21.3.09

El día, entonces, termina sin mayores expectativas. Quince mil llamadas de mi conciencia hasta el lado más oscuro en el que podía esconderme. Balanzas que me dicen lo que los espejos me niegan.
Él me mira, me mira con esa sonrisa, me derrito ante él por un momento. Vuelvo al vicio.
Algo me hace pensar que ya no soy interesante, que ya no tengo nada de qué hablar. Apartando el hecho de que ya no tengo a nadie con quien hablar, por supuesto, nadie a quien sorprender.
¿Que será, que mientras más voy madurando, menos necesito/necesitan de mi?
Quizás es simplemente que las personas que me rodean buscan algo de mí. Como ya no tengo nada que dar, no hay nada que vengan a buscar.
Quiero cortarme el cabello, hacerme un tatuaje, perderme del mundo.

Y dentro de todo, tengo que admitirlo: Me gusta la atención.

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