4.5.11

Sus dedos empezaron a recorrer mi espalda de arriba a abajo, los detuvo en el medio y me susurró al oído lo mucho que le gustaba ese lugar, cuanto disfrutaba hundir sus dedos en mi espalda y seguir el camino marcado por mis huesos. Inmediatamente después, me besó.

Era fácil perderse en el aliento dulce de sus labios, el vino se había quedado entre sus comisuras y yo estaba nadando en el mar de mi deseo. 

Mi necesidad siempre estaba reflejada en su nombre, cada paso era en falso cuando era hacia él, estaba perdida y no había salida más allá de su cuerpo. Mi felicidad era estar perdida en él. 

Disfrutábamos cada segundo, uno junto al otro, explosiones constantes, armonías repitentes y ensordecedoras, gritos de placer y las marcas de mis uñas en su espalda.



No me pregunten si que quiero volver, porque hasta el día de hoy no sé si he logrado escapar. 





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