en ese tiempo, escondo los códigos y de verdad: nadie como tú.


Empiezo a desconfiar de mis instintos, recojo disimuladamente las palabras y las abandono donde nadie las pueda ver, escondidas quizás en una habitación con un colchón en el suelo, libros de fábulas y fotos de ella.






14.8.16

Eran noches muy difíciles. Usualmente nos quedábamos calladas mirando a la ventana y fumando incansablemente cigarrillos mentolados que se impregnaban en nuestros cabellos largos y de muchos colores. 
Eme siempre sonreía nerviosamente antes de llorar. Era muy extraño imaginar cuál sería su siguiente emoción, sobre todo porque cuando menos te lo esperabas, boom, allí estaba ella, explotando como un huracán. 

Ninguna de las dos podía dormir. Hansel y Gretel de la casa de los cigarrillos, nos contábamos historias sobre nuestras vidas tiradas en la alfombra llena de cenizas, en las esquinas habían vasos con colillas y sobras de ron. En el baño, una botella de whisky al costado del lavadero delante del espejo y un cenicero colmado hasta el hartazgo y en los cuadros de las paredes: tú.

Tú que fuiste el error más hermoso de su vida y que le repetías mirándola a los ojos con tus manos entre sus piernas que te encantaba verla fumar. Y ella trataba de lucir sensual, aligerando las manos toscas de largos dedos que siempre tiene frías con poco éxito poniéndose un cigarrillo tras otro en la mitad de la boca sonriente.

Yo era el personaje de alguna película de culto, las drogas, las chicas, el alcohol, Eme y los cigarrillos ocupaban mi vida ya llena de moretones. Fui feliz con ella, más de lo que cualquier cuento pueda contar. Disfruté sus lunas llenas, sus episodios maníacos y contaba los días en los que la navajita permanecía escondida en el botiquín cerrado. Toqué su cuerpo con mis manos, con mis labios, con el alma en pena y el éxtasis que las drogas sintéticas tratan de igualar y casi logran. Eme me odió, me amó al punto de odiarme y luego se fue odiándome más o quizás odiándome al fin de verdad. Escribió un poco sobre mí, tapó mi nombre de su cuerpo con el nombre de alguien más y contó sobre mí una historia diferente cada vez hasta que me olvidó por completo. 

Perder y encontrar son dos procesos demasiado fáciles.Eme sabe de sobra que hay frases que no son solamente un clché aplicable para situaciones engorrosas, sino que son marcas que el destino va dejando como para hacerse presente de vez en cuando y decir con esa voz burlona e infantil "te lo dije".




7.8.16

Continuará...

Eme siempre había tenido problemas para conciliar el sueño, sin embargo, su último cambio de medicación servía al menos para evitar que recuerde las pesadillas.

Son más de las tres de la mañana y el teléfono no deja de sonar. Las canciones a veces se vuelven mantras y aunque no había desmayado en el intento de dedicarle soundtracks a oídos sordos, decidía dejar que el ringtone de su celular siga una y otra vez mientras ella encendía un cigarrillo más mirando a la ventana.

Piensa en él, piensa en todas las veces que escuchó canciones tristes y lloró pensando en él. La duda es un lugar común y los edificios de su memoria tienen oficinas prohibidas por códigos inventados en donde las postales de mujeres desnudas se esconden y solo relucen en noches de soledad.

Si Eme tuviera que elegir a alguien, te elegiría a ti. Únicamente para que él sienta más celos de los que ya siente contigo, para que se muerda los labios pensando si disfruta más de ti que de él y para probarle que no tiene ningún control sobre sí misma, pero, aquí entre nos; sabemos que es un condicional que se acerca más a la retórica, que tú tampoco la quieres y que a los dos los atrae el misterio de saber quién aguanta más bajo el agua y que todo lo que buscan es maldecir a alguien con el sello del amor, pero finalmente ¿alguno de los dos sabe qué es el amor?.









6.7.16

¿Qué más quieres? ¿Quieres más?



"El que no sabe de amores, llorona, no sabe lo que es martirio".


