24.9.10

Por esa decencia que me ha abandonado, por las ganas que se han derretido ante el sofá frío, por la inmune esperanza del mañana. Por todas esas pequeñas marcas que la gente no ve, voy a tener que olvidarme de ti.

Los cigarrillos que me quemen los dedos, no serán los mismos, no tendrán el mismo sabor, no será la misma llama la que los encienda, ni el mismo suelo en el que los aplaste. Nada a partir de ahora será lo mismo, nada me hará recordarte.

Las calles por las que rodé de tu mano, las bancas del parque, ni siquiera las mascotas que no me conocerán, nada podrá mencionar tu nombre. Estás prohibido.

Mis piernas, en las que te enredaste muchas noches, los brazos que suavemente te aprisionaban. La cama en la que nunca dejaste que llegue el amanecer, no volverán a ser los mismos. No podrán ser más de ti, de tu recuerdo.

El títere rojo que salta en mi pecho, adentro, tendrá que ser cambiado por algo que no puedas manejar.

Por algo que no tenga memoria de ti, por algo que me deje caminar en paz.

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