24.7.09

De pronto, aquella gran alegría te empieza a cerrar el pecho. Te duele respirar. Te duele estar tan presente. Y no finjas conmigo, Magdalena, que te conozco y sé cuánto te duele despertar en estos días.
En un abrir y cerrar de ojos, volviste a ser tu enemiga, volviste a partirte la piel en pedacitos y a quebrar tu alma en añicos. Si fuera por mí, Magdalena; esta vez le daría la razón a él, porque por más que estés amarrándote la lengua y mordiendo más de lo debido para regalarle una sonrisa, estás haciéndote bien. Pero si no te conociera tanto, no estaría ahora escribiendo aquí, para ti.

Por qué no puedes encontrar un punto medio? Un equilibrio. Por qué te cuesta tanto simplemente vivir con sensatez?.

Por pintarle sonrisas a él en el rostro, te has metido otra vez en el mismo lío de toda la vida, en el cuarto oscuro del odio hacia ti misma. Él está feliz y tú empiezas a odiarlo. Aquello que debía traer alegría, está trayendo tragedia, la misma de siempre, otra vez, otra vez, otra vez.

Descansa hoy, sécate las manos y ciérrale los ojos, vive esta alegría y olvidate de ella por un día, siempre hay un lunes nuevo, siempre hay un día para no caer.





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