Sensación de frío, humedad en el pelo, en la nariz, en la ropa. Los cigarrillos se consumen más lento y el humo no se distingue del vapor de las palabras con la boca abierta.

Bajo las escaleras por última vez. No había pensado en irme hasta después que te fuiste tú. Quiero decir: esta vez no había vuelto a pensar en irme.

Quería que nos quedemos un tiempo más, c'mon, skinny love, just last -another-year, pero como diría Alessandra Tenorio: "el amor es llenar un balde repleto de huecos" y si así es el amor, imagínate lo que era lo nuestro. Posiblemente el balde, perforado pero terco en su postura de servir para contener algo, algo que no alcanza nunca porque siempre terminábamos derramándolo, antes de saciarnos dejábamos que se nos escape por cada uno de los agujeros y estábamos siempre vacíos, siempre queríamos más. 

Pero tú ya te fuiste. Y parece que quieres que me quede porque es cómodo, es práctico, es accesible y hasta rentable. Tú te vas por la ventana y en tu huida me vas dejando pedacitos de tu cuerpo de mentira en el marco, en el borde del pasamanos, en el descanso del piso alto. Estabas colgando de la ventana y cuando tiré las paredes entraste a preguntar si la cena estaba lista y yo te atendí como al mejor invitado, puse la mesa, perfumé lo que quedaba de la casa y en tus faldas serví manjares que engulliste, y con el sabor en la boca otra vez te ibas. Así jugamos hasta que no me quedó más casa que destruir ni que reconstruir. La cena se enfrió y me llené la cara de lágrimas tomando vino en taza, mirando mi teléfono, esperando que al menos te acuerdes que hay una llave pequeñita escondida en una de mis comisuras.

Es una temporada muy fría para huir, pero mientras más agujeros tiene el balde, menos balde es y entonces ya no puede contenerse ni a sí mismo.




13.6.16

Not intended

Los consumidores habituales saben cuánto usar para pasar el rato, para pasarla bien, genial. Para pasarse de vueltas pero sobre todo para no morirse.

Los adictos, sin embargo, no conocen límites. Quieren más, siempre quieren más. Quizás no todos quieren morirse (aunque eso está en discusión) y además algunos creen que nunca van a morirse, que van a tener espacio para más, una línea más, dos gotas más, tres gramos más.

Tú estás ahí. El grupo de los desahuciados. Aquellos a los que los familiares cercanos, si es que no los han abandonado, les han comprado ya un nicho. 

Confundes el amor con las drogas, la sensación con el golpe, el metal frío con una cama. Crees que puedes tener más, uno de los dos debe morir primero y juras sobre imágenes blasfemas de jesucristo que no serás tú.

Y luego lloras. Encerrada en cuatro paredes rojas que hieden y que parece que se hacen cada vez más chiquitas mientras más te sudan las manos y te tiemblan las piernas y la persona del lado pregunta si estás bien y dices que sí, que algo te sentó mal, pero te estás ahogando. Te estás muriendo y crees que aún das más.

Tienes cicatrices pequeñas en las piernas. En los brazos, llevas un calendario de maldades. Que hiciste y que te hicieron. Todas son visibles pero nadie las conoce, y nadie podría decir que algún día caminaste sangrando por las calles y confundías su rostro con el de todos a tu al rededor y su auto azul con cualquier piedra del camino. Ahí estabas muerta.


No te ha vuelto a pasar y tengo miedo, porque te encanta envenenarte y terminar como un perro arrabiado, botando babas por la boca. 

Te gusta perseguirte la cola, perra burra.


8.6.16

"Como un acorde musical, todo perfume contiene cuatro esencias o notas, seleccionadas con cuidado para su afinidad armónica".

Uno de nosotros debe dar el primer paso. Esta vez lo di yo: Te dejo ver entre mis piernas, me acerco a tu rostro para hablarte, corto el aire de mi respiración para hacerla fuerte cuando te acerques. Me tocas al fin, cuatro de julio en el Hollywood bowl.

Los dos sabemos que este juego tiene reglas y los dos sabemos que las reglas no siempre están para romperse. Pongo condiciones a mi conveniencia. Manejo palabras que se entienden de mil formas. Confundo lo que ves para que no lo veas, y si lo ves, no lo creas. 

