5.9.12

Siempre dije que contigo las casualidades no existen. Todos nuestros encuentros han sido programados por mi calculadora esperanza de que puedas ver el viento en mi cabello y te enamores de mí. Calculadora y estúpida esperanza, porque tú eres de algún material que no se mueve por dentro, de cualquier cosa menos humano y no por no enamorarte de mí, de mis ojos que podrían mirarte durante toda la noche, de mis manos que podrían sostener las cenizas de tus cigarrillos, de mis pechos que se han conservado infantiles para hacer su guarida en tus dedos, por nada de eso, sino por no tener al menos la delicadeza de enternecerte con todo lo que ofrezco. 

No me escapo a la posibilidad de que el destino se resista a mis intenciones, voy detrás del fuego, pisándole los talones al demonio y tú ni siquiera te das cuenta, tú eres lo que busco y quizás por eso no te encuentro, porque no sé ni para qué invierto tiempo y emociones si a veces rompo los cuadros de la casa pensando en que ya no quiero saber nada de ti. Pensando en que no quiero pensar en ti. Y no lo hago, salvo cuando sangran mis nudillos empapados de vidrios rotos, de cuadros que pintamos en el pasado. Vicioso círculo que me marea y me hace doblarme en mis rodillas y vomitar oraciones para despedirme del vacío.

Pero así eres tú y yo estoy acostumbrada, eres agua de mar que se escapa entre mis dedos dejando su estela salada en mis huellas digitales. 

Te busco, déjame encontrarte.



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