3.8.12

Quisiera no tener que abrir los ojos y no verte; 
no tener que abrir los ojos, entonces quisiera. 


Las noches largas son la transición entre estar a solas contigo y estar a medias en esta cama blanca. Las excusas con las que te vas y dejas solo el perfume en la almohada son cada vez más increíbles, impresentables: Que si ese reloj no avanza si no es contigo, que si sus manos se quiebran en espejos, que si la luna potencializa las emociones.

Yo podría seguir escuchándote. Me gusta perderme en tu voz, me distrae tanto de la suya. Y su melodía  es absorbente, sexual, rítmica, de algunas palabras asesinadas a la mitad por las que siguen, diciendo muchas cosas que quizás no asimilo y sin embargo te miro y te escucho. Te miro recostado sobre tu espalda poniendo los ojos arriba y las manos arriba y a veces la voz tan arriba que retumba en mi pecho y tengo miedo y quiero huír, quiero irme de tu lado antes de aferrarme tanto que no pueda nunca más volver a ser yo o yo, sin ti.

Tu nombre significa agua y yo estoy ahogándome. Tu nombre significa agua y no puedo evitar que te me escurras de los dedos, que te vayas vibrante e insensible a juntarte con un río cualquiera, con agua cualquiera, con cualquier líquido que no me pertenezca.

Pero es simplemente una de esas noches en las que vienes con prisa, me impregnas de tu aroma, me robas un cigarro y la prisa te lleva de regreso a ese lugar en el que estás lejos de mí, por lo tanto, me toca arroparme fuerte, juntar tus colillas y tus besos y hacer mi día lleno de recuerdos adelantándome a una de esas noches largas.


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