Despierto a las tres a.m. Estoy obsesionada contigo y con canciones de Zoe. Enciendo mi teléfono, cambio las configuraciones de una de mis redes y verifico la última vez que estuviste en línea. Me entristezco porque, mientras yo debo fumar un poco más para intentar dormir dos horas al menos, tú constantemente pasas de mí de la forma más vil y vulgar. Terapia de shock para tu sistema límbico, por favor.

No quiero esperar cuatro años más para darme cuenta que estoy haciendo cosas que no quiero, que no me quieres y que esto es una hoja muerta en el otoño de Lima, que te encanta pisar porque te encanta el sonido crujiente y rítmico de su piel seca y por eso siempre regresas.


El que puede ver, que vea. El que quiere dejar su olor regado por las paredes de este edificio, como si hubiese estallado su cuerpo entre vísceras y escalones, que se atenga a las consecuencias.


No es traidor el que avisa.

28.5.16

Aurum foliatum



Estoy feliz porque al fin te despediste antes de irte. Al menos lo intentaste y me hace bien, porque siempre regresabas, aún cuando las cosas ya no estaban dentro de la casa y había cambiado las cerraduras. Siempre regresabas.

Ahora no lo harás, lo sé. Y si lo intentas dará igual, porque yo no estaré. Pero, no quería hablar de ti, ni de él. Ni de mí, ni de él.

Volver es un camino sin sentido, el sinónimo de alguna definición desconocida. O tan insensato como seguir buscándote a través de las rendijas, y peor aún, encontrarte.


21.5.16

Siete diferencias

Muchas veces me pregunto cuál es el gran problema, dónde está ese trauma tan grande que no me permite conocer mi alma, mis verdaderos pensamientos. ¿Somos todos así? Tan tristes, tan débiles, tan llenos de mentiras que crecen y se vuelven verdades, evolucionan a un ritmo hostil que nos hace dudar de su procedencia.

No sé si tú eres así, pero mientes y mientes mucho. No sé si de verdad cuando pienso demasiado en ti es porque estás pensando en mí. No creo que alguien pueda pensar tanto en otra persona. No creo nada que no haya tocado. Todo lo que toco lo destruyo. Y posiblemente, tú también.

Decido fingir que he tomado una decisión, que puedo moverme sola y no verte nunca más a los ojos. Escribo mil veces en un cuaderno que no quiero verte más y así lo intento. Pero uno no se puede ir de sí mismo. Quiero decir, puedo irme de este lugar, puedo cerrar fuerte los ojos hasta que me quede dormida, puedo ponerle tu olor a dos o tres personas más hasta no saber quién es quien o llevar a alguien más a nuestro lugar secreto solo para poder decir que yo también te puedo hacer mierda aunque tú digas que nunca hiciste nada similar. Haga lo que haga, tú no estás ahí, no eres de metal como nuestra cama, no eres el olor que dejas en un pedacito de papel dentro de las paredes, no estás ahí. Estás aquí, conmigo, dentro de mí. Y vaya a donde vaya, voy a llevarte, al menos hasta que te pueda dejar.

Lo malo es que te has querido ir tantas veces que ahora de verdad estoy empezando a dejarte. Por pedacitos, claro. Te dejo un poquito en una oficina en la que escatimo al milímetro lo que a ti se te desborda de las manos, te dejo un poquito en la voz de niño con la que él me dice buenas noches. En sus barbas, un poquito más, junto con las tazas y tazas de café que rellenan y rellenan y se mezclan con humo de marihuana y música estridente y pieles desnudas. También te he dejado un poco en la réplica exacta de nuestro edificio, al otro lado de la calle, ¿recuerdas? Ahí. Alguien se hace un nuevo tatuaje mientras te abandono, solo un poquito.

Y, ¿qué es lo peor que podría pasar? ¿Que borremos nuestras redes sociales, que no salgamos a almorzar nunca más o nunca más nos tomemos un café? ¿Que no nos saludemos cuando nos crucemos o que nuestra comunicación pase ahora a ser por acotadísimos mensajes de texto? ¿Qué más puede pasar? ¿Que no hablemos nunca más?.




