15.3.10

¿A qué juegas?

Estás jugando. Te ríes de mi, te burlas, soy un chiste, una broma. Vas y vienes y vuelves siempre con una sonrisa, como si supieras que te estoy esperando. Y empiezas a recoger uno a uno los pedazos de mi vida que están desparramados por la casa vacía. Empiezas a llenarla con tu voz.
Sólo una palabra tuya bastará para sanarme.
Te ríes, me dices que todo va a estar bien. "¿Ves estas marcas en mi cuello? Me las hice de desesperación por verte" Y yo te creo.

Me enferma cada paso que das, me vuelve loca. Te ausentas, te escondes, te busco desesperada, me destrozo las manos arañando las paredes que me separan de ti, me da vueltas la vida y me deja caer, agotada, ensangrentada, sin respuesta.

Y tú sólo sonríes, y nada me hace más feliz, nada me tortura más. Lo sabes, sabes cómo hacerlo, sabes como hacerme llorar y a la vez pedirte más. Te puse mi vida entera a los pies y la usas como alfombra para sacudirte las marcas que otras te dejan.

A escondidas estamos bien. Así nadie me ve entregada como una presa sin instinto, así nadie te ve que, de verdad, me besas hasta casi perder el aire. Así nadie nos ve. A escondidas, como cuando sabes que haces algo mal.

A casa no vienes de día, no llamas con tu nombre, no envías dulces ni dejas recados. A casa llegas con tu máscara, con tu saco largo que te cubre hasta la punta de los pies, ese mismo que luego me enreda hasta el último cabello.

Y te recibo, te alimento, te cuido, te guardo en cada cuarto. Te riego por todas las esquinas, para luego cuando no quieras venir, poder perderme en ellas, como un adicto, como un animal hambriento.

Hasta que quieras regresar y dejar que empiece la tortura otra vez. Llenarme de este fuego y de esta paz, otra vez.

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