9.7.09

Me han robado la cabeza

He abierto una galleta de la fortuna, la galleta me ha dicho "Deja ya de buscar, la felicidad está a tu lado"

Mi corazón se detuvo por dos o tres segundos, cuando reaccioné lo primero que pude hacer, fue tomar el teléfono y marcar tu número, porque antes de irte me dijiste que siempre estarías a mi lado. Y tuve miedo.

- ¿Eres tú? - dije en cuanto respondiste
- ¿Qué pregunta es esa? ¡Claro que soy yo! - me dijiste sin entender.


Entonces, tuve miedo otra vez. Colgué la llamada sin decirte nada. Y me senté a tratar de explicarme lo sucedido.

Caí en cuentas de que quizás eras tú quien necesitaba una explicación y volví a llamarte. Te pregunté si realmente creías que yo buscaba la felicidad mientras que ella cuelga en mis narices, riendo dijiste que no es que no me de cuenta de dónde está la felicidad, sino que me gusta ahuyentarla, disfrazarla, esconderla. Me gusta saberme triste y buscar consuelo, me gusta sentirme abandonada y buscar alivio.

Y ¿sabes? Sí, sí sabes. Sabes que tienes razón, porque realmente tú no me mientes nunca, por más que yo te muerda la paciencia, tú siempre me dices la verdad.

Y era verdad también cuando dijiste que siempre estarías a mi lado, lo noté y traté de inmediato de despejar el camino para tu soledad. Y quizás lo logré, eso te lo preguntaré otro día.

Y ahora, después de sentir que mi cabeza no está más sobre mis hombros, me he sentado en la misma silla de siempre, con el frío en las manos y sin ningún cigarrillo a la vista para contarte todo esto sabiendo que no lo vas a leer y que te vas a quedar con la duda (que más se parece a la esperanza) del por qué de mi pregunta. Piensa lo que puedas pensar, sabiendo cuanto me conoces, sé que no te durará más de un día. Ya está, ya se acabó.

Antes de colgar, me dijiste que sí, siempre estarás a mi lado, pero que después de mucho tiempo te has dado cuenta que tú no eres mi felicidad.

Y yo sonreí, sin decirte nada, moví la cabeza hacia adelante para darte la razón sin que te des cuenta, pero lo hiciste, a millas de distancia, sin que puedas verme, supiste mi reacción.

Y terminaste la frase diciendo: "pero sé que siempre puedo hacerte reír". Entonces empecé a llorar.

Me tapé la boca y te dije que te amaba, que te voy a amar mucho tiempo más. Lo repetí luego pronunciando fuerte y claro, agradeciste, como si fuera un favor el que yo te hago, hice una broma y colgué el teléfono.

Me senté al borde de la ventana a mirar hacia afuera y mi teléfono volvió a sonar, me acerqué pensando que eras tú, que te había faltado decirme algo, pero no.

No eras tú.





Estúpida galleta virtual, ¿ves todo lo que has ocasionado? Yo ya sé lo que hago, pero me gusta fingir que no me doy cuenta de nada. Pese a todo, tienes un poco de razón.

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