6.12.12

Piedra

Era hermoso ver tus cabellos claritos brillando bajo el sol, ver tus ojos vivaces y demoledores mirándome fijo con ese resplandor rojo que algunos días te acompañaba. 

Sentir tus manos suaves y firmes paseándose por mi piel, erizándola, rompiendo la sensatez que a veces, solo a veces alcanzaba para impedirte que te acerques a mí.

No sé con qué ánimos recordar el día que viniste a mí, que me perseguiste por las escaleras, que me hiciste preguntas que respondías tú solo. Lo recuerdo claramente, pero no sé qué sentir. Me pierdo entre las nubes de otros recuerdos que formaste después. Después de dejar tu huella en mi ventana y ofrendarme ojos ajenos "para que me cuiden". 

No sé qué sentir cuando me acuerdo de ti sentado al pie de mi puerta, temblando de miedo, hablando con una estatua y contándole de mí. 

No sé con qué ánimos recordar tus manos apretándome fuerte, tus ojos -que siempre fueron dulces- mirándome agresivos, tu boquita rosada liberando charcos de odio.

Me lleno de lágrimas porque te extraño, porque pienso en ti, porque a veces solo cierro los ojos y vuelvo a ver tus gestos tiernos, tus labios dóciles, tus manos tibias; porque me arranca la piel abrirlos y ver que fuiste siempre un lobo vestido de cordero y que yo soy una presa suicida que necesita ofrendar su propia sangre para sobrevivir.

Te extraño, te temo. Temo extrañarte tanto que no pueda soportarlo.

Te tengo cerca y tengo miedo.


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