22.1.10

La noche me trae otro recuerdo. Escasas palabras atadas a mis manos, prisioneras de cada latido que, sinceramente, ya no sé si me pertenecen o no.

Y suavemente se pasea por mi torso desnudo, se pasea como en su territorio, como en una casa conocida, como si fueran sus propias palmas. Palmas para él, que se mete en mi cabeza. ¿Qué más puedo hacer? Sumisa ante sus silencios, opto por seguirle el paso.

Lo busco, lo persigo, lo huelo desde lejos. ¿Soy yo? Es él, estoy segura. Quisiera así estar segura de mí misma. Pero me traiciono a diario, dos pasos adelante por tres hacia atrás, macabra danza de inseguridades, maldito destierro de mi propio corazón.

Quizás no lo notes, pero estoy pensando en ti. Háblame, dime algo, lo que sea. Una palabra que ayude a mi tonta espera a no sentirse tan desesperada. Una frase, un par de líneas, en mis manos o en las tuyas, en el cielo, en el borde de la cama.

Susurro suavemente en tus lóbulos, me amarro insistente a tus recuerdos y te ofrezco besos sinceros al terminar la noche y al empezar tus días.

Y siempre, cada vez que quieras, puedes venir a visitarme, a pasearte por mi piel, a morderme y a esconderte debajo de las sábanas.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

escribe un libro :)

servidor dijo...

Quién no quisiera escuchar eso más seguido, de la mujer que uno ama, un estoy pensando en ti... (suspiro)

saluos!
(te sigo)