28.10.09

Ay, mi amor! sin ti no entiendo el despertar
ay, mi amor! sin ti, mi cama es ancha...





Los espejos en casa se rompen solos. Debe ser la costumbre de cada mañana de estas últimas vidas la que los ha hecho tan débiles y tan suceptibles, casi tanto como yo. Hoy soy de cristal, de cenizas, de todo lo que se pueda deshacer en tus manos o en tu olvido.

La noche se me escapa en los bordes de la nada, la cama se burla de mi vida tumbada sobre ella y esos antiguos métodos para ponerme a soñar, ya no me sirven.

Nada me hace más daño que ver una foto inexistente en el estante lleno de polvo y telas de araña. Ponerme a pensar en mi, me duele, me ata de manos, me recuerda a ti.

Entonces, entre delirios, le hablo a Madrugada. Le hablo de aquellos sueños que no llegan nunca, porque ella se cuela en mis sábanas y me impide encontrarme con un poco de paz. "Quiero despertar sin angustia..." -le digo, muy tonta, porque ella se irá y yo la veré partir, gris, como una casa vacía.

Y mientras todo se llena de humo, juego con una piedra, juego a que es tu piel y escribo sobre ella:



"Hay una esquina en mi pecho reservada para ti, para cuando quieras venir a leer poemas de amor o simplemente quieras descansar o sentir calor, siempre está, así como tú."

1 comentario:

Ignacio Reiva dijo...

El dolor va tallando la piedra de nuestras vidas intentando convertirlas en obras de arte, pero es imposible el trabajo si no estamos dispuestos a aceptar los golpes del martillo no los cortes del cincel. Un gran beso.