29.4.09

Esta mañana, Magdalena ha sentido el dolor del tiempo pasando por su cuerpo. Se despertó tarde, muy cansada, miró el reloj y se dió cuenta que sólo había dormido una hora, a lo mucho. Se estiró con la misma idea con la que lo hace hace más de diez años: crecer un poco. Vuelve a ver el reloj y se sorprende de lo rápido que pasa el tiempo.
Sale del cuarto y busca a Judas, la noche anterior, Judas no había llegado a la casa. Magdalena no se preocupa por él, piensa que nadie se robaría a un gato tan feo, se ríe, y se retracta de sus pensamientos. Ahora piensa que un gato tan audaz como Judas, no se dejaría apresar por nadie.
Casi sin fuerzas, Magdalena entra a la ducha, abre la llave de agua caliente, apoya ambos brazos contra la pared y con la cabeza agacha, trata de olvidar que todo es real.
Dentro del agua, hoy, no hay tiempo, no hay frío. Todo es un armónico ruido que va al compás de su corazón. -Todo lo que pueda pasar, pasará despues- piensa Magdalena.
Pasea sus dedos por detrás de su cuello e inevitablemente recuerda cuando era él quien la calmaba.

Recuerda cuando ella cantaba en todo momento, cuando la ducha era el mejor escenario, cuando las palmas se traducían en dos corazones separados por piel, que trataban de unirse.

Entonces, Magdalena trata de componer alguna historia, se mira las manos arrugadas por el agua y dice para ella misma: "no dejen de hablarme"

Rompe en llanto.

Antes de salir de la ducha, Magdalena había logrado dos o tres líneas que al derramarlas en papel, podrían dar un hermoso resultado. Sonrió por eso.

Salió hacia la cocina envuelta sólo en la misma toalla rosada de hace tanto tiempo y se hizo café, volvió a su cuarto dispuesta a vestirse para el cotidiano y encendió el televisor. Al ver la hora, renegó de si misma, tomó el café a medias, encendió un cigarrillo, se calzó los lentes de sol que había logrado conseguir despues de mucho tiempo y se miró al espejo:


- No se ven mal. Y justo se te ocurre ocultarte ahora, sol de mierda.

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