24.2.10

Ya sabemos lo que pasa cuando el llega. El temblor de tus piernas, el frío en tus manos y el camino congelado desde el corazón hasta la garganta. Sabemos lo que pasa: tú colgada de la ventana y el caminando de espaldas a ti.

Sabemos lo que sigue, noches de insomnio abrazada a la esperanza de su voz en el teléfono. Días de furia, de bocas cerradas y puños contra la pared.

Lo sé. Lo sabes.

Pérdidas irreparables cometiendo los mismos errores que siempre te juras no repetir. El no gana nada y hace mucho tiempo dejó de perder tiempo en ti y en tus lágrimas.

Y tú me dices que ya no sientes nada, que el tiempo -esta vez- sí ha curado tus heridas, que tu piel ni lo recuerda ni lo extraña. Que si estás temblando es por el clima, clima de Lima en tu pecho, quizás. Que si la nostalgia te ataca es por culpa de esa canción que te recuerda a aquel tiempo pasado que te empeñas en creer que fue mejor. Que si necesitas a alguien que te abrace es porque el aburrimiento gana la batalla contra las ganas y por consecuencia...

Y yo te creo y te ayudo, te miro a los ojos y te digo "es verdad, hace mucho que no te veo tan bien" Te creo, pero no creo lo que dices. Creo en tus ganas de que todo ese discurso preparado desde hace mil novecientos veinte años sea verdad. Creo en que un día me vas a decir eso y voy a verte riendo, de verdad.


El sigue por aquí y tú sigues pendiente de cada movimiento, aunque no lo note.


Y ruegas porque venga y se entere un poquito de lo que hay en tus manos, ruegas porque no lo tome a mal, porque entienda que su vida es el sello que no puedes borrar de tu piel.



Y tiemblas...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Vuelve a venir y vuelve a irse. Eterna sombra, eterno brillo que enceguece.

Se va.