5.5.10

Cuando pienso en las posibilidades que teníamos tú y yo, no puedo dejar de pensar en todo lo que arruiné. Con mis propias manos destruí lo que deseaba, con mis miedos y mis dudas construí una trampa para perder la razón.

Y como una justificación a mi locura, me escribo cuentos de amor.

Si soy egoísta: me arrepiento. Si soy desprendida: agradezco que con todo el dolor, te haya dado también la posibilidad de librarte de mi, de salir de arrastrándote por las ventanas de la casa.

Porque, de esto se trata el amor, no? Se trata de entregar sin pensar en el costo, de dar, regalar, ofrecer. De perder la ropa, el cabello, el orgullo, la vida; sin que te importe, sin que te pese.

Me golpeo las manos contra las paredes vacías y el vacío se me impregna en las venas y no te vas, no dejas de caer por mis pupilas.

Entonces me pongo de rodillas, mis rodillas magulladas, acostumbradas al peso de la culpa. Me doblo sin ningún sonido más que el de mi llanto. Y de rodillas le pido perdón a la imagen de nuestro pasado que se desdibuja, perdón a lo que fuiste para mi.

Perdón por haberte amado tanto, por haberte amado al punto en el que mis abrazos te dolían, por haberte amado hasta sangrar, hasta casi morir. Perdón por este amor - dolor - amor.


Pero sobretodo, perdón; porque nadie más te va a amar como yo lo hice.





1 comentario:

semkesch dijo...

Amo las letras que corren hasta el puente de tus dedos.

Te amo, siamesa.