Encuentre usted los siete días de diferencia.



15.5.16

We found love...

La música hace golpes hermosos en mi cuerpo, palpita desde mi sangre hacia todas mis terminaciones nerviosas a la velocidad de la luz. 
El beat me sale del corazón hacia los pies y hacia el resto de la tierra. 

Todos los colores se ven mil veces más fuertes, mi piel tiene poros, capas nuevas, espacios que nunca antes había visto y hasta mi saliva tiene sabor, sabores. 
Nuevos sabores. 
Montones de sabores.

Tengo los ojos abiertos, pero mi yo de este momento no lo sabe a ciencia cierta. En el golpe del final de esta canción apareces tú. Me miras fijo porque sabes que ambos sentimos todo y pones tus dedos a dos centímetros de mi piel, te mueves, me diriges. Soy tu marioneta y no me estás tocando si quiera. 

Despierto a las cuatro de la madrugada contigo al lado y aunque el efecto ya pasó, todas las sensaciones se mantienen.


24.4.16

De pronto todas las cosas por las que mi ánimo se solía pervertir, pierden sentido. El humo llega con un sabor diferente, cada vez menos es cada vez más odio. Él vuelve y ya no me mueve. Él se va y todo queda como antes.

La música se repite sola, las canciones me cantan al oído los que fueron himnos de baches en el pasado. Dios juega con nuestras vidas desde una plataforma superior, nos divide, nos hace colapsar. ¿Quién más se puede divertir con tanto sufrimiento? 

Me vuelvo a sentir cansada, mis manos tiemblan, arrastro los pasos y mi cabello hace nudos en cada esquina por la que me arrastro, y ahí los dejo, marañándose porque no me importa más ahogarme en el silencio de esta casa. Vuelvo a estar cansada y tengo miedo.

Ya nada de lo que hagas me despierta. Invento demasiadas historias pero ya no pienso, al contrario, vivo lapsos de insoportable vacío. Hay un eco en el costado derecho de mi cabeza y dudo sobre cómo escribir cada palabra. 

En días así, ruego para tener la valentía de los llamados cobardes por los que realmente no se atreverían nunca a abandonar el juego, los que nunca se han vuelto locos.

Pero, estoy tan cansada que solo tengo miedo.


16.4.16

El primer día sin fumar después de diez meses

Quiero que sepas que no me importa nada. Que ya no deseo romperte el corazón porque ni siquiera sabes si tienes uno. Pero no eres tú, es esta creación absurda y promiscua que quisieras ser y que reluces ante todos los ojos, menos dos.

Mi estómago estaba vacío, solo quería llenarme de ti. Recaer busca excusas para hacer entrada triunfal y tú eres un arlequín de las cosas que me hacen mal y las dibujo para besarlas durante horas. Lamento agotarte con todo este malentendido. Mis drogas te hacen efecto pero nadie quiere bailar conmigo y yo hubiese querido que al menos me mientas y digas que buscarás la forma aunque los dos sepamos que tú estás en el sitio más cómodo y nada sacaría tu trasero de ahí. ¿Qué pensará ella? ¿Se dará cuenta que tu nuevo sabor es mío? 

Somos sueños recurrentes. Mapas encriptados de tesoros escondidos . Hay tantas ganas de hacer otras cosas: Patinar sin caerme, hablar otra vez de Eme, pedirle al cielo que Alonso resucite y sea real, sonreírle a hombres casados y pedirles que me digan Lolita mientras me peinan con mis piernas en sus faldas; pero hay otras tantas cosas que inventé que me marean y me hacen vomitar. Aquí está de nuevo.

Anoche en el bar jugamos a hablar de los demás. Todos contaron pecados ajenos y yo que no conozco a nadie fingía que escuchaba sobre la música distorsionada y huachafa, rodeada de personas gordas que sudan sobándose entre ellos y sonrío abriendo la boca cuando parece que debo hacerlo, luego asiento, luego prendo un cigarrillo. Dos cajetillas después, había bebido demasiada valentía como para que mil veinte mensajes después te quedes dormido conmigo y Lana del Rey de fondo.

