2.8.10

Bienvenidos otra vez, el circo rutina empieza aquí. Tomen asiento, espectadores. Ubíquense. Todos los lugares son buenos para el show de hoy. El evento principal de la noche espera para ser observado.

Ella desciende suave, transportada por amarras que marcan sus brazos. Impecable, el acto acaba de empezar.

Él se cubre los ojos, hace lo mismo con ella, la oscuridad hace su ingreso. A tientas camina por el escenario, se tropieza con todo lo que dejó caer. Se tropieza y se enreda en sus propios pasos.

Él, sin embargo, se muestra quieto e imperturbable, se muestra frío. No es serenidad, es completo desentendimiento. Es ausencia. El asesino está presente y le importa tan poco la presa, que no se ha dado cuenta.

De pie ante el paredón, asesino y suicida con los ojos vendados. El primer disparo, va directo a su cabeza, atraviesa su frente y la hace gemir de dolor. Suicida quiere más, la audiencia aplaude enardecida.

Asesino toma otra arma, un golpe seco la hace tiritar. La venda de sus ojos se humedece entre sangre y sudor. Ni una sola lágrima. Suicida acepta su destino, lo ha buscado, lo ha perseguido, lo encuentra delante de este paredón.

Acto final. Asesino danza, espadas arriba, pasos dulces sobre la arena. Un beso al viento y la estocada directo al corazón.


La audiencia le lanza rosas a asesino. Suicida cae sin vida.

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