17.9.09

Magdalena se ha hecho pequeña y se ha arrugado sobre mi piel. Me ha enjuagado el rostro con su llanto, bajito. Me dice que la abrace, que le aparte la soledad, pero el aire no toma su forma y mis brazos se abren ante la nada.

Y le pregunto por qué llora, por qué arruina su maquillaje bonito, su rostro cubierto de rosaditos redondos en cada mejilla.

No me dice nada, pero siento el dolor dentro de mi pecho, yo ya sé porque está llorando.


Y pasa así, cuando no puede escribir, cuando las letras le salen atorándose entre sus dedos, cuando su mente trabaja, un tren en su cerebro, una ratonera en su corazón.

No sabe qué decir, no puede decir lo que quiere, no quiere decir lo que piensa. No dice nada.

Así es.

Así como ahora, como en este momento.

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