14.10.09

Estoy bien. Todo está bien en este lugar.

Salvo que no estás aquí. De resto, todo es perfecto... Salvo, también, que hace mil años no asomo la cabeza por la ventana, así que no sé como esté todo allá afuera. Me animaría a decirte que todo afuera también es perfecto, pero yo no sé mentirte.

Entonces: todo estaría bien si estuvieras aquí conmigo, de esa forma realmente no me importaría ver si el mundo acabó de destruirse o si nadie ha venido a verme desde que cerré las puertas, me daría igual que el no me haya vuelto a llamar, porque estarías tú y tú todo lo haces perfecto.

Se acerca tu cumpleaños y este año no beberemos vino ni bailaremos hasta altas horas de la noche los dos solos, no nos acurrucaremos el uno contra el otro ni haremos el amor escuchando alguna canción en francés. No este año.

Igual, la nostalgia me está devorando, porque este año ni siquiera hablaremos un par de horas contándonos todo por milésima vez, no me dirás esas cosas que siempre dices pero que yo finjo no escuchar, este año, ni siquiera me has permitido darte un abrazo, ni mirarte.

Estos son días de furia, Alonso; días en los que todo me abandona (y si es que no lo hace, yo lo siento así) Me siento aislada, me siento fuera de cualquier lugar, me siento inexistente.


¿Recuerdas qué día es hoy? ¿Recuerdas qué hicimos el año pasado?


Pues bueno, no me importa si es que crees -como siempre, protegiéndote con esa estúpida humildad de la que sabes que no soy partidaria - que era todo a causa del vino, que lloraba y reía, por el vino o por tus manos paseándose exactas por mi horrible cuerpo. Lloraba porque la pena me consumía y reía porque estabas conmigo y mi pena no importaba tanto, porque cuando te miraba a los ojos algo en ellos me decía que realmente hay esperanza. Quiero verte a los ojos.


Hoy me desperté con cierto esfuerzo autoinducido, tengo la certeza de este día desde hace mil años atrás. La certeza de que es un día más, un día menos; mejor. Es sólo su día, aunque a el no le importe o aunque a mi me importe mucho.


Estoy corriendo ¿sabes? No, no; corriendo en serio. Cinco miserables vueltas a la manzana. Me mata el corazón, pero prefiero eso a que me mate el colesterol.

Hoy al regresar, me quité la ropa, hice algunos estiramientos y entré a la ducha. Y fue una de las pocas veces en las que no disfruté el agua sobre mis hombros, solo pensaba en que llegue mañana o el sábado, mejor.

Pero al salir, me miré al espejo y tenía cierto matiz rojizo sobre mis mejillas, tenía la piel tersa, los labios rojos, me reí mientras me miraba, porque recordé cuando escribiste acerca de mi, de como me pongo después de hacer el amor. Me reí y seguía viendo un bonito reflejo y quise con toda mi alma que hayas estado ahí. Entonces, luego de escribir un poco para él, rebusqué entre tus correos y encontré ese cuento y fui directamente al párrafo en el que me describes y bueno, lloré otra vez.

Y luego de eso, me senté en la misma silla del año pasado a escribir para ti... a sabiendas de que no responderás, tampoco hoy.

2 comentarios:

Ella dijo...

Que no responda... por ahora. Ya sabes como es y ya sabrás que dirá.

Un año más te hace más hermosa... dudo que haga lo mismo por él.

Ella dijo...

Es más! puedo confirmarlo :)