30.8.10

A veces

Hoy pasé por el arbusto de jazmines en el que me prometiste amor eterno, ¿recuerdas? El tiempo pasa tan rápido, la eternidad se va entre nuestros dedos como agua, las sonrisas de ayer son sólo pétalos regados por el suelo que ahora otros pisan. Los recuerdos a veces son esas sonrisas, a veces me despedazan y dejan huellas en mi piel, pisadas ajenas. A veces simplemente son recuerdos, que, claro, olvido pronto, y la vida vuelve a pasar entre mis dedos, como agua.

Te confieso, a veces el aroma del jazmín me atrapa, me hace detenerme en el tiempo, en los pocos centímetros cuadrados que hago míos por derecho, a veces una lágrima, a veces simplemente un desvarío, casi siempre, el paso acelerado para escapar de lo que pueda suceder.

Otras veces el recuerdo es una piedra, una tímida piedra que se doblega entre mis dedos y se hace barro, como pidiéndome que la amolde a mis instintos, como exigiendo espacio en mi cuerpo. A veces esa piedra eres tú y te atascas en mis zapatos y me impides avanzar. Y lloro, porque no logro entender en qué momento te volviste infierno y me quemaste. Es en esos momentos que la vida deja de pasar entre mis dedos, como agua. La vida entera se detiene, el reloj regala sorna candente, un tic tac que le hace cosquillas a mi desesperación y me encadena al tormento de saberme inundada de tu engaño.

A veces, vengo aquí a contarte las cosas que no escuchas, a hacerle trampa al tiempo detenido, a contarme cuentos para ver si así logro dormir.

Y algunas veces vienes tú y silencias todo lo pasado.

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