La última vez que se volvió a ir le dije "está bien, pero recuerda que el que vuelve siempre eres tú".

Si aprendiera algo no repetiría lo mismo. Si tan solo hubiese algo que aprender...


20.3.16

Siete mil días pre operatorios para extirpar recuerdos.

Hasta ayer había perdido la cuenta de los días en los que decidí no existir más para ti. Lo tomaste con tanta calma que tuve que aceptar que mi decisión solo confirmaba tus pensamientos. Yo ya no existía, mejor dicho, nunca lo hice. Irme de ti no te ha restado nada, no te ha hecho mirar al espejo y cuestionarte sobre lo que hay en tu mirada o en tus manos o en tu piel. Es más probable que llegue en un recuerdo desde tu sexo que desde tus labios y ahí retrocederás, mirarás a otro lado y de nuevo habré dejado de existir. ¿Es posible existir más o existir menos?

Todo depende del cristal con que se mire y nosotros nos mirábamos a través de vidrios de botella rotos en las escaleras de un hotel barato. Pedacitos brillosos que confundí con constelaciones que gritaban nuestros nombres entre jadeos y susurros.

He mentido mucho sobre esto y ahora no sé qué es real y qué es resultado de mi imaginación. Quiero creer que tú tampoco existes, que por eso no me buscas, por eso no te enterneces al menos un poco con el recuerdo de lo que di. No existes, por eso no te ataca la necesidad y vuelves a mí.

Ahora mismo no sé qué quiero, no sé qué hice y qué debo hacer. Mañana habrán pasado ochenta días y las canciones que me recordaban a ti me dejarán un sabor amargo que preferiré evitar mientras duermo en otros brazos que me alimenten y me canten al despertar.

Y si algo de todo esto aparece nuevamente como una de las señales que siempre le pido a dios y siempre, siempre me entrega, entonces sabré que he de necesitar más que amor propio y fuerza de voluntad para poder decir no y tomarlo en serio. 

Aunque posiblemente ya esté enredada en esas señales, mordiéndoles la barba y desayunando humo verde en papel de cereza que sabe a besos de verdadera necesidad. Algo que, lamentablemente, nunca conocerás.

26.2.16

Invisible

Pasaste rogando por señales que te confirmen que ya es tiempo de dejarlo. Mirabas las ventanas de su casa desde la vereda del frente. Escribiste un poco más abajo que la temporada de papel de fumar de cereza se renovaba sin él.

Contabas los escalones y si pisabas el trece con el pie izquierdo no deberías subirlos nuevamente. Y no recuerdo si pasó o no pasó: si ignoraste las señales o si nunca acontecieron. Es difícil recordar ahora, con tanta gente viéndote caer.

Él ruega cuando sabe que te vas. 
Cuando se queda solo.
Cuando necesita tu piel.

Pediste mil veces que regrese. Que si volvía podrías tener el argumento perfecto para no volverlo a ver.

Días después de no sentir nada, entraste al baño a llorar escuchando una canción que te recordó que la primera vez que durmieron juntos, despertó a preparar el desayuno cantando cosas sin sentido que inventó en ese momento.

Te busca, te dice algunos de sus códigos secretos (otros no los recuerda). Y tú, cervatillo herido, te lanzas a sus barbas como si no existiera el pasado. Como si no te hubieras roto la cabeza tres veces antes. Y sangraste.

Mi vida es el cuaderno en tu bolso.

Te quiero ver, dices. Y en mi mente, tu voz suena suplicante, suena a que me necesitas, no solo me deseas. Pero minutos después, pasas delante de mí y no existo. De pronto, me vuelvo invisible. 


A veces te besa y por una milésima de segundo, piensas que podría ser. Quizás podría ser. Sus manos cambian y se rozan con las tuyas, pasa sus dedos por tu barbilla y los dos sonríen. Apuesto a que quisieras estar en otro lado.

