6.8.13

La medicina hace un intento desesperado por devolverme a la realidad y también falla. Tengo ganas de salir, sentir el frío en el cuerpo, prender un cigarrillo y aspirar la colilla hasta quemarme los labios. Tengo pocas ganas de hacer algo, debería aprovechar esos instintos pero mis pensamientos siempre pueden más.

Estoy pensando en ti. 

Busco respuestas mientras hablo contigo en mi mente, todo es más fácil así, siempre lo fue. En mi cabeza respondes con parlamentos que me dejan bien, te respondo yo y soy elocuente, inteligente, soy directa y sensata, no me voy con rodeos, no redundo, no salto por las ramas y tú preguntas, me hablas, me dices las cosas que piensas, tus dudas, en mi mente todo sale mejor. Al menos sale, porque tú y yo no volveremos a hablar nunca.

Cuando está oscuro cierro los ojos, luego los abro porque tengo miedo, luego los vuelvo a cerrar. La oscuridad me enseña imágenes que no quiero ver, el silencio me trae sonidos que no quiero escuchar y las conversaciones en mi cabeza nunca se acaban.

Escribo bajo los efectos de un calmante que no me calma y que no me deja dormir. Antes soñaba con comida, cuartos llenos de comida que no quería comer jamás. Después, empecé a soñar con mi muerte: Veía rostros conocidos y desconocidos llorando por mí en mi velorio. Ahora sueño con sexo. Le hago el amor a muchos hombres que nunca meteré en mi cama, despierto cansada y con sentimiento de culpa, despierto pensando que debería dormir al menos una hora más. Nunca llego a las cinco horas de sueño, mis ojeras me delatan y mi mal humor, también.

Nunca he soñado contigo. ¿Te acuerdas de esa vez soñaste conmigo? Según tu historia, era todo muy romántico-sexual-romántico. Yo creí que eran artimañas para engatusarme pero pensé que te subestimaba y me retracté en silencio.

En mis sueños también lloro y despierto angustiada. Todos los días despierto angustiada, ¿a qué le tengo tanto miedo? Lo peor es que sé la respuesta.

Si la medicina no hace efecto, quisiera saber qué lo hará. Me pasan de una especialidad a otra, de una marca a otra, de un doctor a otro y nadie sabe nada.

Soy el poder de mi mente, soy yo la que mueve cosas, las detiene, las cambia. Sé de ti antes de que llegues, sé quién eres en el teléfono antes de que llames, sé lo que no dices, hasta lo que no quiero saber.

Soy el miedo, tu miedo, el tiempo que perdiste y el ego elevado que te llevaste, soy y estoy.

Estoy despierta y la angustia llega siempre antes de lo esperado.

No hay comentarios: