18.6.09

Uno

Magdalena se dejó caer de espaldas sobre el suelo de la sala, se perdió en los ojos del felino blanco que quedaba ahora delante de ella. Minutos antes, se había guardado en la piel un poco del perfume que él llevaba con la certera intención de registrarlo en la memoria y quizás después, escribir sobre eso.

De pronto, la silueta detrás de ella, la sacó de la absorción en la que estaba. Se puso de rodillas y se acomodó la camiseta, avergonzada hizo un par de comentarios al parecer sin mucha importancia y volvió a encausar la conversación.

El frío le estaba congelando los dedos, un cigarrillo tras otro y la tranquilidad de ver al fin el rostro de aquel desconocido. Las acciones iban en cámara lenta, ella estaba rodeada por su color favorito, por su nuevo aroma favorito y por un lugar que la alejaba por algunas horas de la realidad.

El estaba sentado frente a ella, con una actitud de dominio absoluto, alcohol en una mano, un cigarrillo* en la otra, hablaba articulando perfectamente cada palabra, poniendo sus ojos fijos en cualquier lugar, ella lo seguía atenta, sin perderse ningún detalle, miraba sus labios dibujar las frases, miraba su piel e imaginaba. Lo imaginaba a él, viéndolo cara a cara, seguía imaginando, delirando sobre el sofá.

La hora se le adelantó, tenía que despedirse y salir. 

Y no olvidar ningún zapato en el intento.



Magdalena había pensado muchas noches en esta noche, me había contado mil veces el sabor imaginario de los labios de aquel desconocido, había dibujado en mi ventana las marcas que tendría en la piel. Yo había sucumbido a la deliciosa manera en la que ella lo describía y había suspirado a su lado.



(...)




-¿Cuál es el sinónimo de nada? dijo él.

1 comentario:

Ella dijo...

y no me la creo, pero al día siguiente lo viví con ella :)

q dolorosamente bueno... ya vendrá la próxima y te anticipo... A GÁ RRA TE