18.3.10

Eme se despierta en madrugada, las dudas la han echado de la cama. Quisiera sentarme con ella y acompañarla, encenderle el cigarrillo y dejar que la pena se vaya con el humo. Pero su voz se ha apagado, sus manos en puños no quieren golpear nada.


Es mejor sentir dolor que no sentir nada.


No golpean nada y le duele tanto. La miro, espero una señal, una pista simple, cualquier cosa que me deje entrar. Una mínima rendija abierta e inundo su casa.

Quisiera saber qué es lo que tiene dentro, qué le hace tanto daño. Qué la tortura al punto de dejarla así, frágil, automática, destructible.

Pero Eme se voltea al verme, se despide de los gatos que viven en su mente y se encierra lejos de mi. Me deja fuera de mi propio cuerpo.


Otra parte de mi que se me va.

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