14.12.12

Eres como esos juguetitos que los lanzan y regresan y los lanzan y regresan otra vez y la única gracia es que regresen cada vez que son lanzados. Por lo demás, están ahí, quietos, inertes, absurdos. Si no los lanzas, no tienen atractivo y mientras más lejos los lances, más rápido regresarán. Así eres tú. 

Y yo he sido la tonta que se encontró el juguetito y le gustaba tanto lanzarlo como tenerlo de regreso. Y lo lanzaba lejos, a días de distancia, lo lanzaba con fuerza, con odio, con desprecio, con ganas de que no regrese, aún sabiendo que regresaría, y regresaba.

Pero parece que el juguetito está arruinado, perdió su única cualidad, no regresa más, lo lanzo y cae por cualquier lugar lejos de mí y tengo que ir hasta ahí a buscarlo, no regresa más, ya no funciona.

Tendré que empezar a controlar mis ganas y a dejar de ponerles alma a los juguetes y espíritu de juguetes a los cuerpos de hombre.


En algún momento tendré que empezar.

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