2.12.12


La sonrisa que me regalaste el primer día que te vi era
 el augurio antagónico de la realidad que nos golpeó de pronto.
Lo supe desde ese momento, 
supe que me envolverías en incontrolables nudos,
 supe que me esconderías de la luz
 y que soplarías al viento tus promesas.
 Desde que te vi la primera vez, supe que
 iba yo a perderme en esa sonrisa que
 entregabas incluso después de lastimarme.


Asesino ha vuelto a la arena. Pasea sus suelas arrogantes por el coloso, frente en alto, mirada fija. Todo él es altivez y soberbia. Se sabe vencedor. Asesino siempre fue el ganador, aun desde antes que la bestia se declare suicida y se entregue a sus estocadas.

Soy la presa y el público enardecido aplaude por ver mi sangre. Soy una presa suicida, me entregaré por el placer de ver la danza de mi Asesino, porque, tengo que admitir que si de algo gozo es de su presencia. Gozo al ver mi sangre en sus banderillas, goteando la culpa que no quiero cargar más.

La Media Veronica distrae mis pensamientos y todavía no estoy en el ruedo. Puedo cornearle el costado, esta es mi oportunidad, puedo huir a las banquillas y golpear a todos esos que lanzan rosas rojas como arengas y huir. Puedo rogar hasta que la tierra se parta en dos y me trague, me ayude a huir.


Tengo que esperar antes de dar un paso, ha pasado mucho tiempo desde esa primera vez.


No se sabe quién morirá esta tarde.


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