28.4.09

Cuando tengo necesidad de hablar, no hay nadie. Nadie.

En este momento mis dos pedazos de mar no me sirven, porque están aturdiéndome con sus quejas y sean ficticias o reales, son de las que saben estrujarte las ganas de vivir.

Continúo. En messenger, tengo aproximadamente ciento veinte contactos, de los cuales un máximo de treinta están conectados simultáneamente, de los cuales un máximo de dos me habla regularmente.

Entonces, en este momento, abro la ventana de mi nuevo windows live messenger y decido eliminar a todos los contactos con los que no he tenido CONTACTO en suficiente tiempo como para que se hayan casado, dado a luz, intentado suicidar o similares, y yo no me haya enterado.

Me quedo con diez contactos conectados, a dos de ellos no los eliminé por algún tipo de extra sensibilidad no programada para el día de hoy.

Después de haber reflexionado durante breves, pero importantes segundos, acerca de la comunicación moderna, siento que ya no tengo nada más que hacer.

Vuelvo al letargo.

Mientras releo y le inserto formatos a mi estúpido escrito, entra uno de mis contactos favoritos en la vida real.

Me saluda.

Le respondo el saludo.

Me pregunta cómo estoy.(cómo me enerva que me pregunten cómo estoy)

Le respondo que bien. (nadie quiere saber realmente, así que para qué darle pie a una conversación que se autodestruirá en cinco segundos)

Me pregunta qué hago. (qué más puedo hacer... en la oficina)

Le respondo que estoy escribiendo. (ok, puedo hacer dos o más cosas a la vez)

Me pregunta qué haré el fin de semana.

Aún no sé, le respondo yo. (escribí: haré algo sin ti. pero no me atreví a enviarlo)

-¿Y tú? - repregunto, como para no perder el hilo. (porque realmente no me importa)

En ese momento, mi contacto empieza a contarme el super divertido plan que tiene con su nuevo novio, al cual no conozco, ni quiero conocer "Porque ya sabes que mi cholo es lindo" Cosa que tampoco me importa.

Mi mood INACTIVO me disculpa por no responder y sin querer queriendo, le dí un tácito no admitir.


Sigo aburrida, y empiezo a darme cuenta que nunca sé qué decir.

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