Te escribe palabras románticas durante todo el día. Te llama, quiere oír tu voz, escucharte reír, ver tu cuerpo desnudo con ese miedo infantil que quiere que le enseñes a olvidar.

Fue lindo mientras duró. Era todo lo demás pero no era real. Era la mezcla perfecta, el sueño dorado de sus cabellos en la misma almohada que tus rulos negros que se resistían a olvidarlo.

Y ahora, otra vez eres invisible. Como esos viernes que te marcaron la piel y hasta hoy nos duelen.

Voy a tener que leerte otros cuentos para que esta noche puedas dormir. 




11.2.16

Y todos los demás, también.

Pasan cosas que no entendemos. Hablo en plural como si en algún momento hubiésemos sido dos. Te hablo de mis fotos favoritas mientras rezo porque alguien más aparezca otra vez. 

Cuento los minutos hasta volver a verte, cada uno pesa mil kilos y dura años y tú no me miras nunca, nunca buscas mi aroma en las calles, ni confundes el roce del viento con mis cabellos en tu rostro. Y cada vez que un minuto cambia, cierro los ojos pidiendo en silencio que él regrese y que te saque de aquí.


Mi espacio está ocupado por otro mundo y un mundo aparte se quiebra cuando pongo un pie fuera de su barba. Existen más cosas que no entendemos. Tú, él, yo; y todos los demás, también.

4.2.16

Closer

Cada vez que te veo eres una persona distinta. Quiero creer que te conozco, que te quiero y que me quieres, y no. Otra vez, no eres tú.

Hay días en los que siento que no puedo no pensar en ti. Recuerdo tu risa con el aire filtrado entre tus dientes. Siento el calor de tus dedos en mi espalda. El olor de tu sudor disparándose en mi pecho.

Otros días no recuerdo tu rostro. Veo tus fotos y eres diferente a cómo te imagino. No sé quién eres y y no sé por qué pienso en ti. Te busco desesperada, subo todos los pisos de tu casa. Rompo vidrios y canto por los pasillos. Seduzco a otros hombres en tu ventana esperando ser notada y; otra vez, no eres tú.


No eres tú, pero tampoco soy yo. Entonces todo se torna confuso, ¿quién rompió los códigos? o debería escribir ¿quién los rompió primero?. Tengo miedo, quiero convencerte de que tengo razón y decirte más mentiras sin que te des cuenta y haga lo que haga tengas solo ganas de entrar en mí. 


Nadie sabe en este drama cuáles son esos códigos secretos, así como "nadie te conoce y estoy hasta el cuello de ti, o más arriba"*











*Rosella di Paolo, Tablillas de San Lázaro - S.O.S.
♥ 



30.1.16

Qué hermoso eres.
Sí, ya sé que lo repito demasiado.
Cuando me lo dices suenas tan diferente a mí.
Te vuelves a poner esos cigarrillos horribles entre los labios de veneno y no puedo evitarlo.
Caigo.

Dos días antes no sabía que existías.
En unos días no estarás más.
Me sonríes apenas mostrando los dientes y tu barba combina mejor con todo.
Otra vez el cigarrillo, te acomodas la camisa y me miras con una ceja más arriba.
Caigo.

Susurras que me acerque.
Ligeramente juegas con mis manos.
Debiste acercarte aquel día a pedirme mi número de teléfono.
Dejarme el olor a esos cigarrillos horribles en el pelo.
Escocerme el cuello con la nariz.
No dejarme caer.



25.1.16

Bye bye, baby boy

Vuelve la temporada de papel de fumar de cereza. Esta vez sin llantos y sin ti. No sé si un clavo saca a otro clavo pero decidí ponérmelos a todos en la piel hasta limpiarme de ti. Dicen que no es fácil dejar un vicio. Que mi personalidad es más adictiva que propensa a las adicciones. Pero, "nadie te conoce y estoy hasta el cuello de ti, o más arriba". 

Es hermoso dejarte ir. Convertirte en un personaje pasajero que intervendrá cada vez que necesite atar la historia con alguien más. Alguien que posiblemente todavía esté. Al menos lo estuvo hace dos días.


