25.2.13

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La esencia de mi vida se puede resumir en alinear los lunares de tu espalda mientras duermes. Te miro dormir y esa es mi escena favorita. Te escucho respirar  y la música pierde sentido junto al ritmo de tu corazón.

Hay un compás en mi centro que lo marca tu vigorosidad cuando estás en mí. Tus piernas torneadas y afelpadas son los cimientos perfectos para construir sueños en la nube más alta. Pierdo mis dedos en tu abdomen segmentado, cada espacio simétrico es un perfecto laberinto de juegos de niños en el que paseo una y otra vez, y siempre llego a la salida, que es la entrada, nuevamente.

Abrazo tus brazos de hombre fuerte, de hombre grande que a pesar de los años que te debo, mantienen la fuerza de un tritón terrenal, alguien tuvo que forjarte y dibujar especialmente cada vena marcada por demás en tu antebrazo, jugamos a que me aprisionas en ellos y yo quiero realmente deshacerme, quiero ser líquido que se funda con tu sudor, quiero ser moléculas en ti, en tus poros, entrar en tu cuerpo físico y llegar a tu alma, pero no lo logro y sigo alucinando mientras pierdo intencionalmente en nuestro juego.

Un hormigueo incandescente recorre mi cuello, amo el ardor que deja tu barba y te he dicho antes que no me gustan las barbas pero no puedo resistirme a ti. Y tú eres en conjunto la perfección que se duerme al lado derecho de mi cama, para que yo te pueda mirar, para que pueda alinear los lunares de tu espalda y pueda venir a escribir esta tonta ofrenda de mi vida sometida a tu cuerpo.

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