24.8.10

Es inevitable culparte de lo que sea que me pase, es irremediable dirigir mi dedo acusador y mi mirada cegada por las miles de lágrimas negras que ya conoces, cuando se trata de encontrar responsables.Y eres tú, con toda la pena del mundo, eres tú el culpable de que en este momento me siente -vacía por donde se me mire- a escribir cartas que nunca leerás. Salgo a visitar a un extraño, a llevarle ofrendas a alguien que no me conoce.

Y me lamento, claro que me lamento, ¿cómo podría estar de otra manera? si tengo desde el estómago hasta la boca una eterna náusea de ansiedad que no se doblega ni se retira.

Tengo muchas cosas de qué arrepentirme, pero no puedo contarte en ellas. Cuando hablo de ti, no hablo del resto, entonces las mil opciones no me acercan a la salida.

No me queda nada más que aferrarme casi sin fuerzas a una piedad que no conoces, nada más que sacar en letras lo que corre por mis venas.

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