23.3.09

Debe ser, sencillamente, que mi capacidad de extrañar rebasa el resto de malnutridos talentos que bailan en mi cuerpo.
Extrañar.
Sin saber qué o a quién.
Extraño, por ejemplo, una buena conversación, un saludo sincero, mi cabello, la habilidad para sentarme encima del tiempo y no pensar en nada más.
El aburrimiento está igualando al sentimiento de pérdida.
Me aburro de todo, me aburro con todos, me aburro cuando no hago nada, cuando estoy sola, me aburro siempre.
Me pongo a pensar en que voy a escribir. No se me ocurre nada, a excepción de lo aburrido que va a ser.

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