22.7.12

Tantas primeras veces:

I

La primera vez que te vi, estabas a un piso de distancia de mí. Te miré desde abajo y eso marcó toda nuestra vida juntos. Yo mirándote desde abajo, tú siempre superior y absoluto. La primera vez que te vi, estábamos en un concierto y tú me dedicaste una canción desde tu ubicación, mientras yo lloraba porque sentía que era un enorme gesto de amor. No nos tocamos, no nos besamos, no pude sentir tus manos ni escuchar tu voz directamente. Pero te vi, te vi mirándome, pendiente de mí durante el tiempo que duró el concierto, como si fuera yo la artista principal y tú la audiencia fiel.




II 
La primera vez que te vi, me abrazaste como si me conocieras de toda la vida. Como si me hubieras estado esperando. Era yo un viajero que regresaba a casa. Tú eras mi casa, eras la calidez, la perfección, la comodidad absoluta. La primera vez que te vi, me sentaste a tu lado y me contaste toda tu vida mientras hacías salud con el brazo arriba, me contabas secretos mirándome a los ojos y me hacías bromas con toda la confianza. Me pusiste un sobrenombre y me llamaste así durante toda la noche. Como si me conocieras de toda la vida, la primera vez que te vi, fui tu cómplice, tu mano derecha, tu almohada y tu vaso lleno. 



III
La primera vez que te vi, cruzaste sin fijarte por mi lado después de que uno de tus amigos se me acercara a preguntar mi nombre. Estábamos absolutamente drogados como para recordar, pero yo recuerdo, porque eras tú, porque olvidarme de algo que venga de ti sería olvidarme de mí misma. La primera vez que te vi, sabía que serías tú quien acabaría conmigo y tú no sabías si quiera en dónde estabas. Después de lidiar con galanes de medio pelo, logré acercarme a ti, te hice la clásica pregunta musical y me enamoré de ti. Esa noche sentí tus besos, tus manos, tu cuerpo. Nos olvidamos de todo para hacer espacio para todo lo que nos contamos; reímos a carcajadas y lloramos en silencio entre la bulla despreciable y el olor a cuerpos y a alcohol. La primera vez que te vi, me enredé contigo en cuerpo y alma y no me arrepiento.



IV
La primera vez que te vi, no había cumplido los cinco años y tú a pesar de ser mayor que yo, eras bastante más pequeño y reservado. Te golpeé la cabeza con un adorno de vidrio y lo rompí y lloré al verte sangrar y tú te limpiaste la sangre y aguantando el llanto me dijiste que no te dolió, te toqué la cabeza para ver si era sangre de verdad e hiciste un gesto, pero seguiste aguantando el dolor. "Ves? no me duele" dijiste. Y yo reí, te reté a probar tu propia sangre y antes lo hice yo para probar mi valentía. Desde entonces nuestras sangres son una sola. La primera vez que te vi, probé de ti y tú aguantaste el llanto para hacer que yo deje de llorar.



V
La primera vez que te vi, era un terrible día de sol en Lima. Yo tenía los rulos largos hasta la cintura y traía a cuestas historias que me hiciste olvidar. Nos cruzó tu impertinencia, mi lentitud y un cigarrillo. Dejé que me envolvieras en besos ante un paisaje de palomas e iglesias. Dejé que mis cabellos se enredaran en tus dedos y que disfrutaras dibujando con tinta lila en mi cuaderno rojo. Esa tarde dejé intencionalmente mi teléfono sobre la mesa de la sala, para evitar esa llamada que estuve esperando por tanto tiempo. Lo dejé a él y te encontré a ti. La primera vez que te vi, prometiste que volverías cuando yo lo pida y así fue, al menos por un tiempo. 




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