12.7.13

Yo te he inventado II

La línea entre querer y necesitar es demasiado delgada, casi imperceptible, escurridiza. Mis líneas son surcos de un laberinto en espiral que sube y baja, que va y viene, que se enreda en mis pies y me confunde intencionalmente.

Te quise y te necesité y me abracé a ti como lo hacen los niños al despedirse de sus padres antes de su primer día de clases, te mordí los labios desesperada tratando de probar tu sangre y dejar mi huella, endulcé mi sexo para que me quieras y me necesites, para que nadie sea mejor que yo. Imprimí el recuerdo de mis ojos mirándote fijo y empapelé tu casa imaginariamente, y tú me veías en todos lados, me querías.

Puedo decir que alguna vez me necesitaste, que incendiaste tus madrugadas solo por estar cerca a mí, que vendiste sueños e inventaste flores de papel para hacerme reír. Y yo te quería, te necesitaba, necesitaba estar cerca a ti, sentir tu cuerpo temblando al acercarse a mí. Aunque si soy sincera, necesitaba que me quieras y que me necesites. Pudiste haber sido otro: un niño ciego, un anciano abandonado, un perro en la lluvia, pudiste haber sido quien quiera que seas, yo necesitaba a alguien que me quiera, quería que me necesiten.

Y ahora que no quiero nada, que no necesito nada, regresas, y me duele el corazón al dejarte ir, y te atrapo nuevamente, te enmelo las pestañas y te cuento cuentos. Te digo que sí y quiero decir no, te digo que no y no quiero decir nada, no te digo nada y quiero pedirte que por favor, por favor, no me quieras esta vez. 




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