26.9.11

No te robes mis palabras

De pronto tus conversaciones son las mías. Me sonríes con mis gestos y tus manos se mueven siguiendo el ritmo de mis manos. Y yo caigo, caigo porque estás convenciéndome de muchas cosas; de que puedes ser, de que quieres ser, de que eres.

Tú no eres tú, eres una parte de mí que he dejado caer en tu tierra y ha germinado, ha florecido y ahora derrama un perfume hipnotizador. No eres sólo tú, eres gran parte de lo que yo quiero que seas. Y me gusta.

Me hablas usando mis palabras, preguntas mis dudas y respondes mis certezas. No soy yo, sin embargo tampoco eres tú, es la misma historia de muchas otras veces, con algún elemento agregado que me seduce cuando intento caer en la realidad y me regresa a tu sitio, al mismo sitio en el que te dejo ser, te dejo poner tu cuerpo sobre el mío, te dejo creer que tú eres tú y no parte de mí.

Y cuando estoy sumamente dentro, siento como logras ahogarme, como logras poner tus manos en mi cuello y presionas firmemente sin compasión. Cuando estoy en ti, siento como toda mi fantasía se transforma en tuya, siento como eres capaz de quitarme el aire y moverme a la desesperación.

Superficie. Salvavidas. Carne de prueba. 

Lágrimas encapsuladas en palabras que ni yo sé de dónde salen, pero están aquí, frente a mí que las espero siempre y frente a ti que no entiendes nada.

Vuelo. Caída libre. Fantasma que regresa.

Tiempo perdido y recuperado, fuego abierto, cuerpos rodando sobre la placenterísima cama de la imaginación.

Allá vamos, mil quinientas veces más.


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