28.3.09

A veces siento que tengo la necesidad de hablar con alguien. De decir las cosas que me pasan, de explotar y ver si así puedo encontrar razones o respuestas.

Pero cuando intento, me encuentro con una inmensa pared, si no son dudas (no tan diferentes a las mías) son quejas, son lamentos, son bromas acerca de mis pensamientos, son otras personas con la misma necesidad de hablar. Esas mismas a las que yo siempre escucho, esas mismas que saben que siempre me pueden encontrar a mí, sea a dónde sea, o sea la hora que sea.

Sólo conozco a alguien dispuesto a escucharme, una sola persona que no me va a recargar con sus miserias, una sola persona que va a dejar que le cuente todo lo que tenga dentro y me va a abrazar, me dará algo de beber y me dejará ver el sol escondiéndose, mientras me abraza.

Y a esa única persona, yo no puedo decirle nada.


Prefiero no empezar a decir nada. Porque, como escuché una vez (quizás de mi propia voz): "¿cómo quieres que sepan que los necesitas, si no dices nada?"

Bueno. Algunos dicen que hay personas con más de seis sentidos.

Pero nadie toca la puerta.

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