12.6.09

Veinte horas despierta.

Dos horas de sueño y dos horas de cualquier otra cosa. Yo, una persona cualquiera, en cualquier lugar, en octubre o en enero, da lo mismo. Mi cabeza está rodando por alguna esquina, por cualquier esquina.

Mis manos están congeladas, es un dolor profundo seguir con los ojos abiertos, pero la cama me expulsa, me escupe. El sueño se degrada ante mí, yo lo persigo por todas las grietas de la casa, pero la impotencia me puede. Me quedo despierta, quizás no del todo, quizás esto es un sueño, quizás estoy dormida. Es una pesadilla. No puedo dormir, no puedo despertar.

Ya no quiero retroceder el tiempo, no quiero dar vueltas en círculos de interminables vicios, no quiero extrañar a quien no me extraña. Este sueño está durando demasiado, el vacío de mi estómago explota en mi boca, no resisto más, devuelvo la ira en forma de humo líquido.

No estoy dormida, esto no puede ser sólo un sueño. Es una realidad bizarra. Mi mente ha tomado el control de mi vida y su único objetivo es destruirme. Son más de dos guerras dentro de mí.

Me arrastro por los techos de la casa, por las columnas vertebrales de un cuerpo al lado izquierdo de mi propio cuerpo, le muerdo los labios a un futuro que se deja seducir, pero que me abandona cuando creo tenerlo seguro. Es una noche larga, he perdido los relojes de la sensatez, sin embargo mi corazón late, mil doscientas horas despierta y ciento veinte días de cualquier otra cosa.

Todos en el mundo están dormidos, debe ser realmente tarde. O quizás es realmente muy temprano. Todo da vueltas, todo gira, todo duele.


Todos me han abandonado. Pero ya no sé dónde estoy. Y no sé si es tarde o temprano, si estoy dormida o despierta, si me han abandonado o preferí escapar.

La luna se despierta detrás de mí, seguramente dioz también está dormido. Mis venas sobrepasan mi piel, veo algo saltando dentro de mi pecho, mis ojos están quebrados. ¿Son los ojos el espejo del alma? Sí.

Me siento en la ventana, converso con una parte de mí muy lejos, le cuento todo esto, le pregunto si estoy soñando, si mi alma está rota, si me extraña. Lo bombardeo con cuentos de necesidad, lo persigo, me ato a él para atarme a la realidad, para impedirle a mi mente que acabe con mi vida.

Caen hojas de mis cabellos, el otoño ha llegado y él cierra su ventana con un "te amo desde siempre" Cómo le explico que de nada me sirve, que ningún intento es suficiente. Camino sobre las hojas en el suelo, escucho como vibran debajo de mis pasos, me subo en ellas y me dirijo hacia el espejo.

Ahí, otro demonio, un infierno entero. Ella me mira, me exige y me reclama. Me perturba, me golpea. Mi cuerpo atacado por mi propia imagen en tercera dimensión. Me arranca los cabellos y me clava las uñas en la espalda. Uno, dos, tres, is not good enough. Le cierro la cortina, no tengo fuerzas para luchar contra ella.

Lentamente me desplazo hacia la ducha, no estoy perdida del todo. Sé que debo vestirme decente y entregarme a la tortura diaria que corta mi identidad en pedacitos. Me inundo en el chorro de agua sobre mi cabello. Agua azul corriendo por entre mis venas inflamadas, agua hirviendo cayendo por mis hombros, agua mezclándose con el agua en mis mejillas.

Ovnis rodando en la puerta de mi casa, un niño muerto dentro de mi cuerpo. Ya estoy fuera, súmale una hora a las veinte horas despierta.


1 comentario:

Anónimo dijo...

como te fue en el concurso ?