21.3.13

Hace casi dos meses, estábamos uno frente al otro, los ojos fijos, las manos enredadas, las piernas cruzadas. Estábamos juntos en la misma cama y habíamos dejado que el amor se apodere de nuestros cuerpos y que el sudor marque el camino de las yemas de nuestros dedos. 
Hace casi sesenta días, hiciste el desayuno, dibujaste una flor en mi servilleta y lo llevaste a la cama. Pasaste los dedos por mi cabello negro, enredado y susurraste en francés una canción que me despertó. Sonreí avergonzada y tu torso desnudo brillaba al borde de la ventana, por donde entraba el sol a fuego vivo.

Tostadas y jugo, café, cigarrillos. Parecíamos salidos de una historia de amor americana, nada más lejos de nuestra verdad. Estaba acompañada por tu mirada, me perdía en la senda marrón oscura que marcaban tus ojos y siempre estabas del lado del sol, como para perturbarme más. 

Los cigarrillos parecían nubes en tu boca, el humo formaba imágenes maravillosas en las que quería hacer estos cuentos para que no acaben nunca, pero era solo humo, era solo un día entre tantos, hace casi sesenta días hicimos el amor y desde ahí te extraño.

Pasamos el día en casa y por la noche salimos a recorrer la avenida. "Ten sexo cuando quieras, pero haz el amor en verano" dijiste, y yo sonreí porque el calor era infernal y tú te irías en unas horas y después de hacer el amor, las partidas no duelen, desgarran.

Hace casi dos meses estuviste en esta cama, fumaste al borde de la ventana grande del cuarto, de cara al sol, hiciste el desayuno desordenado y veloz, me despertaste con una canción en francés, pasando tus dedos por mi cabello y dejamos que el amor nos golpee el cuerpo hasta llorar, hasta sudar.


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