15.1.12

Es una madrugada de jueves. Es el dos mil siete y estoy cansada, no duermo desde hace más de dos meses, ni con pastillas, ni con infusiones relajantes, ni con inciensos de la india, ni con nada. Algo me falta y está lejos y es lo único que necesito.

Mi habitación es un inmenso cenicero, hay colillas regadas por cada esquina, colillas colgadas en las ventanas, cayendo de la tina, bailando entre la ropa y enredadas en mi cabello.

El teléfono está al lado de mi cama, al lado de mi cama hay también un vaso con agua, encendedor y cigarrillos, un cuaderno y un lapicero. Paso la mayor parte del tiempo rodando con amigos imaginarios en la red, realmente quisiera dormir, mi visión es borrosa y mi estómago hace sonidos desgarradores, me duele la espalda y me tiemblan las manos.

Es jueves, he pasado toda la madrugada sentada en la cama mirando la pared, de afuera se escucha el ruido de dos gatos callejeros, se escucha su danza sexual, mortal. Quiero estar lejos, en un lugar cálido, quiero que sea de noche, taparme hasta la cabeza y dormir.
En un par de horas tengo que salir de la cama y meterme a la ducha, inyectarme en el cuerpo más cafeína de la que pueda soportar y llegar a la oficina a sonreír durante once horas seguidas.

Y ahí también voy a pensar en ti.

Y voy a ver tus fotos y voy a correr al baño a encerrarme y llorar y retocarme el maquillaje y volver a salir. Para volver a llegar por la noche a la casa llena de cigarrillos colgando, llena de tu ropa que no tiene ya casi nada de tu aroma, llena de mis ganas de dormir, dormir contigo, dormir a tu lado.




2 comentarios:

Luis dijo...

wau...muy bueno

Augustine dijo...

Adoré.