27.4.11

"Arrojabas las piedras contra mi cuerpo
y yo me mantuve en mi sitio
feroz (...)"
Rosella di Paolo - Piedras



Me arrojabas piedras, me molías el alma, me estrujabas y yo seguía ahí. Seguía porque estaba convencida de que todo lo que había leído era verdad y toda la verdad venía de tus ojos marrones.

Debí tomar mis cuatro cosas e irme. Tinta lila, cuaderno gastado, violín y mis mentiras e irme a casa. A cualquier lugar que lejos de ti, se convierta en mi casa.

Pero eran tus piedras, era sólo mi cuerpo. Y yo prefería sentir el dolor que no sentir nada, prefería que me duelas en todo el cuerpo a escuchar los pasos vacíos de mi corazón. 

No debí, sinceramente, no debí. Me arrepiento, me muerdo las manos insomnes, me arranco los cabellos en fuego por la culpa, me lamento, pero es tarde. Pudiste arrojarme abismos, selvas oscuras, barcos en llamas, pero sólo tenías piedras, y sirvieron de tanto, me dejaste policontusa del amor, llena de hematomas en el alma y la dignidad... olvidada entre tus mares.

Una piedra lleva tus huellas digitales, y yo me quedé con el sello de tu daño en las entrañas. Me guardé sigilosa tus  movimientos y las voces que inventabas, memoricé tus sonidos y tus caricias para olvidarme de ti, me voy marcada, tu huella digital está en mi mente para no dejarte regresar.

Te olvido porque nada de lo tuyo era amor y hacia allá me voy. Llevo tu recuerdo porque no llegaré con las manos vacías a la casa del amor, la esperanza la recuperé y la puse en el lugar del odio, lo que eres no volverá a dolerme, lo que me queda, es sólo para saber que fui más que tus piedras.

Hay gozo en la casa del amor, así cuentan, y música.

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