14.9.10

Asesino sale a la arena, palmas y rosas, el público se regocija. Suicida danza temeraria, agónica, íntegra aún en su flaqueza, danza esperando que Asesino se acerque a tocar sus bordes, sus nudillos ensangrentados.

El ruido ensordece el poco corazón que esconde Suicida. La piedra en el pecho de Asesino, no late más y tampoco engaña. Se acerca, paso firme, completo dominio de la escena, Asesino se acerca a la pobre víctima que se ha colocado fértil a sus deseos, Suicida se entrega, sus pocas fuerzas las acaba en crear un mundo perfecto para que Asesino la acabe a ella con una estocada.

El público enardece, las lágrimas brotan, la sangre empaña la arena, nacen marcas en la piel. Asesino se pasea, enorme e infinito. Suicida yace otra vez al borde del capote. Yace rodeada de las huellas que quedaron, yace en la arena que alguna vez la vio dueña de todo.

Yace y Asesino se lleva los honores.

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