26.4.10

De noche se confunden los cuerpos. El aroma de la muerte viene bien después de un par de copas, el odio se parece demasiado al amor y los amantes se transforman en cazadores inocentes entregándose a sus presas que, delirantes, no se compadecen.

Así baila Magdalena, por las noches de ojos cerrados, por las calles de frío color rojo, baila sin mirar con quién, sonríe y baila.

Y piensa en ti.

Baila amarrándose las manos a la cintura, entregándose al calor de la música, dando vueltas. Su cabello vuela entra las luces, el alcohol sube por sus brazos y los pone arriba, su corazón desata ritmos inconexos. Caen las lágrimas.

Se muerde los labios para no gritar tu nombre, se entrega a las voces que la halagan para difamarla luego. Se entrega a el cruel intento de olvidarse de ti.

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