23.3.11

Ramita

Que fuiste un cielo lila en agosto 
hace ya tantos años 
y era de noche. 



Y nos gustaba pasear contándonos historias que nos hacían llorar y no lográbamos disimular y estaba bien, porque así entendíamos que esas eran las historias que no se tenían que volver a repetir.

Me tomabas entre tus manos enormes y me hacías líquido, llanto de ángeles, lluvia de otoño. Me hacías una lágrima, pero de felicidad, de esas que caen aún ahora en las noches en las que me haces reír tanto y no dejas de mirarme a los ojos y me dices algún piropo, uno de verdad. Así como ahora mismo, una de las lágrimas que ahora están quitándome todo el maquillaje que me tapa las marcas del insomnio entre tus brazos.

Yo tengo tantas cosas por las que maldecir, renegar y romper vasos de cristal contra las paredes. A mí que me han golpeado, me han lastimado y me han vencido, que me han pasado esas desgracias que sólo tú y nadie más que tú sabes. A mí, sinceramente, no me importa nada cuando estoy de tu mano. 

Soy poderosa y soy un niño chiquito con un globo enorme lleno de helio que casi lo eleva, soy superior y soy un perrito que menea la cola desesperado al ver a su amo. De tu mano, yo no tengo ninguna marca. Soy pura, limpia, nueva. Soy la versión de mí que más me gusta.

Me pierdo en tus líneas interminables, en el delicadísimo transpirar de sus grietas, me ahogo. Feliz.

Así quiero estar. Perdida en el sonido de tu voz, suave cuando me cantas una canción cuando no puedo dormir, fuerte cuando quieres romper las murallas de la depresión o de la incertidumbre o del egoísmo o del dolor. Adormecida en tu pecho, rítmico y cálido cuando me tocas la cabeza hacia él con fuerza, infinito cuando tienes que encerrar el dolor, hermoso cuando se llena de ese amor que conozco bien. En tus manos de músico, en tus suaves y hermosas manos que arreglan todo lo que tocan; desde instrumentos  hasta almas desechas. Tus manos que no sólo construyen casas, sino también paraísos y castillos donde me haces creer que yo soy la princesa de tu cuento.

Y a veces, sólo a veces, no puedo dormir por miedo a que tú despiertes. 

No hay comentarios: