28.7.10

" Todo pasa". Me repetía él, mientras me abrazaba conteniendo mi cuerpo lesionado, como queriendo evitar que se me termine de ir el alma esa noche. "Todo pasa".



Mi cuerpo sigue herido y lo poco que queda de mi alma se escapa como azuzada por tornados infinitos. "Todo pasa". Me repito incansable, derramando el recuerdo de tus brazos en mi cuerpo.

Me miro al espejo refregándome los miles de errores cometidos, actos fallidos que me dejan como herencia adelantada una dramática corona. Delicada, circunda mi cabeza, reposa soberbia sobre mi frente y su compleja definición evidencia con desaliento su razón de ser.

Una lúgubre corona de espinas enmarcada en gotas de sangre rodando por mi rostro.


Todo pasa, escribo otra vez, mil veces más. Y sigo sangrando.

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