28.3.12

Otra vez esa costumbre tuya de incendiar los cuadros bellos, de desordenar las flores y de golpearte contra las paredes. Otra vez, Eme, esa costumbre de desahuciar al reloj y olvidarte de tu vida en madrugadas.

Eso a lo que llamas fiebre de amor, son los efectos felices de una droga que no es pasajera ni dañina, como estás acostumbrada; por el contrario, es diferente a todas las cosas que has pasado antes.

Créeme, no es necesario un antídoto, no tienes que buscar un remedio para esto a lo que llamas un mal, no lo es, no es una enfermedad, no estás padeciendo, estás viviendo y no sabes aún cómo hacerlo, pero poco a poco lo entenderás. No lo hagas, no busques el antídoto.

Y menos aún si el antídoto es el veneno de antes.

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