30.6.10

delirios

Buenas noches, el circo rutina abre -otra vez- sus puertas. Por necesidad. Por pura necesidad. Bienvenido, espectador. Adelante. La primera fila es toda para usted, sola para usted. ¿Las de atrás? También. Pase, espectador. Donde guste. El show debe continuar.

Ella está lista. Se estira. Las venas sobre la piel, el corazón detenido, tu voz al centro, ovación escuchada, repetida, redimida. Salta. El acto suicida será colgarse de las alas del reloj, saltar hasta el centro de tu pecho y volver. Un altísimo riesgo, porque tu pecho siempre está cerrado, porque después de eso, nunca se puede volver. Salta.

Ha caído.

La muerte se asoma.

El fuego disimula las marcas en su piel, magia de un sombrero, un león espectando sin entender.

Ella nuevamente, una menos de seis vidas. Se cuelga de entre tus cuerdas vocales, las estira, las retuerce, las guarda cautelosa en su memoria, imprime sus huellas digitales. Desaparece.

Palmas.

Aplauda, espectador. ¿Acaso no ha entendido nada?

¿No se ha dado cuenta que es usted la principal atracción de este circo rutina?

Usted que va y viene. Y se vuelve a ir.



Y claro, regresará.

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