11.3.13

Ciérrame los ojos

Es de madrugada y sigues mirándome fijamente mientras preparo otra taza de café, cigarrillo en mano. Te molesta que fume y sin embargo, me miras como si todo en mí fuera perfecto. 

Desde donde estás repites frases demasiado edulcoradas que me hacen reír por lo cursi que suenas, y no te avergüenzas, sonrío mirándote y tú no puedes quitar tus ojos de mi cuerpo, paseas por cada curva y por cada rincón sin siquiera tocarme y yo disfruto el hecho que me desees tanto y lo repitas, y no te avergüences.

Jugamos a no acercarnos, a electrizar nuestros cuerpos sin tocarnos, juego a mostrarte más de mí, levanto lentamente mi vestido haciéndolo parecer un accidente y puedo ver que caes en mis redes, respondes instintivamente y quiero saltar sobre ti, pero prefiero esperar hasta que tú no aguantes más.

Mientras me miras y me repites todas esas frases llenas de miel insoportable y paseas tu mano desde tu boca hacia tu frente, llevándola luego a hacer presión suavemente en tus hombros como tratando de quitar esa tensión que tu cuerpo genera al tener que esperar por mí, pienso en todo el tiempo que pasó, te miro entregándote a mis redes sabiendo que vas a perder, pienso en por qué después de todo sigues viniendo a mi casa cada noche a pasar por la misma tortura de alimentar mi ego hambriento contigo y al sentirme llena, te desprecie y te cierre la puerta en la cara, todo con una sonrisa y otra vez levantando un poco mi vestido.

Nos miramos, no sé qué piensas tú, pero yo pienso en ella y mi sonrisa se deforma porque aun cuando me jures que piensas en mí mientras estás dentro de ella, estás en ella y no en mí, y por más que sea yo la que quiere solamente jugar con tu disposición, siento que algo no encaja en este juego tonto.

Entonces quiero retroceder, desdecir todas estas noches, regalarte un buen recuerdo y dejarte partir, y lo haría para que no tengas que pasar siempre por el mismo túnel de fuego sin recompensa alguna, pero si lo hago, perdería una rama de este árbol que me sujeta a la fantasía de quererme un poquito al menos y de pensar que estoy bien y que alguien me desea.

Nos miramos, pero, mira, no vemos nada a través de nosotros. Y es mejor así.



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