3.7.09

¿Por qué tan triste, Magdalena?

Ya sabes cómo termina el juego, porque lo has jugado toda la vida. La gente te abandona y la paranoia te consume.

Y sigues creyendo que hiciste algo mal.

Lo que haces mal es olvidarte de ti misma, perseguir ideas que no te pertenecen, no diferenciar que tu vida no es tu vida, y que el resto no quiere involucrar su vida con la tuya.

Consigue una sonrisa, Eme. Consigue una nueva víctima en donde poner tus colmillos, entrega tu corazón desorientado y devuelve una lanza en tu propio costado.

Te olvidan, te olvidan, te olvidan, te olvidan, te olvidan, te olvidan, te olvidan, te olvidan, te olvidan, te olvidan, te olvidan, te olvidaron; hace mucho.

Abre los ojos y date cuenta que además de lo que pierdes, me tienes a mí siempre, siempre a tu lado, siempre con mis ojos hacia arriba, atenta a cada paso tuyo, atenta a tus flaquezas y a cada posible caída. Tienes una cama tibia casi todos los días y tienes pocos días de vida.


A veces quisiera morirme para ver si alguien me va a extrañar.


Y deberías saber que en el mundo real ya nadie te extraña, ya nadie piensa en ti, ya nadie sueña contigo ni espera verte por las noches, ya nadie se ríe de tus bromas, nadie escribe para ti, nadie recuerda tu aroma, nadie enciende un cigarrillo en tu nombre, nadie.

Excepto yo.

Que muy a tu pesar y al mío propio, algunas veces, siempre estaré en tu espalda, en tus venas.

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