18.4.11

- "Tengo miedo de que pronto nadie se acuerde de mí, de pasar desapercibido, de ser sólo una moda."

No me lo dijo mirándome a los ojos, pero al ver sus lágrimas, supe que era miedo real, palpable. Quise estar cerca para abrazarlo, pero yo también tenía miedo. Contrario a él, yo tenía miedo de que se haga permanente, tenía miedo de no poder dejar de pensarlo.

Días antes había expuesto dulce y salvajemente su necesidad de pasearse por mi cuerpo. Yo había accedido sólo por el color que tomaban sus labios cuando él les pasaba la lengua por encima. Estaba condenada a desearlo después de ver el espectáculo de sus manos despeinándose al hablar de todo lo que me haría.

Sin embargo, su miedo se justificaba con el paso de los días. Su pena era perfectamente entendible cuando mirabas su reflejo en el espejo. 

Cuando más cerca estuvimos fue cuando más rápido desapareció. Lo vi antes enredándose en otros cuerpos y le sonreí. Y después de eso, no lo vi nunca más.

De vez en cuando lo recuerdo y otra vez sonrío. Hay a quienes el veneno no les hace efecto, están embebidos de su propia necesidad, son el antídoto.

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