Saboreo el papel que ya no sabe a ti y exhalo un humo que dibuja otros rostros. Me río porque ella roba mis textos pero sufro porque no quiero que me odie. Odio que me odien y sé que lo hacen.



En cada párrafo te vas. Te deshaces lentamente de mis ideas. Tendría que quedarme con algo de ti pero no tengo espacio. Cada vez te recuerdo menos.





29.12.15

No tengo una etiqueta para ti

Me sorprende cada reacción. Lo veo hacer bromas y no puedo creer que esté pasando. Junta los labios para fumar desde mis dedos mientras maneja y suelta el volante, canta, baila. Me sorprende. 
Toma el volante y me recrimina lo que acaba de pasar, me hace prometer siempre que no debemos volver a hacerlo y su voz suena tan rítmica y a la vez lúdica. Sospecho algo y lo miro a los ojos. Me sorprende.

Mago haciendo trucos con mis dedos, subiendo por mis piernas, hundiéndose en mis muslos, imprime risas, dos, tres más. Me muerde, me sorprende, sus hechizos son irresistibles. He pensado tanto en esto que ayer no parece solo un día atrás, siento que el aire no se filtra más en mis pulmones, sino tu aroma, siento que las calles se despistan automáticamente cuando estoy sola, y cuando estoy contigo a veces tengo miedo, ya nadie más que tú me mira así. 


Me sorprende, sigue aquí, es otro día y no se ha ido. Las paredes tienen nuevos colores, la sala está llena de luz y los cuadros cuelgan ordenados coincidiendo con los instrumentos musicales llenos de olor a marihuana y a cuerpos vivos, y a yo y él.



Todo lo que digo se olvida, todo lo que me digo de ti, hablándonos todos en una tercera persona que no existe y, que dios se encargue de saber si existes tú. Yo seguiré callando lo que sé y escribiendo lo poco que me quede después de saborear tu corazón.

27.12.15

Tragedia de muñeca rota.

A medida que pasa el tiempo todo se va deteriorando. Evidentemente. Ya no tengo ánimos para salir a festejar cuatro días seguidos mi cumpleaños, empalmarlo con el de mi mejor amiga en esos tiempos y amanecer en alguna cafetería de mala muerte tomando té con lentes oscuros puestos dentro del lugar, como tú, que preferías no ver los colores de la realidad. Como tú, que este año tampoco escribiste. He desaparecido. Increíblemente no existo más. Y no te confundas, este ha sido el mejor año de mi vida y no lo he querido decir en voz alta porque la verdad es que me muero de miedo, siento que apenas lo admita se desarrollarán en mí diez mil septicemias irremediables y me consumiré sin tiempo de reparar errores. 
Me tiemblan las manos, la voz me dura menos cada vez, un trago se convierte en un dolor de cabeza de dos días e incluso tengo ojeras, ¿te acuerdas que me pintaba debajo de los ojos con sombra verde para que pareciera que tenía ojeras? Nadie entiende los cuentos y explicarlos me agota. Mi círculo social me deprime, llegar a casa me deprime, irme de casa me deprime, dormir a las doce y media me deprime, despertar a las cinco me deprime. Que me tiemblen las manos me aterra.

Te atrapé cuando me doblabas la edad, fue el reto más grande, cambiaste por completo mi vida. Ahora yo doblo la edad de esa pobre ilusa que creyó todo lo que le dijiste y quisiera regresar el tiempo y pedirle por favor que no se tome todo tan a pecho, que aprenda a soltar, que no cave su propia tumba. Y a ti regalarte flores y decirte que esto no tiene nada que ver contigo, que te amé tanto y que nunca jamás te odiaría, que no todo lo que soy hoy es un después de ti y asumo mis propias culpas. 

Y escribo pensando en ti porque tú encierras a todos los demás, porque cuando te hablo a ti les hablo a todos pero a nadie más le diría la verdad, con un vacío en el pecho como te la digo a ti. 

Y si quieres venir un día de estos a tomar el té con lentes oscuros mientras escondo el temblor en mis manos, solo ven, solo ven, que ya te espero sin esperar nada más. Nada más.