26.11.10

Sus círculos me entierran. Deliciosas vueltas que terminan por sacar lo peor de mí. Vómito dominical en los lunes madrugados, perdidos. Todos los días son lunes en esta casa desde que el se apareció.

He intentado reclamarle, sujetándolo por la solapa -devuelve lo que es mío- gritaba, yo, desesperada. Pero sus manos eran fuertes y mi corazón es de papel, terminó por arrugarme entera y dejarme otra vez sola, como al principio.

Mi sueño se escapará esta noche porque el miedo me tiene despierta, las escaleras me sujetaron mientras subía y no caí. Pero, ¿si lo intenta de nuevo?

Tendré que estar alerta, ojos abiertos, manos abiertas, cabellos erizados, piel en carne viva, cuchillo en la mano.

No, no para ti, forastero. Para mí misma y mi estúpida manía de darte la bienvenida.

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