16.4.09

Esto es lo que Magdalena llamaría "una perfecta oportunidad". 

Yo sin embargo, prefería guardar disimuladamente mis emociones. Magdalena siempre ha sabido cómo manejarme. Sabe la exacta manera de decirme las cosas de una forma que yo no me negaría.

Le propongo entonces, tener un poco más de calma. Ella, enemiga acérrima de la paz, me mira casi sin mirarme, lanza una bocanada de humo y suelta una sonora carcajada.

Entender a Magdalena se me hace difícil, pero más difícil aún, se me hace decirle que no.

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