10.8.09

Sin darme cuenta estábamos ya en mi casa, envueltos en besos, perdidos en caricias, desnudos sobre el suelo que aquella noche no se sentía frío.

Pude ver una cicatriz sobre tu pecho. "De cuando el amor no me amaba"- dijiste- dejando por un segundo que tu mirada se pierda en aquel recuerdo. Encendiste un cigarrillo y a través del fuego pude ver el borde enrojecido de tus ojos, pude también ver los hoyuelos de tu sonrisa y me quedé perdida en los morados debajo de tu mirada. Nada era más fácil que quedarme abrazada a ti, mirándote; pero me empeñaba en tratar de entender qué extraño lazo había entre nosotros, necesitaba entender cuál era el trasfondo de aquellas casualidades.

Me levanté con ganas de evitar aquel martilleo en mi mente, abrí las cortinas de la habitación y dejé que el brillo del sol de invierno se cuele por mi piel. Tú hiciste lo mismo, caminaste por mi habitación como si la conocieras, encendiste la música y otro cigarrillo, te colocaste una de mis camisetas y te sentaste al borde de la ventana. Desde allí, a la luz del día, tu piel blanca, resplandecía haciendo un mágico contraste con tu cabello negro y desordenado.

Me senté en la cama y te tomé un par de fotos. Me miraste a los ojos y me dijiste "es hora de irme, ¿verdad?"

1 comentario:

agos dijo...

son escritos tuyos los que aparecen aca? porque la verdad me deharon :O.
Son muy profundos :) si podes respondeme ;)