6.6.12

Charming man

Eran noches azules. Abrazada a su pecho, Eme podía entender el ritmo de sus latidos. Él dormía plácidamente después de pasearse por su cuerpo. Ella lo miraba atenta, tratando de memorizar todos sus gestos, contando sus cabellos, respirando su aire. 

Fueron noches fugaces en las que sus ansias se encontraban para formar un camino que ninguno de los dos debía andar. Música fuerte y humo color verde los rodeaba de manera constante. Él hablaba, ella escuchaba y respondía lo necesario. Lo observaba, lo entendía. La oscuridad de su departamente color rojo y el orden maniático que contrastaba radicalmente con todas sus otras costumbres, era el punto de encuentro perfecto para la unión. 

Mientras él dormía, ella susurraba mensajes en su piel, le pedía que retroceda, le pedía, entre lágrimas a veces, que de el paso que los separe, que de una vez por todas termine el juego terrible en el que estaban sumidos, pero que no la olvide, que no la saque tan fácilmente de su recuerdo.

Y el desenlace llegó al cuento en el que él era el príncipe anhelado desde siempre y Eme era una Cenicienta sin zapato de cristal, así entonces, él volvió a su reino, en el que desposó a una princesa de verdad y para olvidarse de Cenicienta, le prohibió el ingreso a su reino, que estaba en todos lados.

De vez en cuando Eme abre el cofre en el que guarda un pedazo de su cabello y su perfume y dibuja sobre las fotos que se tomaron juntos cuando las noches eran azules.

Colorín colorado, este cuento ha terminado.


...Por hoy.

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