25.8.09

Es tarde.

Hoy es turno del sonido en mis oídos de no dejarme dormir, ya perdí la cuenta, no sé los días, no sé las horas, sólo sé que estoy despierta. Estoy despierta y me duele.

Me arrastro por la casa, por entre los rincones que dejaste vacíos cuando te fuiste, saqueaste todo y te fuiste. ¿Cómo no me di cuenta que te llevabas mi cordura entre tus cosas? Mi corazón es tuyo. Mis verdades, no son de nadie.

Trato de cerrar los ojos, trato de recostarme; el piso me abriga, la cama tiene demasiado de tu forma, si me atrapa me asesina. El piso está frío, pero mi cuerpo está más frío aún, paso los dedos por los bordes de la nada, paso los dedos tratando de relajar mi visión: la vacía casa que me persigue, está así desde que te fuiste. Me persigue, me despierta, no me deja dormir.

Levanto el cuerpo, los ojos me guían hacia la nada, esto es el purgatorio. De esto hablaban todos ellos, el cielo o el infierno me dan lo mismo, el purgatorio es tenerte lejos, tenerte fuera, tenerte y no tenerte.

Igual, estoy quemándome.

De pie, la vista hacia la calle. ¿cuándo fue que se destruyó todo? El mundo terminó, afuera o adentro, me da lo mismo, la casa llena de todo lo que no me sirve, me da lo mismo.

Todo está frío.

Me acerco lentamente hacia la vitrina, el cuadro de mi madre sonriendo y yo en sus brazos, inquieta, ojos negros clavados en el momento, negro el cabello alborotado, mi madre sonríe, no recuerdo por qué, sonríe y al verla me pregunto si de verdad vale la pena. Me pregunto si podré volver a sonreír así.



Ella me lo dijo, no recuerdo bien qué día, pero el día de aquella foto estoy segura que no, ella me lo dijo entre delirios, me lo dijo y los demonioz le cortaban la razón.

Esa tarde ella no reía, por el contrario, sufría tanto que si la hubieras visto, jamás te imaginarías que es la misma persona que sonríe en esta foto.


Me doy cuenta que estoy en tregua, ojos cerrados y sigo en paz, sigo con la imagen de mi madre en la memoria.


Ahora estoy dormida. Duermo y mi madre me repite las palabras que me dijo esa tarde triste.


"Qué pena niña, qué pena que tu nombre te caiga tan a pelo, qué pena que vayas a sufrir tanto, el amor es mentira y qué bien vas a mentir. Te veo enamorada, te veo siempre enamorada del hombre equivocado. Las piedras van y vienen, y una sóla palabra suya bastará para sanarte ... o para hundirte. Qué pena, pero ya desde mi vientre estabas condenada. Y ese hombre no se libra, el también va a sufrir, el también sufrirá por ti, pero no le creas, porque ya sabes que el amor es mentira, y qué bien te van a mentir..."




Y hubiera preferido quedarme despierta, de pie, mirando a la ventana.

1 comentario:

Yannice dijo...

´Qué bonito not good enough..